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sociedad

Usted podría estar siendo espiado mientras lee este artículo

viernes 22 de febrero de 2013, 17:23h
El espionaje está de actualidad, aunque lejos queda el romanticismo y la aventura de los James Bond o Ethan Hunt. Desde la trama de presuntas escuchas y seguimiento a políticos y personalidades catalanas a la súper secreta célula militar china de APT-4, a la que se responsabiliza de los últimos ciberataques contra Estados Unidos, el arte de espiar vuelve a estar bajo el foco, un sitio en el que, por su propia naturaleza, no se desenvuelve con facilidad.
¿Qué pueden tener en común una provechosa agencia de detectives barcelonesa, una ultra secreta célula militar china y un ingeniero norteamericano que se suicida en Singapur? La respuesta, aunque difícil de relacionar en un primer momento, es el espionaje.

Desde el principio de los tiempos, este noble (o no tanto) arte ha cambiado en numerosas ocasiones el curso de la historia. La ambición de poder y de controlar a los enemigos, e incluso a los amigos, ha llevado al ser humano a servirse del espionaje para alcanzar objetivos políticos, económicos, sociales o simplemente personales.

En los últimos diez días, este mundo ha saltado a las primeras páginas de los periódicos, que han perseguido los más minuciosos detalles de tramas tan diversas como la corrupción política en Cataluña o la guerra por la tecnología más puntera entre Estados Unidos y China, lo que pone de manifiesto que este tipo de casos pueden tocar desde lo más mundano hasta lo más complejo y sutil.

Mucho trabajo, poco glamour
Método 3, una de las agencias de detectives con más renombre en España, ha sido acusada de espiar de manera ilegal a diversas personalidades políticas de Cataluña. Su caso, que está siendo investigado en estos momentos para lograr calibrar el grado de culpabilidad de sus responsables, ha puesto en guardia a sus colegas de oficio.

"El 99 por ciento del sector es totalmente ajeno a los procedimientos de Método 3 y es una pena que se juzgue a una profesión por un único caso; que se caiga un edificio no tiene por qué significar que se vayan a caer todos", denuncia en declaraciones a EL IMPARCIAL Ignacio Ochoa, de Detectives Ochoa. "Hay mucho trabajo honrado, duro y legal detrás y este tipo de acusaciones nos afectan a todos, a nuestra imagen colectiva", añade.

Seguimientos personales en equipos de nunca menos de dos personas para no perder al objetivo, fotografías con grandes objetivos, seguimientos en coche o andando, pinganillos de corto alcance, interminables guardias a pie de domicilio o de negocio... La vida del detective, cuyos responsables insisten en diferenciar del espionaje por ser ilegal, señalan que el negocio "tiene mucho de vocacional y poco de romántico", tal y como afirma a EL IMPARCIAL, Nicolás Racherd, de la agencia GEIP especializada en la localización de personas. "Esto es perseverancia y paciencia, el saber que te puedes tirar 14 horas o más en un portal sin sacar nada útil, pero volver al día siguiente con las mismas ganas y profesionalidad", sostiene Ochoa.

En la actualidad, el grueso de estas empresas subsiste gracias a la investigación de fraudes y de la caza de infieles. Son estos dos sectores los que dan de comer, en gran medida, a la industria, y los datos hablan por sí solos: el Ministerio de Trabajo ha detectado un total de 91.470 empleos irregulares en España, uno de los países de la Unión Europea, junto con Portugal, Grecia, Chipre y Bulgaria, donde los trabajadores más tiran de picardía y fingen lesiones o accidentes para acogerse a la baja laboral, aunque con la crisis este frente ha disminuido.

Por otro lado, uno de cada dos españoles reconoce haber tenido una aventura durante su actual relación de pareja y el 55 por ciento de los españoles admite que se vería con otra persona si su cónyuge no se enterase. Pero no sólo de investigar cuernos viven los detectives. En el ámbito familiar también se abordan casos de custodia, divorcios, herencias o seguimiento de hijos.

"También hay mucho trabajo en todo el ámbito de las insolvencias, la ocultación de bienes mediante testaferros o los fraudes a los seguros con toda clase de robos falsos, siniestros provocados y demás", sostiene a este periódico Juan Carlos Cabanach, del Grupo Cabanach, agencia mallorquina con más de 40 años de experiencia.

Mucho trabajo para un sector en el que algunos no han notado la crisis, "en mi caso he multiplicado por tres mi número de casos", apunta Ochoa, y "con más competencia e intrusismo", se denuncia desde GEIP. En la actualidad, se cuenta con unos 2.000 profesionales registrados y operativos en el listado de licencias de la Dirección General de la Policía, aunque el total de detectives asciende a 2.700. En este sentido, Ochoa llama más la atención sobre "la poca profesionalidad de algunas personas que con poca experiencia te venden una trayectoria espectacular".

