La crisis no ha provocado una salida de inmigrantes de España tan masiva como se había vaticinado. Un estudio refleja que este saldo negativo ha sido muy modesto y apenas unas 50.000 personas han abandonado el país y una inmensa mayoría ha optado por quedarse.
La
Fundación Ortega-Marañón, el Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB) y la Diputació de Barcelona han presentado el
Anuario de la Inmigración en España 2011, una publicación que analiza las principales características y tendencias de la inmigración y las políticas de inmigración en España, a través de un conjunto de estudios realizados desde las perspectivas sociológica, económica y jurídica.
El Anuario sale al paso de las informaciones aparecidas en los medios de comunicación que resaltaban que en 2011 “han salido de España más (inmigrantes) de los que han entrado”. Los expertos de este estudio comparten la opinión de que este saldo negativo ha sido muy modesto, apenas alcanza unos pocos millares (50.000 personas aproximadamente), optando en una inmensa mayoría por permanecer en nuestro territorio a pesar de la crisis.
La inmigración seguirá necesitando políticas de integraciónTras una breve introducción al acto de
Fernando Vallespín, director académico del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset,
Jordi Vaquer, director del CIDOB, iniciaba su intervención, afirmando que “la integración ha sido una historia de éxito en España”. En apenas unos años se han llegado a nuestro territorio cerca de 6 millones de inmigrantes, una cifra muy importante según los expertos.
Pero a pesar de este número,
Joaquín Arango, catedrático de Sociología y codirector del estudio, considera que España seguirá necesitando de la inmigración en años venideros, debido entre otras circunstancias a la baja natalidad de la población nativa. Por tanto, “las políticas de integración serán necesarias más que nunca”. Esto rompe, según el sociólogo, la creencia errónea de que las “crisis ha puesto fin al fenómeno migratorio” y “es más bien un cambio en los flujos migratorios”.
Ausencia de conflictos sociales a pesar de la crisisA pesar de la gravedad y larga duración de los impactos económicos y sociales de la crisis, siguen sin cumplirse los vaticinios que pronosticaban profundas fracturas sociales y fuerte ascenso de la xenofobia en España. La inmigración no ha ascendido en la escala de preocupaciones sociales que periódicamente ofrece el CIS.
Las encuestas indican que si bien el grueso de la población española es más reticente a la inmigración que sus homónimos del norte del continente, nuestro país destaca frente al conjunto de Europa por su menor proporción de opiniones “extremas” intolerantes. Para
Josep Oliver, codirector de la publicación y catedrático de Economía, la demanda de empleo de los inmigrantes no entra en muchos casos en competencia directa con la demanda laboral de los nativos, suelen ser trabajos de menor cualificación y ubicados en el sector servicios.
Paro en la población inmigrante La población inmigrante está sufriendo en esta etapa de crisis un desempleo superior, un 33% frente al 23% de la población nativa. En cuanto a nivel de resistencia de la familias de inmigrantes, 300 mil hogares están con todos sus activos en paro y 2.1 millones sólo tiene algún miembro trabajando. A pesar de estas cifras, los inmigrantes ocupados, según datos del tercer trimestre de 2011, suman cerca de 3 millones, un 16,5% del empleo total español.
En la elaboración del Anuario participa más de una veintena de expertos y académicos de reconocido prestigio de dentro y fuera de nuestras fronteras.