Buena parte del territorio iraquí se está convirtiendo en un escenario dantesco, en el que cada día se duplica la más atroz violencia. El Estado Islámico (EI) se impone a sangre y fuego en Irak desatando una auténtica masacre y un éxodo masivo. Los testimonios de los supervivientes resultan estremecedores en un crescendo del terror más absoluto. El Estado Islámico tiene ya en su siniestro haber miles y miles de víctimas en macabras actuaciones donde, además de matar, practican la tortura y se regodean en el sufrimiento haciendo gala de una impiedad sin límites. Secuestros, venta de mujeres en los zocos, edictos para obligar a la ablación, enterramientos de personas vivas, incluidas mujeres y niños, “adornar” un pueblo con cabezas cortadas, grabar ejecuciones y fotografiarse con los cadáveres a modo de espeluznante souvenir son hoy el pan nuestro de cada día en Irak.
En la historia universal de la infamia se escribe en estos momentos uno de sus más terribles episodios protagonizado por los yihadistas del Estado Islámico que están cometiendo un verdadero genocidio contra quienes consideran infieles. Así aplastan no solo a todas las etnias y religiones que no sean la islamista entendida a partir del más extremo fundamentalismo que utiliza el Corán como instrumento de muerte y destrucción. También a los propios suníes, grupo que domina el Estado Islámico, que no sigan estrictamente su radical interpretación de la doctrina de Mahoma.
Las siempre negativas consecuencias del fundamentalismo religioso están teniendo en lo que sucede en Irak un desarrollo especialmente sangriento. ¿Qué pasaría si el Estado Islámico y su líder, el despiadado Abu Bark al Bagdadi, lograran imponer el inmenso califato que pretenden? Está claro que la comunidad internacional no puede permitir que el Estado Islámico se siga expandiendo y cometiendo crímenes de lesa humanidad. Estados Unidos ha intensificado la ofensiva aérea contra posiciones yihadistas, pero si el terror no cesa habría de plantearse todas las acciones y contundencia necesarias para acabar con él. Obama cerró en falso la guerra de Irak y ahora el yihadismo campa a sus anchas. La lucha contra el genocida Estado Islámico no puede quedarse a medias.