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El BIS advierte:la deuda no es el camino para crecer

José Carlos Rodríguez
miércoles 02 de julio de 2014, 22:54h
Actualizado el: 07/03/2014 16:59h

El Banco de Pagos Internacionales publica su informe anual. Por J.C. Rodríguez

A juicio del BIS, la recuperación es cierta, pero los desequilibrios que llevaron a la crisis no han desaparecido del todo, así como las fuerzas que han conducido hacia ella. De modo, señala la institución, que “para sobreponerse a este legado, la política necesita ir más allá de su enfoque sobre el ciclo económico. También necesita atender los riesgos macroeconómicos a largo plazo acumulativos y en cadena que caracterizan al ciclo, así como huir de la deuda como principal impulso del crecimiento”. Estas últimas palabras deberían estar grabadas en oro. Incluso en platino, si fuera necesario.


 


Los países que acarrean, precisamente, las consecuencias de esa fácil y peligrosa carrera hacia la deuda, deberán purgar sus excesos y hacer reformas estructurales que faciliten la liquidación de los proyectos sin respaldo, iniciados en las épocas de crédito desbocado. Ahí estamos nosotros. Pero luego están “un número de economías que han escapado de los peores efectos de la crisis financiera”, y “cuyo crecimiento ha sido impulsado por los fuertes booms financieros”. ¿Qué es lo que hay que lograr? “Poner más énfasis en refrenar los boom y en fortalecerse ante un eventual pinchazo”. Y eso conduce... sí, a más reformas económicas.


 


Los países afectados por la crisis financiera de 2007-2009 han visto cómo la deuda privada de empresas y familias ha comenzado a reducirse en relación con los ingresos, pero ese descenso ha sido muy moderado. Por otro lado, las economías emergentes, que han escapado estos años a la crisis financiera, han crecido rápidamente en estos años gracias a la financiación de los mercados internacionales, por lo que su posición financiera es más débil de lo que aparenta. E insiste en lo que señaló en el informe de 2013, y en el de 2012, y en el de 2011... Este año lo hace con estas palabras: “Los países podrían encontrarse en una trampa de la deuda: buscan estimular la economía por medio de tipos de interés bajos, que fomentan la creación de incluso más deuda, lo que en definitiva se añade al problema que se quiere resolver”.


 


Según entiende lo ocurrido en los últimos años, la crisis económica, no ha aparecido de la nada, sino que es el fruto de “fuerzas poderosas” que han estado activas durante años, “cuando no décadas”. Esas fuerzas sigue presentes.


 


El ritmo de crecimiento es cercano al de los años 2000', previos a la crisis. “Pero continúa el fallo en el camino hacia el crecimiento”. Es más, “cuanto más a largo plazo es la mirada del crecimiento, más lejos está de ser brillante”. La primera prioridad es “completar el saneamiento de los balances de los bancos, y apuntalar el de los sectores no financieros más afectados por la crisis”. Y “más énfasis en reparar y reformar implica una gestión menos expansionista de la demanda”.


 


“Los pinchazos revelan asignaciones erróneas de los recursos y deficiencias estructurales que han sido enmascaradas temporalmente por el boom”. Sus efectos son devastadores, y los gobiernos quieren salirse de esa situación con rapidez, como manda el corto ciclo político. Pero esta urgencia causa problemas. “Cuando fallan las respuestas políticas desde una perspectiva a largo plazo, corren el riesgo de atender el problema al coste de crear uno mayor en el camino. La acumulación de deuda en los sucesivos ciclos económicos y financieros es el factor decisivo”. “En no poca medida, las causas de los males posteriores a la crisis son los mismos que los de la propia crisis: Yacen en un fallo colectivo para atajar el ciclo financiero”. La respuesta que hemos seguido no es esa, sino la de apostar por una política monetaria laxa. Pero “el riesgo es que, con el tiempo, la política monetaria pierde tracción, mientras que sus efectos secundarios proliferan”.


 


Por un lado elevar los requerimientos de capital de los bancos, así como rebajando los ratios de los créditos sobre el colateral, para que el sistema financiero sea “menos procíclico”. Y, por otro lado, la respuesta de los bancos centrales a los primeros signos de burbuja debe ser más pronta y eficaz. Y coordinada internacionalmente. Y eso se debe completar con una política basada en la economía de la oferta: “Una buena política consiste menos en la búsqueda de empujar el crecimiento a toda costa que en retirar los obstáculos que lo están reteniendo”.


 


En definitiva: el análisis es muy fino y ajustado, y las recomendaciones van en la buena dirección. Pero parecen insuficientes.

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