La desgarradora historia real de Dita Kraus, una joven checa de 14 años que custodió la única biblioteca que albergó el campo de Auschwitz, centra el relato de La bibliotecaria de Auschwitz, la nueva novela de Antonio G. Iturbe, quien ha llevado a cabo un arduo trabajo de investigación para el que ha contado con el testimonio de su valiente protagonista, hoy octogenaria y residente en Israel. La barbarie nazi deja paso una vez más a una historia emotiva que cuestiona la bondad y la maldad desde la perspectiva de una inocente, pero rebelde adolescente.
La espeluznante historia que relata en su novela transcurre en un barracón de un campo familiar en Auschwitz, donde su protagonista, Dita, dedica sus escasas energías a proteger la única biblioteca clandestina del campo. Ese barracón lo describe como una burbuja de plácida seguridad. ¿Por qué?La construcción de aquel campo familiar fue una excepción con una función muy especial, ya que los nazis estaban pendientes de si la Cruz Roja Internacional enviaba una inspección. En caso de mandarla, mostrarían este campo, en el que hicieron que quienes lo habitaban conservaran la ropa de civil y el pelo para que de esa forma fuera un lugar más enseñable. Se trató de un plan maquiavélico de los nazis, que siempre trataban de buscar una razón dentro de la sinrazón.
Y en ese contexto deshumanizado, su novela cuenta la historia de gente extraordinaria capaz de jugarse la vida por otros…Sí. Cabe recordar que aquellos supervivientes que no eran enviados directamente a la cámara de gas los convertían en mano de obra útil, pero a la vez los inutilizaban como personas, es decir, eran aborregados para que su espíritu estuviera decaído y no tuvieran ningún afán de lucha. Los nazis no solamente mataban a las personas, sino también a las almas. En Auschwitz todo se multiplicó, el bien y el mal. El mal alcanzó cuotas extraordinarias, aunque también es cierto que hubo gente que hizo cosas admirables. Pese a todo, hubo una gran gama de grises. No debemos caer en esa idea naíf de que una persona por el mero hecho de ser víctima es bondadosa. Es decir, eres víctima pero puedes ser un malvado igualmente o ser una persona éticamente mediocre.
Dita llegó a encararse directamente con el temible Josef Mengele. Su valentía fue asombrosa...Los niños tienen esa capacidad para eludir el miedo. Crean sus propias normas con una capacidad extraordinaria. Creo que hay gente odiosa, otra mediocre y, de vez cuando, alguna extraordinaria. Dita es una de esas personas. Llegó a Auschwitz con 14 años y consiguió irse de allí sin haberse venido abajo. Colaboró en el barracón 31 del campo familiar encargándose de la biblioteca y logró pasar la selección final ante Mengele, uno de los personajes más terribles de esa época oscura. Me quito el sombrero ante ella.
Sorprende también la predisposición de Dita a bromear. Me pregunto si es posible hablar de humor en Auschwitz.Pese a estar internos en un lugar como aquel, la vida seguía fluyendo para aquellas personas y, precisamente, fue ese es el gran pulso que le echaron a los nazis. La risa en Auschwitz era un acto de rebeldía. Si alguien reía, venía a decir: “Estoy riendo, no has podido conmigo”.
¿Qué valor tenía un libro en un lugar como aquel?En Auschwitz, lo primordial era deshumanizar a los prisioneros, por lo que aquellos libros consiguieron hacerles recordar lo que fueron. Fue como una forma de aferrarse a la vida anterior para no romper del todo los lazos con su pasado.
La afán con el que Dita protegió su biblioteca me recuerda a una reflexión de Primo Levi que venía a decir que lo que podía salvarte en un campo como Auschwitz era ser útil por una profesión y tener fe, ya fuera en la religión, en una ideología o en un motivo en el que creer. Es cierto. En un momento dado, ella dice “cuida los libros que ellos te cuidarán de ti”. Pero, cuidado, no podemos caer tampoco en la idea de que los libros sean cajas de magia, porque no cambian la realidad, es decir, no cambian a los verdugos en gente bondadosa. Lo que sí consiguen es ubicarte, darte un lugar en el mundo, una posibilidad de escapar, te abren una ventana a otra perspectiva, te hacen reír.... Hubo, por tanto, gente que se aferró a los libros porque aunque no les hacían sobrevivir, sí les hicieron vivir. Es decir, les permitieron sentirse humanos por la posibilidad de pensar o de imaginar… Si no soñamos, reflexionamos o imaginamos, nos convertimos en auténticos borregos. Eso no es una vida plena.
El declive por el que tuvo que pasar Dita fue atroz. De Terezín fue trasladada a Auschwitz y de allí a Bergen-Belsen. Si Auschwitz fue el infierno, probablemente Bergen-Belsen fue el infierno del infierno. ¿Está de acuerdo?Bergen-Belsen conjugó el horror de un campo de exterminio multiplicado por la descomposición del sistema de los nazis. Creo que si ha existido el infierno en la Tierra, debió ser Bergen-Belsen.
¿Uno sufre sabiendo lo que aconteció o ayuda a restar importancia a los problemas cotidianos?Cuando ahora nos deprimimos por cualquier contratiempo, me doy cuenta de que somos unos privilegiados y que deberíamos besar el suelo que pisamos. Deberíamos estar más felices de lo que estamos, sobre todo por vivir en una época de paz y por poder contar con un sustento básico.
Ha tenido la oportunidad de entrevistarse con Dita, hoy octogenaria. Dice que ha aprendido mucho de ella. ¿En qué sentido?El metal del que está hecha esta mujer es tal que todavía hoy me sigue enviando chistes por correo electrónico. No ha perdido el humor, la curiosidad ni la energía. Ella en sí misma es una enseñanza de vida. Por eso, cuando me pongo un poco ñoño, pienso en ella y en que no se vino abajo bajo ninguna circunstancia. Me da un ejemplo de coraje y valentía que me hace sentir ridículo.