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crítica de cine

Tesis sobre un homicidio: ¿existe el crimen perfecto?

domingo 07 de abril de 2013, 11:59h
Los actores argentinos Ricardo Darín y Alberto Ammann protagonizan este thriller judicial sobre la siempre discutida posibilidad de cometer un crimen perfecto.
Es, sin duda, la intervención de estos dos actores lo que da a esta nueva coproducción hispano-argentina su valor esencial. Con un guión, firmado por Patricio Vega, que incluye inteligentes y profundos diálogos acerca de las diferencias entre lo que es cumplir la ley y la verdadera justicia, entre lo que es moralmente reprobable y lo que, aún siéndolo, cuenta, sin embargo, con el visto bueno de la ley, este thriller judicial sacrifica la intriga en aras del duelo dialéctico y creativo de ambos protagonistas. Como si se tratara de dos púgiles enfrentados en un ring policiaco y judicial. De una parte, Roberto Bermúdez, el abogado que abandonó desencantado el ejercicio de la profesión para dedicarse a la docencia, a quien da vida el siempre convincente Ricardo Darín, y, de otra, Gonzalo Ruiz Cordera, el estudiante modelo, hijo de un antiguo amigo de Bermúdez, más interesado en demostrar la injusticia de la ley y lo fácil que puede resultar quebrantarla, que en aprender las lecciones impartidas en un seminario de quince días por el profesor Bermúdez.

La lucha entre ambos se inicia casi desde el mismo comienzo del largometraje. Antes, sólo hemos conocido a Bermúdez a través de una breve imagen del mismo en estado semiinconsciente por culpa del alcohol que parece haber sustituido en su vida a la ex mujer que le dejó para casarse con un juez. A sus 55 años, Bermúdez se ha convertido en un tipo cínico y escéptico que sólo trata de enseñar a otros los elementos más importantes del derecho penal y, en concreto, de la investigación criminalística. Por lo menos, los que él conoce. Porque Gonzalo, en cuya piel se mete un irreconocible Roberto Ammann, está convencido de que él sabe mucho más que el profesor y enseguida intenta, de esa manera sutil de la que hacen gala los verdaderos artistas del engaño, ponerse en todos los aspectos por encima de su profesor. Claro, que el pasado, del que luego nos iremos enterando, tiene mucha culpa del duelo que Gonzalo parece querer entablar. Parece, porque la mayor intriga del filme será, precisamente, la de averiguar si el joven alumno es un frío asesino en la realidad o tan sólo en la mente paranoica de Roberto y si la acción criminal se debe a una venganza personal pergeñada a lo largo de toda una vida.

Durante una de las clases, se descubre el cadáver de una joven asesinada, brutalmente violada y golpeada, en el parking de la facultad justo enfrente del aula donde se imparte el seminario. Y una pista determinada, que para la policía no significa nada, es la que servirá a Roberto para empezar a sospechar de su alumno, porque da la sensación de tratarse de un mensaje que el asesino ha dejado especialmente para él, un mensaje que apunta de manera directa al primer debate que sobre el asesinato en general mantuvieron profesor y estudiante, nada más empezar la trama. Darín, acreditado maestro en eso de construir personajes con los que empatiza el público, enseguida nos hace partícipes de sus sospechas, miedos y dependencias, hasta conseguir que la cada vez más endeble historia rellene sus imperdonables lagunas a base de pedacitos de ese enorme actor que es, incluso sin parecerlo en ocasiones. Forma parte de su naturalidad, como si el personaje de turno fuera el que se apropiara del veterano actor argentino para mostrarse a través de él y no al revés. De hecho, sin él, “Tesis sobre un homicidio” se quedaría, aún más, sin contenido, perdiéndolo a medida que avanza la investigación que lleva en solitario el profesor porque ninguno de los personajes a los que pide ayuda cree en la autenticidad de su teoría. Su abierto final, de esos que al espectador suelen dejarle con una expresión de “Y, ¿ya está?”, acaba por hundir el conjunto de esta historia que empieza con promesas de inteligente misterio y termina, por desgracia, sin una convincente conclusión. Hasta Ammann, feliz descubrimiento de Celda 211, queda atrapado en esa sensación de falta de hilos, detalles, argumentos y respuestas de la que adolece la cinta dirigida Hernán Goldfrid y producida por Gerardo Herrero y Diego Duvkovsky, los mismos productores de la magnífica cinta “El secreto de tus ojos”. Mejor, ni entrar en comparaciones entre ambos filmes. Tampoco ayuda en absoluto la interpretación de Calu Rivero, en su rol de Laura Di Natale, hermana de la chica asesinada, que unas veces aparece sobreactuada y otras, demasiado inexpresiva o ausente.
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