Cogida de un bravo Abellán y gran decisión y maneras de David Mora, bisoño confirmante
domingo 10 de mayo de 2009, 14:26h
De juego desigual, generalmente de ida alegre y quedarse, movilidad engañosa, menos el 5º, un buen toro al que Capea lo entendió para que luciera. Ovacionado en el arrastre. Sexto, inválido, poco protestado: correspondió a Capea. Ustedes mismos. El quinto, de Fernando Peña, muy en tipo, serio por delante., noble., muy aplaudido.
A Capea ya le empezaron a molestar en su intento de hacer el quite en el primer toro de Abellán y posteriormente cuando se despistó y tuvo que ir corriendo a ser testigo de la “contraceremonia”. Su primero, sin mucha voluntad, se tragaba el primero, y algo el segundo con cierto viaje largo y por abajo. Mejor desplazándose por el derecho. Lo vio Capea que le esperaba y le llevaba ligándole el segundo dejándole la muleta en la cara, bajando la mano e imprimiendo cierto temple. El problema venía en el tercer muletazo con la poca entrega del animal. Técnicamente solvente y sobrio faltó ropaje, pero eso no es nuevo. Estocada trasera y dos descabellos. Silencio.
El toro que correspondía a Abellán resultó encastado, de arrancada alegre y franca, pero con mucho que torear. Lo hizo bien Capea que lo lució demasiado para tener ambiente hostil en el 7, hiciera lo que hiciera. Le dio sitio, le aguantó, le templó el viaje con mano baja y se jugó la voltereta. Se volcó al matar agarrando una estocada que tiró al toro “patas arriba”. La guerra ahora era entre tendidos… y entendidos; que se creen y no tiene ni p. idea. Cortó la oreja con petición masiva y el toro fue aplaudido en el arrastre.
Su segundo, que hizo sexto, fue toro cojito, poco protestado por verificar si se estrellaba Capea. Toro mirón, probando mucho, costándole, Capea tampoco anduvo resuelto y fluido –sin saber taparse-, con el aire confabulado con la “peña” y todo quedó en tablas.
David Mora escuchó la primera gran ovación por su disposición al irse a chiqueros, de primeras. Resolvió airoso. Por segunda vez se fue a toriles para saludar al sustituto, que era el segundo de su lote, al correr turno. Menor brillo se dejó el toro con el capote, pero hubo una emotiva rivalidad con Abellán en quites; voluntariosos ambos.
Toro noble y pronto en la muleta aunque muy justo en sus fuerzas por lo que tenía un molesto cabeceo y tendente a quedarse debajo que descolocaba al neófito en una faena que comenzó irregular de temple, bien de concepto y que se fue perdiendo entre desarmes y más de un enganchón. Lógico, era toro de confirmación. Lo mejor: la estocada, por derecho y haciendo lenta la suerte. Se fue algo atrás, la espada, y el toro tardó en doblar las manos sonando un aviso. Saludó una ovación fuerte.
La cogida de Abellán propició que Mora no tuviera que esperar al sexto para cumplir con su lote. Así en cuarto lugar salió el sobrero de Fernando Peña. David Mora había estado muy activo en los quites anteriores con el capote y en éste suyo se ajustó con gusto y pureza. Su banderillero Félix Jesús Rodríguez dejó la olla caliente tras dos soberbios pares. Brindó al público y no cambió terrenos para, aprovechando la alegre y pronta arrancada del animal, darle dos cambiados por la espalda con emoción. Después toro y torero no se pusieron de acuerdo en la logística para que la épica enterrara la lírica de un toro confundido y santo que perdonó todo. Lo mató decidido y fue, nuevamente, ovacionado.
No se definió el segundo en los primeros tercios, pero si exhibió tranco enclasado siguiendo el capote a una mano, perfecto, de Jaro, mientras se desarrollaba la devolución de trastos. De rodillas, le esperó en los medios y el toro se vino alegre. Como repitiera, Abellán anduvo breve de hinojos. Cierto es que el toro se venía, por el derecho, pero no se iba y, defendiéndose, pegaba el tornillazo. Optó Abellán por pelearse en la distancia corta y todo se amontonó para saldar una voltereta con cornada en el muslo izquierdo de pronóstico menos grave. Lo pinchó, dos veces, sin pasar y lo atravesó, feamente, asomando mucho y teniendo que descabellar por lo que las cañas a la voluntad se volvieron lanzas, efímeras. Ovación al pasar, por su pie, a la enfermería.
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Crítico taurino y Periodista
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