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Crónica cultural

El regreso de la literatura fantástica

viernes 13 de diciembre de 2013, 15:27h
Serge Poliakiff, el sueño de las formas, Musée d’Art Moderne de Paris. Hasta el 23 de febrero. La editorial Atalanta Antología universal del relato fantástico de los siglos XIX y XX, con relatos de Cortazar, Edgar Allan Poe y Honoré de Balzac entre muchos otros autores.
Cuando en 1983, Ítalo Calvino publicó Cuentos fantásticos del XIX (Siruela) no se imaginaba el auge que desde comienzos del siglo XXI, iba a tener el cuento fantástico. Cercano a la novela negra en muchos aspectos, hace poco Stephen King recordaba el éxito de este género que ahora más que nunca, aúna también las teorías del esoterismo. La humanidad ha dejado de creer en una realidad palpable y se ha abierto a nuevas teorías que aceptan otro tipo de realidades.

Por eso, esta Antología universal del relato fantástico que publica estos días la editorial Atalanta, sería, de cierta manera, una continuidad del volumen de Ítalo Calvino. El editora de Atalanta, Jacobo Siruela que ha dirigido también el volumen, apuesta por cincuenta y cinco cuentos como los mejores del siglo XIX y XX. Textos de H.P. Lovecraft, Julio Cortázar, Edgar Allan Poe, Honoré de Balzac, Adolfo Bioy Casares, Henry James, Junichiro Tanizaki, Guy de Maupassant, entre muchos otros. Jacobo Siruela es un experto en género fantástico y sobrenatural.

Además, en París, en el Museo de Arte Moderno, no hay que perderse la exposición del ruso Serge Poliakoff (1900-1969), expuesta hasta el 23 de febrero. La muestra reúne 70 piezas de importante tamaño que invitan al espectador, nada más entrar en el Museo, a un meditado silencio. Colores, formas y luces. La imaginación de cada cual vuela como quiere hacia sus mundos interiores. Poliakoff pertenece a las vanguardias abstractas. Llegó a París en 1923, huyendo de la Revolución Rusa de Octubre. Empieza ganándose la vida en cabarets, animando a los clientes con su guitarra. En la exposición, un video muy interesante ilustra esta vida bohemia y alegre. Hasta el año 1929, Poliakoff no decide dedicarse enteramente a la pintura e ingresa en una de las Academias con prestigio de París. Dos años más tarde expone en Drouant. En 1937, la Galería Zak organiza su primera muestra individual, iniciando así una carrera cada vez más activa y con éxito creciente. La influencia de sus dos amigos Sonia y Robert Delaunay es evidente y entre ellos nace una corriente abstracta que trazará las líneas directrices de la abstracción de las generaciones siguientes.

Esta exposición, que llama a la contemplación en un mundo sumido en la vorágine, esta teniendo mucho éxito en Francia.
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