La penúltima corrida de abono de los Sanfermines se cerró hoy con un balance de sendas orejas, concedidas a Manuel Escribano y Jesús Enrique Colombo, pero de muy escaso valor tras faenas sin brillo ni verdadera apuesta frente una corrida de Miura medida de raza y muy manejable en su conjunto.
La legendaria ganadería sevillana mandó a Pamplona un encierro con una media de 620 kilos de peso, aunque ninguno de los ejemplares tuvo un gran cuajo, sino todo lo contrario, y fue con esa soltura de carnes como se movió con sosona nobleza y la entrega suficiente para no plantear ni un problema irresoluble, más allá de la leyenda de la divisa.
De tal forma, la terna de matadores, supuestamente especialistas en la cara más dura de esta ganadería, apenas encontró problemas para lidiarla y matarla, pero tampoco el acierto suficiente para aprovechar en la debida medida esa noble manejabilidad, e incluso la profundidad de algunas embestidas, de la mayoría del encierro enviado desde la finca "Zahariche".
El lote más completo, hasta con calidad a la hora de descolgar su serias cabezas, fue el del venezolano Jesús Enrique Colombo, que no se pasó nunca cerca esas buenas embestidas sino que las desplazó por las afueras ya desde el ventajismo de los cites.
Con un capote pintado con un mensaje de ánimo a sus paisanos por los daños de los recientes terremotos -"Fuerza Venezuela"- el suramericano se alargó en un muleteo superficial y despegadísmo ante un tercero que se partió el pitón izquierdo, aun sin perderlo, en el desajustadísimo tercio de banderillas que el venezolano compartió con Escribano.
Pero, buscando la complicidad de las peñas, Colombo aún se alargó en un final efectista para tumbar al de Miura de un feo bajonazo que por sí mismo demeritaba, además de los pésimos muletazos anteriores, la concesión del baratísimo trofeo que paseó.
Y todavía tuvo oportunidad de repetirlo con el sexto, que humilló con calidad y profundidad sobre todo por el lado izquierdo, sin que el venezolano apurara esas virtudes en un solo pase durante una faena mucho más movida y desajustada, y tan larga que dio tiempo a que sonaran hasta dos avisos.
El otro trofeo de rebajas lo había paseado Manuel Escribano del "miura" que abrió plaza, también banderilleado a dúo, y que, a falta de un punto mayor de clase, tuvo una pajuna nobleza que el sevillano movió vulgarmente antes de otra estocada baja que ya de por si demeritaba el premio.
Tras recibirlo también a portagayola, Escribano no acabó luego de apostar con el cuarto, de muy buenas hechuras y más que manejable, en un trasteo sin apuesta en el que el animal acabó punteando el destemplado engaño antes de un final populista que despertó una escasísima petición de otro trofeo antes de que el de Gerena se marcara una vuelta al ruedo por su cuenta.
El segundo espada del cartel, el también sevillano Pepe Moral, sacó los únicos muletazos estimables de la tarde al segundo, ya al final de una faena en que ayudó a romper tras los engaños a un animal desrazado que tomó así algo de celo, pero al que no mató bien.
En cambio, el quinto, el más alto y de peores hechuras del sexteto miureño, fue el que más se defendió y el más reacio a tomar el engaño, calamocheando constantemente a los engaños de un Pepe Moral que desistió pronto y que macheteó con oficio pero que luego tuvo que perseguirlo durante toda una vuelta al ruedo, con el animal barbeando tablas, tras su defectuosos ataques con el acero.
Ficha del festejo
Seis toros de Miura, con las hechuras típicas de la casa: altos de agujas, largos y de mucha caja, y sueltos de carnes. En cuanto a juego, dentro de su medida raza y fuerzas, fe en general una corrida pajuna, noblona y muy manejable, sin problemas, a falta de mayor bravura y empuje, salvo el lote de Colombo, que tuvo más calidad en las embestidas.
Manuel Escribano, de azul noche y oro: estocada baja (oreja); media estocada trasera (vuelta al ruedo por su cuenta tras leve petición de oreja y aviso).
Pepe Moral, de blanco y plata: media estocada atravesada y descabello (silencio); pinchazo, metisaca en los bajos, estocada atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso).
Jesús Enrique Colombo, de corinto y oro: bajonazo (oreja tras aviso); estocada trasera tendida desprendida y descabello (silencio tras dos avisos)
Noveno y penúltimo festejo de la feria de San Fermín, con lleno (19.500 espectadores) en tarde de nuevo de calor sofocante.