Para los casos de familiares o fraude laboral, las agencias de detectives ponen a disposición de sus trabajadores dispositivos tecnológicos que poco tienen que ver con las películas de James Bond y los sofisticados 'juguetes' del agente Q, pero el factor humano sigue siendo esencial.

Ahora bien, como es el caso de Método 3 o la trama de presuntas escuchas a políticos del Partido Popular de Madrid, el espionaje político, industrial o comercial también tiene cabida en el sector, aunque sobre este tipo de casos cae un velo de opacidad del que casi nadie quiere hablar. Saber qué oferta va a presentar la competencia o qué trama la oposición puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota y, casi siempre, con muchos millones de euros en juego detrás.

En estos casos, se quebranta la Ley 23/92 de Seguridad Privada por la que se rige el sector, en la que se establecen las funciones y los límites de los detectives, y en la que se señala que los que se dediquen a este oficio no pueden "realizar investigaciones sobre delitos perseguibles de oficio" ni "utilizar para sus investigaciones medios personales o técnicos que atenten contra el derecho al honor, a la intimidad personal o familiar, a la propia imagen o al secreto de las comunicaciones", como se le acusa a la agencia catalana.

En este sentido, Cabanach apunta que "uno no puede investigar a quien le dé la gana porque la línea entre lo detectivesco y el espionaje es muy fina y depende de la ética del profesional, pero hoy en día, con los controles del Ministerio de Interior, que nos exige una memoria anual, todo está mucho más vigilado".

La 'nueva' Guerra Fría
Pero el espionaje tiene una cara B, una vertiente más sofisticada, peligrosa e internacional que ha dejado la labor a pie de calle en un segundo plano para trasladarse al ciberespacio. Esta semana, la empresa de seguridad Mandiant hacía público un informe en el que acusaba al Ejército chino de estar detrás de 141 ataques a empresas y a agencias estadounidenses.

Pekín ha negado de forma tajante las acusaciones, aunque Mandiant lo tiene claro: detrás de estos ciberataques se encuentra una unidad de élite china ultra secreta que responde a las cifras '61398', aunque de cara al público se haría llamar APT-1. El objetivo de este comando en la red sería el robo de información militar, económica y tecnológica en campos tan variados como plantas químicas o telecomunicaciones, que son considerados fundamentales en los planes económicos chinos.

En los últimos años, el Gobierno de Pekín ha redoblado sus inversiones en gasto militar hasta los 90.000 millones de euros anuales, en especial en lo tocante a las últimas tecnologías. En este sentido, algunos analistas creen que el Ejército Popular es, hoy en día, uno de los hackers más activos en la red.

Siguiendo una estrategia bien coordinada, '61398', que presuntamente opera desde un lúgubre y anodino edificio de las afueras de Shanghai (foto), está al servicio no sólo del Ejecutivo de Hu Jintao, sino también de las multinacionales estratégicas del país, como Huawei, el gigante asiático de las telecomunicaciones.

Precisamente esta compañía fue calificada el pasado mes de octubre por el Congreso de EEUU como "una amenaza para la seguridad del país" y podría estar detrás de un truculento caso de espionaje industrial que ya se habría cobrado una vida, precisamente estadounidense.

Shane Todd era un prometedor ingeniero que trabajaba para el Instituto de Microelectrónica de Singapur, donde estudiaba las propiedades del nitruro de galio, un raro material que podría multiplicar por cinco la fiabilidad de los radares militares, entre otras aplicaciones. Hace unos días, Todd, sin motivo aparente, fue encontrado ahorcado en su apartamento en lo que la policía local ha calificado como suicidio, aunque su familia no se cree esta versión y ha logrado que el FBI investigue el caso.

Lo raro del caso es que, si bien Todd no trabajaba para ninguna agencia de inteligencia conocida, sospechaba, y así se lo hizo saber a sus allegados, que algunos de sus colegas en Singapur a sueldo de Huawei sí podrían estar espiándole por orden de Pekín, que querría hacerse con las patentes del nitruro de galio.

Los analistas han bautizado a esta nueva estrategia como la 'Nueva Guerra Fría', un conflicto que puede cambiar el mundo sin disparar una bala o lanzar un solo misil. China y Estados Unidos, con la permanente presencia de otras potencias como Rusia, Israel o Irán, se han enzarzado en una pelea virtual para controlar los sectores económicos estratégicos del planeta: desde los recursos hídricos a los minerales más raros, como coltán, cerio, neodimio, disprosio, tungsteno y molibdeno, o las materias primas más codiciadas.

Además, en las últimas dos décadas, el número de mafias especializadas en el robo de datos sensibles se ha multiplicado y hoy en día la Interpol calcula que este negocio se compone de hasta 3.000 organizaciones que pueden llegar a mover 250.000 millones de euros al año. Una cifra que supera con creces, por ejemplo, a la del tráfico de drogas.

