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ÓPERA

El Real rinde homenaje a Gerard Mortier con La clemenza di Tito
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(Foto: Javier del Real / Teatro Real)

El Real rinde homenaje a Gerard Mortier con La clemenza di Tito

miércoles 16 de noviembre de 2016, 11:20h
La producción de la última ópera de Mozart estrenada en Madrid el año 2012, encargo personal de Gerard Mortier, regresa al escenario de la Plaza de Oriente a partir del próximo sábado 19 de noviembre.

El Teatro Real estrenará el próximo 19 de noviembre la ópera La clemenza di Tito, último título de Wolfgang Amadeus Mozart, que regresa al Teatro Real con la producción creada y dirigida por el matrimonio Ursel y Karl-Ernst Herrmann, procedente del Festival de Salzburgo y precedida por el éxito que la acompañó en su presentación en el Real en 2012. En esta ocasión, La clemenza di Tito contará con la dirección musical del director Christophe Rousset, experto en este repertorio, que se colocará frente a un doble reparto y el Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real. En la presentación a los medios, el director francés ha querido destacar su satisfacción por el trabajo realizado con la orquesta, alcanzando “una materia muy ligera, pero vibrante”, de forma que la orquesta se convierte, ha asegurado, “en otro protagonista de la obra”. En la interpretación de los papeles principales se alternarán los tenores Jeremy Ovenden y Bernard Richter en el rol de Tito, las sopranos Karina Gauvin y Yolanda Auyanet para interpretar a Vitellia, las mezzosopranos Monica Bacelli y Maite Beaumont y las sopranos Sylvia Schwartz y Anna Palimina, que darán vida a Servilia.

La clemenza di Tito fue escrita con motivo de la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia y se estrenó el 6 de septiembre de 1791, en el Teatro Nacional de Praga, horas después de la ceremonia. Fue la última creación del compositor de Salzsburgo, pero no en ser estrenada, pues unos días después, el 30 de septiembre, vería la luz La flauta mágica. La ópera cuenta la historia del emperador Tito, al que retrata como hombre recto y justo, pero también clemente, capaz de perdonar a su amigo íntimo, Sesto, y a su prometida, Vitellia, que habían intentado asesinarle. Basada en la obra original de Pietro Metastasio, adaptada por Caterino Mazzolà, seis personajes se enfrentan a una compleja partitura en la que la voz es un instrumento más, y donde cada uno ofrece al espectador sus más íntimos sentimientos, como en una tragedia griega. Para Rousset, hacer una ópera sobre un emperador capaz de ser clemente, supone una respuesta clara a lo que en aquella época estaba ocurriendo en Francia, a las puertas de su Revolución. Con momentos de gran tensión dramática, el responsable de la dirección musical de la producción ha subrayado asimismo la altísima calidad humana de los personajes cuya psicología se presenta muy desarrollada, tal y como gustaba hacer al compositor de Salzburgo.

Para el capítulo escénico, Ursel y Karl-Ernst Herrmann conciben un espacio desnudo, blanco y luminoso que consigue realzar el conflicto de pasiones que teje el argumento. La acción interior se concentra en un lugar único, “frío y casi abstracto”, en el que los sentimientos contradictorios del drama, con su mensaje atemporal, resultan aún más desgarradores. La acción exterior abre las puertas sobre una imaginada Roma imperial, a pesar de que Ursel Herrmann haya querido dejar claro que es una escenografía que no refleja el tiempo de Mozart ni ningún otro. Para la directora de escena alemana, se ha creado – a través del espacio y el vestuario - un ambiente en el que puedan destacar las emociones sin distracción de ninguna clase. Un espacio muy luminoso sin decorados donde “solo ocurre lo que transmiten los personajes” y una puesta en escena de la que Herrmann ha afirmado que “no es moderna en el sentido de que no se desarrolla en un baño, un psiquiátrico o una estación de tren, sino que es un lugar abstracto”.

Gerard Mortier amaba de forma especial esta ópera y sentía gran predilección por la puesta en escena de los Herrmann, a quienes se la había encargado cuando dirigía el Teatro de La Monnaie en Bruselas y que supuso el inicio del tándem como codirectores de escena, diseñadores de escena y vestuario. De La clemenza di Tito afirmaba: “es el ejemplo de una inspirada narración moderna del siglo XVIII sobre la grandeza de la clemencia por parte de los gobernantes. Una grandeza que se refleja en el espacio blanco de la escena en el que los personajes son desmenuzados hasta el más pequeño detalle“. Por ello, con la reposición de esta producción, el Teatro Real quiere rendir homenaje al que fue su director artístico.

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