El neurólogo español David Muñoz vive en Canadá desde 1980, país donde ejerce su profesión y donde ostenta el cargo de jefe de Patología en el Hospital St.Michael de Toronto, uno de los cinco hospitales adscritos a la Universidad de Toronto. Es en este centro sanitario donde desarrolla sus investigaciones sobre enfermedades neurogenerativas –Alzheimer, Parkinson, ELA y otras demencias-, afecciones a las que trata de encontrar remedio mediante la búsqueda de métodos de detección precoz. La Sociedad Española de Neurología reconoció en junio su labor científica con el Premio SEN Alzheimer.
La RAE describe “patología” como la rama de la medicina que se encarga del estudio de las enfermedades, pero usted es neurólogo. ¿En qué consiste entonces su cargo en el Hospital St. Michael de Toronto?Se trata de un cargo administrativo. Además de eso, también ejerzo como neurólogo. La patología es una especialidad diagnóstica similar a la radiología. Ni una ni otra intervienen directamente en el tratamiento, sino que proporcionan un diagnóstico.
¿Cuál es su mayor contribución a la investigación de las enfermedades neurodegenerativas?Para explicarlo necesito remitirme a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando se descubrió que las enfermedades infecciosas estaban causadas por gérmenes. El primer paso que se dio por entonces fue cambiar los criterios con los que se valoraban estas enfermedades, basados en síntomas –véase la fiebre-, por la identificación de cada uno de los gérmenes, las bacterias o los virus que causaban esas enfermedades infecciosas. Ese proceso, que llevó unos 30 años, permitió el desarrollo de los antibióticos. Es decir, se pasó de los síntomas a las causas. De acuerdo con esto, sólo cuando se pudo identificar cada uno de los organismos que causaban aquellas enfermedades infecciosas fue posible desarrollar antibióticos y vacunas para cada uno de ellos. El campo en el que yo trabajo es el de las enfermedades neurodegenerativas -Alzheimer, Parkinson, ELA u otras formas de demencia-. Una investigación en la que he participado ha concluido que todas enfermedades se parecen a las infecciosas en que acumulan una proteína específica. La acumulación de esa proteína es la causa fundamental de la enfermedad. Ahora bien, la clasificación basada en las proteínas, que es en lo que he intervenido, es distinta a la clasificación basada en los síntomas. Lo que proponemos, por tanto, es que la clasificación basada en los síntomas se abandone, es decir, que se actúe de la misma forma que en el caso de las enfermedades infecciosas.
¿De modo que los síntomas confunden?Sí, porque una misma proteína puede dar lugar a distintos síntomas y, por otro lado, un síntoma puede estar causado por distintas proteínas. Un ejemplo: una misma proteína que se llama alfa sinucleína puede presentarse en unos pacientes como un Parkinson y en otros, como una demencia muy parecida al Alzheimer sin serlo. Hasta ahora los tratamientos utilizados en enfermedades neurodegenerativas han sido sintomáticos y, a excepción del usado en los casos de Parkinson, han sido de eficacia muy modesta. Y, lo que es más importante, no cambian el curso de la enfermedad. No tienen ningún efecto, es decir, alivian los síntomas, pero la enfermedad sigue desarrollándose. El cambio de actitud es hacia los tratamientos que actúen sobre la base de la enfermedad y, por tanto, cambien el curso de la misma.
¿En qué situación se encuentra la investigación sobre proteínas de la que habla?En este momento no hay ningún tratamiento que ya esté disponible relacionado con lo que he explicado. Hay que dejar clara una cuestión: ningún tratamiento que modifique el curso de la enfermedad va a funcionar en pacientes que padecen enfermedades neurodegenerativas. Eso no va a ocurrir. Los tratamientos tienen que ser preventivos. Las neuronas perdidas no se van a recuperar. Recientemente me han dado una beca de investigación para averiguar métodos para intentar detectar Alzheimer mediante el análisis del fondo de ojo. Queremos saber si se puede hacer una correlación entre la información que se obtiene del ojo y la muestra obtenida del depósito del cerebro. Estamos trabajando en ello con unos pacientes específicos. Se trata de un método no invasivo.
¿Qué falta entonces?Hace falta tiempo. Los estudios de prevención en los que estamos participando ahora requieren más tiempo y más pacientes que los que tratan a personas con la enfermedad. Hemos descubierto que la enfermedad neurodegenerativa aparece en el cerebro muchos años antes de que lo hagan los síntomas, en torno a cinco años antes. Trabajamos, por tanto, en la manera de identificar a estos pacientes que ya tienen el depósito de proteínas en el cerebro, pero aún no tienen los síntomas. Ese sería el momento del tratamiento de prevención.