Lejos de la imagen que tiene la mayoría de la gente, el ciberespionaje no lo llevan a cabo jóvenes solitarios en el garaje de la casa de sus padres intentado probar sus habilidades informáticas. La mayoría de estas mafias, que infectan a diario el mundo con cerca de 50.000 virus informáticos, la componen auténticos genios. A veces incluso actúan de intermediarios entre empresas y gobiernos para vender la información que logran 'secuestrar'. ¿De qué sirve gastarse miles de millones de euros en desarrollar sistemas informáticos espía si se venden en el mercado negro por un millón?

De este modo, todos los países han reforzado sus programas de seguridad con códigos supuestamente indescifrables y muros de programación impenetrables para proteger códigos de misiles balísticos, sistemas de abastecimiento de agua, luz o gas, centrales nucleares o el simple cableado de tráfico de sus ciudades.

A día de hoy, la ciberseguridad mueve alrededor de 38.000 millones de euros al año y crece a un ritmo de un 10 por ciento anual, según la empresa rusa Kaspersky. "Esto es un negocio, y como todo negocio están pringados todos, los buenos y los malos, porque la identidad de las personas es información muy valiosa y siempre hay un resquicio, una puerta abierta que puede valer millones", afirma rotundo a EL IMPARCIAL Kryonx, un hacker sevillano.

Sin ir más lejos, después de la ya mencionada campaña de ataques de la '61398', una de las más grandes operaciones cibernéticas de la historia fue obra conjunta de la Inteligencia de EEUU y del Mossad israelí y tuvo como objetivo, en 2010, el programa de armamento nuclear iraní, que se ha visto retrasado en numerosas ocasiones por los ataques de hackers militares. El virus fue bautizado como 'Stuxnet' y ya tiene su evolución hasta 20 veces más potente: 'Flame'.

Para este fin, puede que la clave definitiva la tenga el doctor Michael Rabin, un matemático que la semana pasada anunció la creación de un código indescifrable que consiste en que la clave de decodificación desaparece a la vez que se crea el mensaje cifrado. La idea no es nueva, pero nadie antes había logrado que funcionara y probarlo de forma matemática.

Sin embargo, la vieja guardia sigue vigente. Los espías a la antigua usanza siguen existiendo y desempeñando su peligrosa labor a lo largo y ancho del globo, si bien han dejado la gabardina, el periódico y el sombrero de ala ancha. Demasiado evidentes para los tiempos que corren. Este mismo sábado, la Policía Nacional detenía a tres supuestos agentes iraníes, dos hombres y una mujer, acusados de vigilar a la disidencia del régimen teocrático en España a instancias de la embajada persa en Madrid.

Así, desde el malogrado Alexander Litvinenko o la bella Anna 'Kushchenko' Chapman (foto), pasando por el matrimonio Anschlag, también a sueldo del Kremlin, la periodista peruana Vicky Peláez o el intrigante 'Prisionero X' israelí, todos son muestras de que el oficio de espía sigue muy vivo.

Sin ir más lejos, la nueva estrategia de Defensa aprobada por Estados Unidos contempla ampliar su plantilla en 1.600 agentes operativos para finales del año que viene. Unos espías que, según Washington, se centrarán en los grandes objetivos del país: los programas nucleares de Irán y de Corea del Sur, los movimientos islamistas africanos y la modernización de China, el gran rival.

Lo último de lo último
Pero, ¿qué sería del espía sin sus innumerables herramientas con las que tanto ha fantaseado Hollywood? Muchas de ellas son simples imaginaciones de guionistas, pero otras, por muy increíbles que parezcan, son reales y muy comunes.

Hoy en día, gran parte de la estrategia militar de Estados Unidos en Afganistán y en Irán se basa en los drones, aviones pilotados a distancia y dotados de la más alta tecnología en sistemas de vigilancia y armamento. Tal es su valía, que de un tiempo a esta parte la Secretaría de Defensa autorizó su uso como arma de ataque y se los equipó con misiles guiados por láser.


Un dron del ejército estadounidense. Foto: Efe


Sin embargo, el alto número de víctimas civiles que causan ha llevado a los especialistas a evolucionar el diseño y aplicarlo a la naturaleza. Lo último en ese sentido son los 'fly-drons', moscas, libélulas o saltamontes equipados con cámaras, electrodos y sensores y guiadas a distancia para llegar hasta el objetivo. También existe su versión terrestre, aunque en este caso son las cucarachas las que hacen de huéspedes, y acuática, con anguilas. Se espera que puedan estar operativos de aquí a pocos años.

