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Guía para no perderse

El largo camino hacia la Casa Blanca

martes 22 de abril de 2008, 17:15h
En las elecciones parciales los norteamericanos renuevan un tercio del Senado (el mandato de los senadores es de seis años) y se renueva por completo la Cámara de Representantes, cuyos miembros son elegidos por dos años. Dos años después de estas elecciones parciales los ciudadanos se enfrentarán a las presidenciales, la elección de un tercio de los senadores y de todos los congresistas. Tampoco podemos olvidar los comicios estatales que coinciden con la selección de cargos locales, como los sheriffs, y algunas consultas populares.

Las elecciones más trascendentales para los que nos encontramos al otro lado del Atlántico son las presidenciales pues en ellas se elige al presidente de EEUU que dirige la política exterior, marca la política económica y es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

La campaña de los candidatos a la presidencia es completamente diferente al caso español, un modelo parlamentario donde los partidos son verdaderos los protagonistas.

En la democracia estadounidense podríamos separar la campaña presidencial en dos fases, la primera en la que los partidos y militantes eligen a sus candidatos y una segunda que se correspondería con lo que entendemos normalmente por “campaña” y “elecciones”.

La selección de los candidatos
El mismo día después de que se celebren las elecciones parciales, y dos años antes de las presidenciales, se pone en marcha la maquinaría que dará vida a la campaña presidencial. Como una tradición no escrita pero inevitable los medios de comunicación e institutos de opinión sacan a la luz sondeos sobre las posibles candidaturas de los dos grandes partidos. Hasta aquí, los propios implicados son ajenos y las encuestas responden al sentir de la población y, por ello mismo, sirven de indicio para los interesados en dar el siguiente paso y postularse como candidatos de su partido. Poco a poco, los que tienen más posibilidades ofrecen entrevistas en prensa y televisión donde deslizan la idea de su candidatura sin presentarla oficialmente. De esta forma, envían globos sonda y empiezan a tomar el pulso y medir la aceptación que tendrían en sus votantes. Si el estado de opinión es favorable, siguen adelante creando los llamados “comités exploratorios” en los que cada candidato organiza un germen de partido con su equipo de asesores que es financiado con sus propios fondos.

La soberanía del dólar
El punto de inflexión en la selección de los candidatos se da en las llamadas first primaries en las que los candidatos y su equipo se lanzan a promover desayunos y reuniones en las que recaudan fondos. La capacidad de recaudación de dinero para una posible candidatura marca el respaldo real pasando de un apoyo intangible a uno que implica compromiso. Los candidatos que sean capaces de recaudar mayores sumas en un menor tiempo serán los que tendrán más posibilidades. Internet ha revolucionado las formulas para conseguir financiación de una forma alternativa que favorece a los candidatos menos conocidos o favorecidos por la cúpula del partido: Howard Dean consiguió excelentes sumas en las elecciones de 2004 y Barack Obama ha reproducido su éxito pasando de una escasa popularidad a ser considerado un candidato con posibilidades de batir a la mismísima Hillary clinton.

Reunida estas sumas de dinero, que tendrán que publicar periódicamente como forma de control, los candidatos más aventajados comienzan un periplo con el objetivo de darse a conocer a nivel nacional empezando por los estados de Iowa y Nueva Hampshire, los primeros en celebrar primarias y caucus.

A partir de aquí empiezan a darse los primeros anuncios formales de las diferentes candidaturas, normalmente en sus lugares de origen y rodeados de su familia en una estampa que ya es tradicional. Los demás miembros destacados de los partidos se van posicionando a favor de uno u otro de los candidatos en lo que se conoce como endorsment. El comité exploratorio se transforma en una maquinaria engrasada en la que el número de asesores aumenta consolidándose en torno al candidato como un pequeño partido político cuyo único objetivo es conseguir la nominación por parte de uno de las dos grandes organizaciones (republicana o demócrata).

Las primarias y caucus
Para obtener la nominación los candidatos deben reunir una mayoría de delegados elegidos en primarias o caucus que tienen que celebrar todos los estados variando las fechas y el número de delegados según cada partido.

Hoy en día sólo 15 de los 50 estados celebran caucus pero hasta el siglo XX ésta era la única fórmula utilizada hasta que cayó en desgracia por considerarse que los grandes “barones” territoriales del partido cooptaban a una elite privilegiada en reuniones a puerta cerrada de forma caciquil. Pero las asambleas que todavía perviven se han convertido en un ejemplo democrático en el que durante tres horas los militantes rasos debaten abiertamente sobre los mejores candidatos y las posiciones que deben mantener entorno a los issues que marcarán la campaña.

En este proceso completamente extraño a la cultura política española donde la democracia interna de los partidos es prácticamente nula, diferentes líderes locales o capitanes realizan una presentación de cada candidato y los afiliados se reúnen en torno a mesas redondas organizadas por barrios, o incluso calles, para debatir exhaustivamente sobre cada uno de ellos. Tras estas deliberaciones se realiza una votación secreta.