En el caso del cáncer de próstata, un análisis de sangre y el tacto anal sirven como método de prevención. Cuando se trata de diagnosticar una enfermedad neurodegenerativas, ¿en qué consiste?Eso sería lo ideal, pero no tenemos un método tan bueno como el de la próstata. Hoy por hoy contamos con dos pruebas: sacar líquido cefalorraquídeo, que se obtiene mediante una punción lumbar, o a través de procedimientos de imagen, que son muy costosos.
¿Así que un reto es mejorar esos métodos de detección precoz?Ese es uno de los retos fundamentales. Necesitamos desarrollar esos procedimientos. Sólo eso va a funcionar.
El Alzheimer es una de las principales líneas de investigación de la neurología, ¿también es la que más preocupa?Si hablamos de números, la cantidad de personas con enfermedad de Alzheimer va a crecer mucho en los próximos años, aunque no porque se vuelva más frecuente, sino porque la población envejece cada vez más. Hoy en día, mucha gente vive más allá de los 85 años. Sabemos que un 40 por ciento de la población que supera esa edad padece Alzheimer, aunque el porcentaje varía si se tienen en cuenta los casos leves o no. El coste que supone para el Estado cuidar de estos enfermos es enorme. Eso no pasa tanto en España, donde culturalmente la familia tiende a cuidar a los mayores. En Canadá están internos en instituciones.
¿Y la vacuna del Alzheimer? ¿La ve como una utopía?No es una utopía. La vacuna puede que funcione, siempre y cuando se utilice en personas que no han desarrollado la enfermedad. La vacuna contra estas enfermedades funciona en animales desde hace 10 años, aunque más como método preventivo que como tratamiento. Cuando se hizo el experimento en humanos, se llevó a cabo de forma equivocada en pacientes con la enfermedad, quienes no tuvieron una mejoría clínica. Sin embargo, en varios de ellos se observó que la proteína era eliminada gracias el tratamiento. Que no hubiera mejoría clínica era lo esperado, ya que una vez que la proteína causante del Alzheimer inicia el proceso, las neuronas estás muertas y nada las va a recuperar. No hay forma de revivir una neurona. En otras palabras, revivir una neurona es como revivir un muerto. Por eso, lo importante es llevar a cabo el tratamiento antes de que muera la neurona. El problema que hubo con aquel intento de vacuna es que se dieron casos de encefalitis y muerte. Después de que se suspendiera el ensayo, han sido desarrollados otros intentos como crear anticuerpos de forma pasiva, pero ha tenido resultados muy modestos.
¿Un estudio de genoma también es útil?La genética tiene un papel muy importante en un porcentaje muy pequeño de personas. Aproximadamente un 1 por ciento de sujetos tiene una enfermedad neurodegenerativa genéticamente determinada. En ellos el análisis genético es fundamental. Para el resto, este tipo de estudios sólo determinan un porcentaje de riesgo, lo cual es menos satisfactorio de cara a la detección precoz. Las asociaciones de neurología canadiense, estadounidense y española no recomiendan que se utilice este método entre la población general, pero sí en pacientes que tengan un historial hereditario con las debidas precauciones. Un equipo que lo hace muy bien en España es el de José Luis Molinuevo del Hospital Clínic de Barcelona.
¿Es la neurología una especialidad agradecida? ¿Obtienen más resultados satisfactorios que negativos?Depende de la enfermedad de la que se trate. En algunas áreas de neurología ha habido avances importantes en cuanto al tratamiento, pero en otras, como es el caso del trastorno neurodegenerativo, nos encontramos en una fase larga de identificación, de lograr métodos diagnósticos y de dar con tratamientos. Somos conscientes de que la gente quiere ya los tratamientos, pero sabemos que para llegar a eso hay que abordar antes otras cuestiones.
En 2002, la Sociedad Española de Neurología tildó de “miserable” la situación de la neurología en España. Han pasado 10 años, ¿ha habido alguna mejoría?No soy la persona más adecuada para dar esa evaluación. Lo que sí puedo decir es que en España hay personas que hacen una neurología de enorme calidad. Sin ninguna duda.
Ha investigado en Estados Unidos, Canadá y España. ¿Qué diferencias hay en el método de financiación?En Canadá contamos con una financiación estable y un sistema flexible que nos permite disponer del tiempo que consideremos necesario para investigar. En España, la impresión que tengo es que la Administración vive en otro mundo. Hay algo que me sorprende mucho. En Canadá, cuando tenemos un congreso nunca viene nadie vinculado a la política. En España, por nada asisten cinco o seis representantes políticos para soltar un discurso y no decir nada.
¿Guarda buen recuerdo de España?No añoro España porque voy bastante. Me he hecho a mi vida en Canadá, así que prefiero vivir aquí. Vista desde fuera, la situación de España de aquí a 10 o 20 años es muy problemática. No me refiero sólo la ciencia, sino a todo el país, aunque no hay duda de que la ciencia es una víctima colateral de lo que ocurre.