Estos dispositivos serían una evolución de los mini-drones de 10 centímetros bautizados como 'Black Hornets', que ya usa el Ejército británico, cuyo coste asciende a los 144.000 euros por unidad y de los que se han encargado, hasta la fecha, 160.

Otro 'juguete' que ha saltado de los cómics a los laboratorios y de ahí a las operaciones son los tejidos invisibles: capas o prendas con átomos capaces de interactuar con la luz y reflejar lo que hay detrás, tal y como asegura un equipo de investigadores escoceses.

También está el 'Spyphone'. Un dispositivo electrónico desarrollado por la Agencia Estadounidense de Defensa (DIA) que permite 'secuestrar' mediante impulsos electrónicos el contenido de un teléfono móvil a distancia sin que el usuario tenga conocimiento de ello. De este modo, se puede tener acceso a números de teléfono, cuentas bancarias, fotografías y otro tipo de información sensible.

Pero no siempre las innovaciones son tan sofisticadas. Esta misma semana se hacía público que el famoso 'zapatófono', ese inclasificable artilugio del que se servían Mortadelo y Filemón o el Inspector Gadget para comunicarse con sus superiores, se hará realidad en breve gracias a la empresa británica O2 Recycle, que pretende comercializarlo.


De izquierda a derecha, un anillo-pistola, unas gafas explosivas y un revólver dentro de un reloj de bolsillo.


Riesgos crecientes
Sin embargo, es en la electrónica donde el espionaje ha dado el mayor salto en los últimos años. Hoy en día, gracias o por culpa de la famosa 'aldea global' de MacLuhan, el hecho de que cada ciudadano esté conectado de manera permanente a un teléfono móvil, a un dispositivo GPS o a un ordenador hace que sea una víctima potencial de hackers, ya sean militares o independientes.

La llegada masiva de los 'smartphones' y las redes sociales ha facilitado a los piratas informáticos el acceso a una ingente cantidad de información personal (desde números de tarjetas de crédito hasta geolocalización pasando por gustos de consumo o relaciones personales) muy codiciada por delincuentes y empresas. En 2003 había en el mundo 500 millones de móviles, uno por cada diez seres humanos; en 2010 la cifra creció hasta los 12.500 millones, dos terminales por persona; y la estimación para 2015 es que esa cantidad se doblará.

En este sentido, "si tienes un iPhone o una cuenta en Gmail, hoy en día estás jodido", sentenció recientemente Julian Assange, responsable de Wikileaks recluido en la embajada ecuatoriana en Londres a la espera de ser juzgado por la filtración de miles de cables diplomáticos secretos estadounidenses. "Hoy en día se pueden colar en tu vida, suplantarla, ponerla patas arriba, dejarte sin un duro, cometer delitos por ti y tú, mientras, jugando a los bichitos tirado en el sofá sin saber nada; es real, pero la gente no se entera y se preocupa más de su ordenador, pero el móvil es mucho más peligroso", advierte Kryonx.

Es aquí donde el espionaje y la figura del Gran Hermano de George Orwell se cruzan en el camino. El Ejército estadounidense y la empresa contratista Northrop Grumman están desarrollando un sistema de inteligencia artificial que coordinará toda clase de información, desde la enviada por satélites o drones hasta la 'secuestrada' en móviles y ordenadores, para evaluar el riesgo que supone una zona concreta del planeta para sus intereses y enviar tropas de combate a ella o coordinar un ataque si lo creyera necesario. Se llama HARP, las siglas en inglés de Equipo de Reconocimiento Aéreo Heterogéneo y ya está siendo testado en el sudeste asiático desde una base en la isla de Guam.

Pero no sólo las personas son el blanco de este nuevo espionaje, las empresas también, incluso las más poderosas. A finales de 2009, el gigante Google fue víctima de un ataque orquestado, parecer ser, desde dos institutos tecnológicos chinos al servicio del Gobierno en lo que se llamó 'Operación Aurora'. Las hostilidades también afectaron a Adobe, Morgan Stanley, Yahoo o la ya mencionada Northrop Grumann.

Los códigos lograron infiltrarse en el corazón de la compañía del buscador (incluso algunos creen que se infectaron los ordenadores personales del propio consejo ejecutivo) y forzaron a la multinacional a retirarse del gigante asiático de la noche a la mañana en una decisión sin precedentes.

Los amantes de las conspiraciones aseguran que la llegada de los terminales de última generación al mercado no es sino una estrategia de Estados Unidos y China para tener controlados a los ciudadanos de todo el planeta, al más puro estilo autoritario de la película 'V de Vendetta', de los que se asegurarían tener información confidencial a diario mientras libran entre ellos su particular batalla por el control del mundo.

Sea como fuere, la nueva era del espionaje está ya aquí, aunque nosotros no la veamos, y será muy difícil escapar de ella, ya sea en la calle o en la red.
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