Artificios contables
miércoles 19 de febrero de 2014, 00:52h
El Banco de España ha actualizado los datos de deuda pública, que arrojan un 94 por ciento del PIB. Es pertinente recordar que en 2007, el último año que no pilló de lleno la crisis, la deuda suponía un 36,3 por ciento. Eso quiere decir que durante la crisis nos hemos endeudado un 57,7 por ciento del PIB. Esta loca carrera hacia la deuda pública no ha solventado, como suponía Rodríguez Zapatero, los problemas del sector público. Antes al contrario, pues ha dificultado su financiación, y añade casi un 60 por ciento de la producción anual de carga sobre ella.
Otra vía por la que esa mayor deuda ha supuesto una carga para el sector privado es por medio de los impagos. La morosidad de las Administraciones Públicas ha supuesto para muchos empresarios, especialmente para los autónomos, una cruz que ha acabado por hacer saltar por los aires, en muchos casos, su capacidad financiera. Y que amenaza al resto, bien directamente, bien en cadena.
El plan de pago a proveedores ofrece a las administraciones autonómicas y locales acceder a una financiación del Estado para hacer frente a su deuda con particulares y empresas. Luego, el Estado recupera lo prestado en forma de menores transferencias a estas Administraciones. Y todo ello se hace a un coste relativamente bajo, que es al que se financia el Estado. Eso lo podemos decir ahora, porque hace sólo unos meses los inversores extranjeros no se fiaban del Tesoro español, y sólo nos fiaban a un alto interés. Eso, afortunadamente, ha cambiado.
Ahora arrancan los pagos correspondientes al tercer y último plan de pago a los proveedores. Lo hacen con retraso, porque el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha preferido computarlo al presente ejercicio, de modo que no se contabilice en el año pasado. Con este artificio contable ha logrado que el endeudamiento no haya superado, en 2013, lo previsto por el Gobierno. Un artificio que le permite lavar la cara, pero no aminorar su endeudada realidad. Y que ha supuesto un sufrimiento extra para quienes esperan, como agua de mayo, una financiación que ha tenido que darse en febrero del año siguiente.