Antonio D. Olano
ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.
LO INSÓLITO COTIDIANO
Un Príncipe rojiblanco
Madrid en pleno San Isidro, rosquillas listas y atontolinadas, verbenas a las que el creciente urbanismo redujo a unos metros cuadrados de ladrillos ya insuficientes para bailar un “schotis” , busca con lupa el casticismo que aun se refugia en el Rastro, la calle de Toledo, las Vistillas y pare usted de contar por muy bien que se haya aprendido las cuatro reglas.
Las calles y plazas de la ciudad de los austrias, Latoneros, Toledo, la Latina, Puerta Cerrada, Morería, cuesta de La Vega, se revitalizan en estas fechas de “isidros” y “manolas”, pan bendito y toros y toreros que ilusionan, que más defraudan que encienden la lucecita que les señala, la señal que se espera, como posibles figuras.
Los toracos, torazos, toros de la bilbaína Dolores Aguirre -¡la salvación de casta y raza vienen del Bocho!- que es acogida, aplaudida, como nueva tierra prometida, por los aficionados hartos de “tragar” con los hierros “pret a porter”, en serie, que ofrecen las ganaderías hechos a petición, imagen y semejanza de los usuarios que han alcanzado la cómoda y cada vez menos responsable, posición de “figuras”.
En estas fechas, en las que lloque priva es la imagen de la Virgen de la Paloma, el rabo de toro en las bares vecinos de la plaza de toros, Madrid se ha vestido, del aeropuerto a Sol, a Cibeles, a la Catedral y a la estatua de Neptuno, de un color especial: el rojiblanco. La ruidosa y pacífica invasión “colchonera” se inició en Hamburgo, se presenció en todas las ciudades españolas e hizo explosión en Madrid, que nunca se queda sin gente, según se ha podido comprobar merced a la”hinchada” de un club autocalificado como “el pupas” y que, en esgta temporada, se ha convertido en el único club español que ha conseguido un antorchado internacional. Todavía nos abrimos paso los atléticos en esta marea rojiblanca, capitaneados por el Dios del tridente, que de ,los océanos vino a la meseta y aquí espera a la rugiente y pacífica gente, desde la niñez a la ancianidad, que siente en rojiblanco.
Presidió, como ya es bien sabido, a los cruzados atléticos, para adueñarse del Argel nibelungo, nada más y nada menos que el Príncipe de España, sangre real y color rojiblanco. Exteriorizó su inmensa alegría con los goles de Forlán, se abrazó con sus vecinos de localidad- Sebastián, Cerezo, Aguirre, Villar, Albarracín… Y bajó al vestuario en donde felicitó y abrazó a los gladiadores y se dejó duchar con una inundación de sidra asturiana, que para eso es Príncipe de Asturias.
Esas son las ocasiones en los que creen que aun hay cortesanos pueden y deben darse cuenta de que a su lado, compartiendo pasiones y emociones, saben colocarse sus compatriotas Reales con mayúscula y reales como cualquier otro ciudadano. Del que estarán más cerca en cuanto compartan aficiones, creencias, devociones varias.
Los verdaderos “clasistas”, cortesanos sin corte que los acoja, son los que se la cogen con un papel de fumar porque un artista, un intelectual, un príncipe, manifiesta sus preferencias. Cuando toma filiación por un deporte, aplaude a un deportista. Los que protesta tal vez necesiten de un robot coronado, sin sentimientos, sin preferencias.
Don Felipe, Felipe, se ha decantado desde su infancia por los amores, por los colores rojiblancos y me cupo la enorme suerte de invitarlo al palco del Manzanares con motivo del aniversario del “Atlético Aviación”. El, aceptó la presidencia de la conmemoración y sumó sus voces de aliento, al lado de Jesús Gil, de Enrique Cerezo, de Camilo José Cela, de Paco Umbral, de Arrabal, de los todavía pipiolos y hoy grandes toreros, José Tomás y “El Juli”.
A la conclusión del partido conmemorativo el “hincha” regio, don Felipe me pidió que lo llevase a los vestuarios para saludar, uno a uno, a sus jugadores (Entonces Abel, Kiko, Solozábal, Toni, Futre, Juanito, Vizcaino, Patxi Ferreira, Tomás, Diego… )
El Príncipe de Asturias, deportista olímpico, abanderado de España en Barcelona tiene colores especiales, como la españolísima Sevilla. Nuestra Bandera, la de todos los españoles. Y otra, también bicolor, blanca y roja. La de los “atléticos”. Posiblemente años hace le preguntó a su padre: “Papá ¿por qué somos atléticos?”.Porque su padre- que impecable comportamiento durante su enfermedad y que cicateras críticas de los ruines- jugó al fútbol con los rojiblancos que en un anticuado autocar fueron a cumplimentarle a Estoril.(Tabales, Tinte, Mesa, Gabilondo, Germán, Machín…).




