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Sangriento fin de semana en Irak

lunes 12 de agosto de 2013, 08:11h

Desde principios de año se viene produciendo un gran incremento de la violencia en Irak, multiplicándose los atentados, hasta alcanzar en julio la cifra de más de un millar de muertos y un sinfín de heridos, los números más altos desde 2008, según datos de Naciones Unidas. Esta terrible violencia ha tenido un punto álgido este último fin de semana con una oleada de diecisiete ataques simultáneos con coches bomba, que sembraron de cadáveres Bagdad y otras ciudades del país, como Kerbala, Nasiriya y Tuz Khurmaton. Se estima que esta brutal ola de atentados, que ha coincidido con la festividad del Eid -final del Ramadán-, se ha cobrado cerca de ochenta muertos y más de un centenar de heridos. Las bombas fueron puestas en zonas de mayoría chiíe, en céntricas calles, muy concurridas, y afectaron a cafés, restaurantes y tiendas. El explosivo que causó más muertos, estalló en un mercadillo al aire libre de Bagdad.

El propio Ministerio de Interior iraquí ha reconocido que se encuentran sumidos en “una guerra abierta”. Una “guerra” que está desangrando Irak y cuyas autoridades parecen incapaces de controlar. El secular odio extremo y sectario entre chiíes, mayoría en el país, y que lidera el Gobierno, y los suníes, que fueron privilegiados durante el mandato de Sadam Husein, y que hoy se sienten marginados, lejos de encontrar vías de acercamiento va cada vez a más. La hostilidad entre los dos grupos islamistas de chiíes –mayoría en el mundo árabe- y suníes tiene a sus espaldas una larga historia que se remonta a la época de la muerte de Mahoma y se apoya en diferencias de carácter político y doctrinal. La violencia entre ambos tiene cruentos y continuos episodios en todo el ámbito islámico, y muy especialmente en Irak y Siria.

El brutal enfrentamiento entre las dos corrientes del islam genera una inusitada violencia que, lo que resulta más inquietante y peligroso, si cabe, es siempre aprovechada y azuzada, cuando no provocada directamente, por el islamismo radical, sobre todo a través de los terroristas de Al Qaeda, que como alimañas logran mantenerse en activo, y encontrar nuevos santuarios sangrientos, como ahora en Yemen, desde los que desplegar sus criminales tentáculos. La comunidad internacional asiste con lógica preocupación al incremento de la violencia en el mundo islámico, que no se libra de ella, como también estamos viendo, ni en los países donde, como flor de un día, pareció establecerse la denominada “primavera árabe”.
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