Esperado estreno de la cinta protagonizada por Anthony Hopkins, que se convierte por obra y gracia de un maquillaje que opta a ganar el Oscar, en el mago del suspense.
A Alfred Hitchcock todos le conocemos, hemos visto sus películas más de dos, tres y cuatro veces; aún nos gusta dejarnos sorprender con sus cuidados detalles, con la sutil inteligencia que manejaba para tejer la intriga y perfilar sus interesantes personajes, pero, ¿quién era Alma Reville? Como mucho, los más cinéfilos sabrán que se trataba de la esposa del director, aunque lo más probable es que ignoren la gran importancia que su trabajo y su genialidad tuvieron dentro de la obra de su mítico marido. En el irregular filme dirigido por Sacha Gervasi que se basa en el libro titulado “Alfred Hitcock and the making of Psycho” de Stephen Rebello, ella es, en realidad, la verdadera protagonista. Y no sólo por lo crucial de su intervención tardía en el montaje de la película más famosa e impactante del genio británico del cine, sino también porque la historia se detiene en el aspecto más personal de esta mujer siempre a la sombra, que había renunciado a su propia carrera en el cine como montadora para apoyar a su esposo, a quien se retrata como el típico genio inseguro y egocéntrico que, a veces, la necesitaba más como a una madre que como a una esposa o colaboradora. Seguramente, ninguna actriz mejor que la magnífica Helen Mirren para dar vida a este personaje de mujer valiente, entregada y al mismo tiempo lo bastante fuerte como para vivir al lado de Hitch sin quedar eclipsada incluso en el interior del hogar. Al genio le costó muchos años reconocerlo públicamente, pero cuando por fin recibió en 1968 un Oscar, eso sí, únicamente con carácter honorífico, aseguró en los agradecimientos que sólo quería citar a cuatro personas: “A mi montadora, mi guionista, la madre de mi hija y mi maravillosa cocinera”. Evidentemente, las cuatro eran la misma.

En la cinta que acaba de llegar a nuestras salas no se trata, en todo caso, de mostrar cómo era la vida del matrimonio o la evolución de su relación a lo largo de los años. Como indica el título del libro en el que se basa, lo que en realidad se ofrece al espectador es la historia que rodeó al nacimiento de Psicosis y, a partir de ahí, conocemos a sus protagonistas y el momento vital por el que atravesaban. La acción parte del exitoso estreno de “Con la muerte en los talones”, que es cuando Hitchcock, a sus 60 años, está en lo más alto de su carrera pero también en un momento en el que necesita de nuevos retos, a pesar de que los estudios lo único que quieren es otra cinta del estilo de la última. Él se resiste, busca algo diferente y finalmente lo encuentra leyendo la novela de Robert Block titulada Psyco, inspirada en un caso real, los macabros asesinatos llevados a cabo por Ed Gein en los que hay grandes dosis de sangre, incesto, locura y travestismo. Sin embargo, nadie parece compartir el entusiasmo del director por su nuevo proyecto, empezando por la prensa o su asistente personal. Tampoco su esposa, que le pide que lea el guión en el que está trabajando para ayudar a un amigo, o los poderosos estudios que, por su parte, se niegan en rotundo a financiar lo que consideran desde el principio un auténtico fracaso. Sin embargo, él ya tiene la película en la cabeza, allí ha visto algunas de las escenas y no tarda demasiado en elegir a Janet Leigh, papel a cargo de Scarlett Johansson en la cinta de Gervasi, para el rol de la indispensable rubia protagonista.
De modo que al genio admirado por todos, no le queda más remedio que financiar su propio proyecto hipotecando su casa y recortando algunos gastos de la familia. Hitchcock, a quien interpreta un caracterizado Anthony Hopkins que, aunque, como es habitual en el actor, pone lo mejor, no acaba de convencer – puede que le perjudique en parte la gran actuación de Helen Mirren dando vida a un personaje desconocido y que, por tanto, no es objeto de comparación – recorta el presupuesto para la película al máximo. Rodando, por ejemplo, en blanco y negro – ésta sería su última cinta rodada en blanco y negro precisamente para abaratar los costes –, limitando el rodaje a un máximo de tres semanas en las que perder un día supone un desastre o incluyendo a una actriz como Vera Miles, a quien da vida Jessica Biel, con quien la relación era francamente mala pero aún tenía en nómina. Por otra parte, la crisis personal que atraviesa su mujer, hace que se desvincule desde el principio del proyecto, dejando aún más solo al director que, según la película no se lo toma demasiado bien. Los problemas con las autoridades censoras, que veían con muy malos ojos la famosa escena de la ducha, o con la distribuidora, que sólo pensaba estrenar el filme en dos cines de Los Ángeles, no hicieron más que añadir problemas que el genio pudo finalmente solventar con la ayuda, casi in extremis, de su esposa, a quien se debe asimismo la inclusión de la música que acompaña el apuñalamiento más célebre de la historia del cine y que al maestro en aquel momento no acababa de convencerle.