Luis de la Corte Ibáñez
LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ es profesor titular de la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Psicología. Actualmente es miembro del Consejo de Dirección del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM.
Inquisiciones
Un historiador con duende
Contra lo que pudiera sugerir la reciente insistencia de gran parte de nuestra izquierda en recuperar la “memoria histórica” de la guerra civil (más bien una sola parte de aquélla), cualquier español dotado de una mínima curiosidad cultural sabe que el conocimiento histórico viene siendo cultivado en nuestro país desde hace décadas, con profusión de publicaciones y con una competencia ampliamente acreditada. Dejando a un lado una amplia nómina de excelentes hispanistas extranjeros, la salud de la historiografía en España puede comprobarse con una simple ronda en torno a algunas librerías de cualquiera de nuestras ciudades, donde se suceden y amontonan los más diversos textos de historia, sobre todo historia nacional. Aunque entremezclados con autores de calidad menor o dudosa y profesionales o empresarios del best seller y la novela “histórica”, no son pocos los historiadores académicos españoles que, además de investigar con denuedo, han adquirido la sana costumbre de trasladar sus conocimientos a libros serios pero igualmente accesibles al gran público, e incluso a artículos de prensa. Como meros ejemplos de ello podrían citarse aquí nombres como los de Manuel Fernández Álvarez, Juan Pablo Fusi, José Varela Ortega, Santos Juliá, Ferrán Gallego o Ricardo García Cárcel, entre otros. Otro nombre a añadir sería el del historiador bilbaíno Fernando García de Cortázar al que, por fin, y tras una dilatada trayectoria académica y de éxitos editoriales, le fue concedido en 2008 el Premio Nacional de Historia.
Ahora bien, sin riesgo de subestimar las aportaciones de otros historiadores con amplio público, de Fernando García de Cortázar cabría hablar como un caso relativamente distinto y original. Esa originalidad se revela en todos sus libros, siempre muy bien escritos, aunque particularmente en varios de los textos publicados durante los últimos años: Los mitos de la historia de España, Los perdedores de la historia de España o Historia de España desde el Arte, causa éste último del galardón nacional ya mentado. En una reseña de hace pocas semanas, su colega Ricardo García Cárcel perfilaba la obra de García de Cortázar apelando a tres rasgos esenciales y permanentes en todas sus obras, a saber: la asunción y defensa del concepto de España (con un talante liberal y progresista negado por quienes no le han leído) y, respectivamente, su atención sostenida a los aspectos geográficos y culturales, de los que García de Cortázar ha sabido extraer no pocas claves explicativas de los sucesos por él estudiados. Esto queda claro al visitar sus obras. No obstante, además de los anteriores rasgos, para escribir libros como los últimos citados hace falta estar dotado de una especial sensibilidad artística y literaria a la que no se llega por el mero esfuerzo erudito, a la que pocos historiadores llegan.
Para comprobar lo dicho puede acudirse al último libro de García de Cortázar, Breve historia de la cultura en España, recién editado por Planeta a finales del pasado año. La aproximación ensayada para abordar el tema anunciado en el título no puede ser, otra vez, más original. El historiador adopta un papel que recuerda una figura literaria que tantas páginas hermosas ha brindado a las letras españolas, la del escritor viajero, como el protagonista de las Notas de andar y ver bellamente pespunteadas por Ortega o el vagabundo de los libros de viajes de Cela. Cito estos dos ejemplos como podría añadirse los textos sobre paisajes tan queridos por los autores del 98. Es decir, los cito por la calidad de página y estilo que comparten con no pocos pasajes del libro que ahora comento, algunos de ellos a medio camino entre la crónica y la evocación poética. En este caso, el escritor itinerante recorre la piel de toro con el propósito de reconstruir la génesis y la evolución de la cultura española a través de sus distintas épocas, desde la Edad Media hasta el tiempo presente. Para ello García de Cortázar traza, recorre y glosa un itinerario histórico y estético que incluye a dieciocho urbes españolas, más la ciudad de México. Este peculiar enfoque da pie a revivir la identidad cultural de las ciudades españolas tal y como ha ido quedado forjada y conservada en sus calles, edificios y monumentos, en la pintura y en la música de sus artistas, en la imaginación de sus escritores y en las aportaciones de sus pensadores y científicos. Con ese criterio y propósito se va recorriendo y gozando los tesoros artísticos de Santiago de Compostela, Córdoba y Toledo, Trujillo, Plascencia y Canarias, escogidas para ilustrar el legado artístico (islámico, judío y cristiano) del medioevo y el tránsito cultural al Nuevo Mundo; Granada, Salamanca, Ávila, Sevilla, Zaragoza y la ciudad de México, que vienen a simbolizar la época de los Austrias; Cádiz, Madrid o Gijón, urbes traspasadas por el impulso de la Ilustración; Málaga, Santander o Mallorca, dignas evocaciones de la cultura española durante el siglo XIX; Bilbao y Barcelona, como motores de la transformación y renovación de nuestras ciudades durante el siglo pasado; o finalmente Valencia, a la que se describe como emblema del avance español hacia el segundo milenio. Al ir acabando estos recorridos, exhausto de reminiscencias fascinantes, enriquecido por tantas evocaciones hermosas, el lector puede entender mejor el sentido de unos versos de Lope de Vega citados por el autor al comenzar sus apuntes:
¡Oh, patria! Cuántos hechos, cuántos nombres,
cuántos sucesos y victorias grandes …
pues que tienes quien haga y quien te obliga,
¿por qué te falta, España, quien lo diga?
Afortunadamente, Fernando García de Cortázar, no merece este reproche de Lope, como enseña en su Breve historia de la cultura en España, un libro gozoso.




