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DIRECTOR DE EN LA SOMBRA, ESTRENO EL 23 DE FEBRERO

Fatih Akin: “La extrema derecha se ha convertido en algo común”

Fatih Akin: “La extrema derecha se ha convertido en algo común”
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(Foto: Efe)
jueves 22 de febrero de 2018, 19:30h
El director alemán presentó en España En la sombra, un nuevo trabajo con el que conquistó el Globo de Oro a mejor película extranjera.

Fatih Akin (1973), alemán de ascendencia turca, ha esperado a “tener la suficiente madurez” para abordar un tema tan delicado como el racismo. Con En la sombra, Akin aborda en tres bloques diferenciados los diferentes “colores del dolor” que afronta la protagonista, interpretada por Diane Kruger –ganadora de la Palma de Oro de Cannes a mejor actriz por este papel-, cuando de un día para otro pierde a su marido e hijo en un ataque neonazi.

¿Cómo surgió el proyecto de hacer En la sombra?

Siempre quise hacer algo sobre el racismo en Alemania. Desde que empecé a hacer cine lo tuve en mente. Pero necesitaba tiempo, experiencia y madurar. Obtener sabiduría hasta entender que podría hacer esta película. Y esta fue la motivación que me empujó a hacerlo. Pero en cuanto comencé a escribir, curiosamente el racismo dejó de ser el tema más importante. A medida que escribía, la película se convertía en una mujer, una madre, a la que se le arrancaba la vida de su hijo y su marido. En cierto modo, se convirtió en una película sobre la familia.

¿Cómo se profundiza en el dolor de una madre durante el proceso creativo?

Tuve el extraño desafío de pintar el dolor. Cuáles son los diferentes colores del dolor, las capas del dolor, el desarrollo del dolor. Creo que el dolor no es dolor sino que se compone del shock, el odio, la ira, la tristeza, el vacío… No sé cuál será el orden, pero creo que el dolor es una composición de esas etapas. Antes de empezar, muchos conocidos venían a decirme “no lo hagas, quién quiere ver una madre perdiendo a su familia, haz algo divertido, el cine ha cambiado, la gente ya no ve este tipo de películas…”. Cuánto más me lo decían, más desafiante era. Quiero hacerlo, quiero verlo. Como padre, tiene mucho que ver conmigo, con mis propios miedos. Y no fue complicado encontrar esas imágenes de dolor por eso mismo.

En la película vemos algunas escenas de duelo en las que la protagonista llora en la cama del hijo o visita la escena del crimen. ¿De dónde viene la inspiración para adentrarse en el lado más oscuro de la pérdida?

Lo de meterse en la cama del niño creo que es algo que yo haría. Es una madre que trata de aferrarse a algo, recordar el olor del hijo. Respecto a la escena de la pared, estaba planteada incluso más larga, con los vecinos turcos acercándose a la protagonista pare reprocharle la muerte del marido. Pero esa parte la dirigí fatal, lo reconozco, y me vi obligado a cortarla. Aún así, creo que de esta manera incluso ha sido más poderosa, más impactante. Todo el guión ha sido escrito en base a qué haría yo en esa situación, toda la p*** cosa está basada en lo que sentiría, cómo reaccionaría si me pusiera en la piel de Katia.

Yo quiero ser un buen artesano. El cine es como hacer zapatos

Uno de los momentos clave de la película es una escena en un baño, ¿cómo fue el planteamiento?

Es lo que se dice un beat en el guión. Hasta ahora no he tenido muchas oportunidades en mi filmografía de meterme en el thriller, dado que soy más bien un director de cine de arte y ensayo. Pero me gusta experimentar. No es que sea un fan extremo del género, ni de directores como Fincher o Hitchcock, pero me gustan porque es como tener un don, una habilidad. Saben dar al público algo diferente. Ahora está muerto… y ¡paf!, ahora está vivo. Das algo, lo quitas, pasas a otra cosa… Además es como ser un artesano y yo quiero ser un buen artesano. El cine es como hacer zapatos. Si eres zapatero, quieres hacer un buen zapato, de calidad. Y es lo mismo que intento cuando hago cine.

¿Tuvo en mente a Diane Kruger como protagonista desde el principio?

Primero desarrollé un pequeño tratamiento sobre la película, unas 15-17 páginas. Pasó poco tiempo entre acabar esto y la proposición a Diane. Le mandé esto y no el guión, que aún no estaba hecho, junto a una descripción sobre su personaje. Y ella aceptó bastante rápido. A partir de ahí, me puse con el guión con ella en mente. Tenía una foto suya de la revista Life colgada en la pared al lado del ordenador. Ahora bien, la biografía y descripción del personaje, esas 2-3 páginas, están basadas en gente de mi alrededor, de mi ciudad. Yo soy de Hamburgo, tengo dos niños. Cuando los llevo al parque, mientras juegan, me dedico a fijarme en el resto. En los niños, en los padres, cómo fuman, cómo se comportan… y más o menos el personaje se basa en eso.

Visto el gran tándem que hacen Diane Kruger y usted, ¿cómo fue trabajar con ella?

