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crítica de cine

La mejor oferta: Tornatore encuentra otra vez la clave del éxito

domingo 07 de julio de 2013, 12:47h
Giuseppe Tornatore ya ha arrasado en la taquilla italiana con este filme de amor y suspense protagonizado por Geoffrey Rush, que acaba de estrenarse en nuestras salas.
Han pasado más de 20 años desde que el cineasta italiano alcanzara fama internacional con Cinema Paradiso, el filme que le valió un Oscar y que, a juicio del público y de la crítica, nunca había llegado a superar. En realidad, ni siquiera a igualar. Aunque no hay duda de que Tornatore siempre ha contado con un público fiel a su trabajo, sus nuevas propuestas no habían llegado en general a convencer, sobre todo, si hablamos de la industria cinematográfica de fuera de Italia. Con “La mejor oferta”, sin embargo, Tornatore vuelve a situarse en lo más alto – ya cuenta con seis David de Donatello en categorías como Mejor Película, Mejor Director y Banda Sonora, a cargo de Ennio Morricone - y la meta internacional se vislumbra desde el interior del propio proyecto, ya que la película ha sido rodada en inglés y en ella no aparecen intérpretes italianos. Cuenta, además, con dos grandes estrellas del cine internacional, Donald Sutherland y Geoffrey Rush, éste último protagonista indiscutible de una historia que, en todo caso, lleva la reconocible marca del director siciliano, esa forma tan suya de tratar los sentimientos más íntimos de los personajes.
En su nuevo trabajo, Tornatore es capaz de introducirnos en esos sentimientos íntimos sin perder el ritmo de una historia que tiene su propio trasfondo, con cierta dosis de intriga, que se va mostrando de una forma tan sutil como efectiva para que, al final, todos aquellos pequeños detalles que parecían cabos sueltos acaben encajando a la perfección igual que esos menudos engranajes que el propio protagonista, Virgil Oldman, va encontrando desperdigados por los rincones de una antigua villa llena de obras de arte. Oldman, magníficamente interpretado por Rush, es un subastador de arte entrado en años, maniático, soberbio y solitario, que prefiere estar en contacto con los valiosos objetos que subasta que con las personas que le rodean. Lleva siempre las manos enfundadas en unos guantes que sólo se quita para tocar algún cuadro especialmente bello y su mal humor hace que nadie de su entorno se atreva a llevarle la contraria. Su llegada al viejo caserón se debe a la increíble insistencia de Claire, una joven impredecible, frágil y asustada, que le explica por teléfono, entre lágrimas y súplicas, su imperiosa necesidad de proceder al inventario para la venta de todos los objetos que han quedado en la casa después del inesperado fallecimiento de sus padres dos años antes. Pero lo que experimenta el aparentemente insensible subastador no es lástima hacia la desvalida joven a la que da vida la holandesa Sylvia Hoeks, sino una creciente intriga que se verá transformada, primero, en afán protector y, finalmente, en un profundo amor.
El viejo solitario ha encontrado a una mujer en apuros a quien tiene que salvar, porque ella está aún más sola que él. La agorafobia que padece le obliga a permanecer encerrada en una habitación en cuya pared hay un pequeño agujero a través del cual empieza a comunicarse con un Virgil cada vez más atrapado por una historia tan a su medida que, incluso, acaba olvidándose de los guantes, de su aversión por los teléfonos móviles y, en general, de sus miedos, esos tan profundos que sólo conocen de verdad sus dos únicos confidentes hasta la fecha, el viejo Billy, en cuya piel encontramos a Donald Sutherland, y el joven Robert (Jim Sturges), un experto en mujeres que le irá ilustrando en el único arte que hasta ese momento no había interesado a Virgil: el de cortejar a una mujer. Tornatore empieza entonces a ir desprendiendo con maestría las capas de su protagonista, hasta alcanzar la esencia, mostrando el poder del amor, que puede transformar a cualquiera que anhele de verdad conquistar a la persona amada. Virgil se convierte en otra persona, igual que, en realidad, van mutando al mismo tiempo los demás personajes de la original e interesante trama, a quienes el director construye con naturalidad y solvencia, permitiendo que nos den ciertas pistas para que no se nos olvide que la historia, además de amor, encierra otras ocultas ambiciones.
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