Antonio Hualde
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación José Ortega y Gasset.
Eppur si muove
V de victoria
Muchos son los signos que podemos hacer con nuestras manos. Casi todos forman parte de lo que se conoce como “idioma universal”. Por ejemplo, levantar el pulgar hacia arriba significa que todo va bien…excepto si uno es buceador: hacer ese gesto bajo el agua implica subir a toda prisa. Su origen hay que buscarlo en la antigua Roma, donde los emperadores decidían la suerte de los que luchaban en la arena alzando o bajando su dedo pulgar: arriba, vida; abajo, muerte. Es conocida también la leyenda del saludo militar, llevando el extremo de la palma de la mano a la sien. Dicen que proviene de los caballeros medievales que, para que se les reconociese en señal de cortesía, se levantaban el visor del yelmo.
Pero los hay más…peculiares. Algunos afirman que la “señal de los cuernos” hecha con la mano procede de Escandinavia. Allí, algunos jefes vikingos disfrutaban de una variante del “derecho de pernada”. Cada vez que deseaban a una mujer, soltera o casada, dejaban en la puerta de su casa una cornamenta de alce como declaración de intenciones. Puede apreciarse en este caso lo atinado del signo que ha pervivido. Este es público, pero no así algunas formas de dar la mano, utilizadas y conocidas por los masones, y que datan del modo de identificarse que tenían los antiguos integrantes de los gremios de constructores.
Uno de los más populares, la “v” de victoria hecha con los dedos índice y corazón, nació como provocación. Durante la “Guerra de los Cien Años” -aunque realmente duró 117-, Inglaterra y Francia se batieron con tesón. Entre los primeros eran especialmente temidos sus arqueros, sobre todo los galeses. Así, cuando eran capturados, los franceses les cortaban esos dos dedos para que no volvieran a disparar una sola flecha más. Por eso, antes de entrar en batalla, los soldados ingleses mostraban al enemigo la “v”, más por provocar que otra cosa. Hay que decir que si tal señal se hace en Gran Bretaña, pero con la palma vuelta hacia uno, tiene un significado bien diferente. Para entendernos, lo que en el resto del mundo se hace levantando únicamente el dedo corazón, en la pérfida Albión precisa de dos dedos. Ellos son así.
Por último, el famoso “OK” tiene una procedencia realmente incierta. La versión más extendida es la de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, donde cada vez que no había víctimas mortales en un combate, la inscripción que figuraba en las pizarras del estado mayor era “0 kill” -“cero muertos”-. Su abreviatura sería OK. Con todo, esta hipótesis parece tener más de mito que de realidad. Una interesante y documentada teoría pone nombre y apellidos al inventor del término: el ingeniero alemán John Augustus Roebling. El fue quien propuso y diseñó en 1867 el Puente Colgante de East River, entre Manhattan y Brooklyn, en Nueva York. Roebling no dominaba el inglés, ni hablado ni escrito. Así, tras estudiar los datos de sus ingenieros en terreno firmaba el escrito aprobado poniendo dos iniciales “A.K.” que quería decir Alles Klar, -en alemán, “todo correcto”-. Entre eso y el “all right” inglés hizo una mezcla escribiendo “Oll Klar”; y de ahí vendría OK. Al menos, sus escritos son los primeros en los que figura la expresión de marras. Ahí es nada. Un alemán en Brooklyn.