Antes de empezar a trabajar con ella tuve que ver toda su filmografía. Hasta ese momento no conocía mucho más que su papel con Tarantino, la serie The bridge y un estúpido thriller que se desarrolla en Berlín con el tipo que hizo La lista de Schindler. Tuve que ver todo para saber cómo rodarla, cómo habían trabajado los otros directores, qué ángulos usaron… Gracias a ello descubrí muchas grandes películas, en su mayoría films franceses independientes de los que nadie había oído hablar. En una de ellas, Adiós a la reina, Diane hace de una gran María Antonieta. Su actuación estaba al mismo nivel que En la sombra, se salía de la pantalla.

¿Hay algún proyecto futuro en el que coincidan de nuevo?

Pues sí. He caído en las redes de la televisión y haremos juntos una serie. Será una historia de seis capítulos sobre Marlene Dietrich y su participación en la resistencia contra los nazis, que es algo que se conoce muy poco de ella.

La extrema derecha ha alcanzado la calle. Es un hecho. No está ya en los extremos ni es algo anecdótico, se ha convertido en algo común. Y eso es lo que la hace más peligrosa

Un conocido de su hermano fue asesinado por neonazis. ¿Hasta qué punto un evento así influyó en la construcción de la película?

Esa persona murió disparada por neonazis. Fue un shock. Cuando el racismo y el terrorismo de extrema derecha llega tan cerca de tu vida privada... Ya no es como ver la tele y decir “oh, mira lo que ha pasado allí”. Cada vez está más cerca. Mi película no es una respuesta a eso. Por lo menos no debería serlo. La intención es crear, en Alemania y en Europa, una sensibilidad de que esto está pasando, está ahí. La violencia se está normalizando y no debería ser así. Esta película trata de cómo la violencia surge y cómo genera más a su alrededor, cómo las cosas pierden control.

La película está basada en unos hechos reales que ocurrieron entre los años 2000 y 2007 en Alemania. ¿Cómo ve ahora el auge de los partidos de ultraderecha?

La extrema derecha ha alcanzado la calle. Es un hecho. No está ya en los extremos ni es algo anecdótico, se ha convertido en algo común. Y eso es lo que la hace más peligrosa. Antes sabías cómo era el enemigo. Ahora no. Puede ser el cajero del banco, el político, el taxista… puede ser cualquiera.

¿Cómo se gestó el apartado visual de la película y el trabajo con el director de fotografía?

Hasta hace poco, siempre que hacía una película, todas las tomas estaban compuestas de antemano a través de dibujos, pequeños esquemas… sabías dónde ibas a colocar la cámara. Sabiendo esto, logras rodar de una forma rápida y ahorrando dinero. Pero con el tiempo me empecé a aburrir porque siempre sabía lo que iba a hacer. Así que le dije a Rainer Klausmann (director de fotografía), con el que llevo trabajando desde 2001, si para esta película podíamos hacer algo diferente. En ella hay tres partes diferenciadas y cada una lleva un tratamiento diferente. Ya en la anterior, Goodbye Berlin, empezamos a ser más libres, a no venir tan preparados. Sí saber la dirección, hacia dónde queríamos ir y qué queríamos hacer, pero dando más libertad y concentrándonos en la interpretación. Es decir, dar más libertad a la cámara para que pueda seguir a los actores.

No busco ser un director con el ‘estilo Fatih Akin’, me importa una mierda eso

¿Desarrolla así un estilo propio?

Normalmente no suelo pensar en el estilo. No lo tengo y no quiero tenerlo. No busco ser un director con el “estilo Fatih Akin”. Me importa una mierda eso. Lo que me interesa es el guión, qué quiero hacer con él y cómo lo transformo para la audiencia. Me gusta ser flexible, cambiar de una película a otra. Un poco como David Bowie con sus discos.

¿Es posible que hubiera en la película un pequeño homenaje cinéfilo con ciertas similitudes de una parte con el clásico francés Pierot le fout y otras con Cold Blood?

Me gusta lo que has dicho de le fout jaja. No tuve el valor de pintarle la cara azul a Diane pero casi. No he visto Cold Blood, pero lo cierto es que eso se ve en muchas cintas. Por ejemplo, descubrí la semana pasada un disco de Iggy Pop y The Stooges en el que sale Iggy en la portada recubierto de dinamita. Y mucha gente me recriminaba “eh, usas el terrorismo para reírte”. Ahora puedo responder: “mira Iggy Pop, lo hizo antes que yo. Y Belmondo”.

La banda sonora corre a cargo de Josh Homme, de Queens of the Stone Age. ¿Cómo surgió esta colaboración?

Fue algo genial. Por instinto, algo me decía que la música de Queens of the Stone Age era lo que yo buscaba. Esa mezcla de agresividad y melancolía que tiene. Así que cogí y le mandé un primer montaje de la película, que aún no estaba terminada, para ver qué le parecía. Pensaba que él era el indicado para hacerme una banda sonora que mereciera la pena. La vio, cogió el teléfono y me dijo “eh, man, yo también habría hecho lo mismo que ella”. Luego siguió preguntándome “¿Puedo hacer lo que quiera? ¿Tiene que ser rock?”. “Haz lo que quieras”, contesté. Además, justo lo pillé en medio del trabajo de su último álbum, por lo que sólo contó con cinco días para hacerla. Tras un par de llamadas y correos, acabó devolviéndome una banda sonora fantástica para la película. Y lo curioso es no nos conocimos en persona hasta hace bien poco, en la gala de los Globos de Oro en Los Angeles.

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