Las primarias, en cambio, son votaciones abiertas en las que pueden participar los votantes registrados del partido, los independientes e incluso los del partido contrario dependiendo de cada legislación local.

Este proceso se prolonga hasta el verano de las presidenciales y culmina con la celebración de las convenciones de cada partido en la que se proclamará oficialmente al candidato a la presidencia y a la vicepresidencia de los Estados Unidos en el lo que se conoce como ticket electoral. Hasta aquí lo que conocemos propiamente como partidos políticos se mantienen al margen y sólo entrarán en juego para apoyar al candidato vencedor y servirle como plataforma.

El papel de los superdelegados
En el caso de que ninguno de los candidatos consiga una mayoría suficiente de delegados para ser nombrado candidato será el momento en el que entrarán en juego los llamados superdelegados, delegados natos por su condición de miembros electos (congresistas, senadores y gobernadores) y grandes personalidades del partido.

Su papel tiene mayor importancia en el caso de los demócratas pues la forma de asignar los delegados es proporcional y resulta más complicado que un candidato obtenga una mayoría clara sobre el segundo si el proceso ha sido competitivo como el que estamos viviendo con los senadores Clinton y Obama. En cualquier caso, la mediación de estas figuras reconocidas facilita el consenso dentro del aparato y ofrece una salida a una situación de parálisis perjudicial para el partido.

En la Convención, finalmente, se nomina al candidato en un gran acto rodeado de “pompa y circunstancia” en el que se define la platform que guiará su campaña. La platform es el equivalente al programa político aunque en este caso sólo se desarrollan los puntos básicos del programa dejando un amplio margen al candidato para modelar la campaña a su personalidad y propuestas. El partido es apenas una estructura relevante que poco tiene que ver de un punto a otro de los Estados Unidos, ni el Partido Demócrata ni el Republicano son iguales en Dallas que en Boston. De hecho, una de las divisiones que persiste tras la Guerra Civil en la sociedad americana es la del enfrentamiento entre el Norte y el Sur que se escenifica con el nombramiento de un candidato sureño a la vicepresidencia en el caso de que el ganador pertenezca al Norte y viceversa. Esto explica que en el caso del Partido Demócrata lel candidato que suena con más fuerza como acompañante de Hillary Clinton es John Edwards.

La elección
La nominación catapulta a los candidatos a la verdadera compaña política que los enfrentará en debates y mítines a lo largo de la geografía de todo el país. Los americanos aprecian la proximidad de los candidatos y cierto populismo, prefieren verlos comiendo hamburguesas antes que sentados en mesas con cubiertos de plata. Los candidatos se ven olbigados a acercarse a las necesidades reales de los ciudadanos estableciendo una relación entre los votantes y los políticos desconocida en otros sistemas que utilizan listas cerradas y bloqueadas.

Tampoco hay debate que rehuyan enfrentándose en televisiones y radios a las preguntas incómodas de periodistas y ciudadanos anónimos dispuestos a averiguar la coherencia de quienes se postulan a dirigir el país. No importan tanto los errores que cometieron en el pasado como descubrirlos en un renuncio o mentira para esconder algún tipo de comportamiento desviado. George W. Bush gano las elecciones tras haber reconocido su alcoholismo ya superado y Barack Obama goza del máximo respeto por admitir en su biografía que en una etapa de su vida consumió cocaína. La sociedad puritana perdona las equivocaciones pero no las mentiras.

Anuncios, encuestas y actos de todo tipo conducen al pueblo estadounidense hasta “el primer martes después del primer lunes de noviembre” en el que se celebran las elecciones presidenciales. La votación es indirecta para preservar el peso de los pequeños estados y conseguir un equilibrio entre poder territorial y poblacional; se elige a un número igual de delegados que de representantes y senadores por cada estado que se reunirán en diciembre para votar al candidato presidencial en el Colegio Electoral.

Finalmente, el juramento del nuevo presidente se produce en la escalinata del Capitolio el 20 de enero del siguiente año, en este caso el 2009 en el que será proclamado el cuatrigésimo cuarto presidente, o presidenta. Se trata de un gran acto en el que el presidente jura, o promete, ante la Biblia y el presidente del Tribunal Supremo el cargo para el que ha sido elegido y el compromiso de “proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos” durante los cuatro años que durará su mandato.

El discurso que pronuncia el ya presidente de los Estados Unidos marcará su acción política y muchos han pasado a la historia como grandes piezas de la oratoria que han influido en la política mundial y han inspirado a hombres de todas las naciones para emprender las hazañas más asombrosas. A pesar del paso del tiempo, todavía resuenan las palabras de Kennedy cuando invitó al pueblo americano a preguntarse “no qué puede hacer vuestro país por vosotros sino lo que podéis hacer vosotros por vuestro país”.
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