El caso de contagio por ébola ha puesto el acento en el traje que vestía la auxiliar de enfermería Teresa Romero mientras atendía al misionero fallecido por esta enfermedad. Ante todos los comentarios sobre estos equipos de protección individual (EPI), que así se llaman técnicamente, utilizados por parte del personal sanitario, la Asociación de Empresas de Equipos de Protección Personal (ASEPAL) asegura que "constituyen una barrera eficaz en la protección de la salud y seguridad del usuario del equipo".
Resalta que estos trajes han sido diseñados y ensayados con la única finalidad de asegurar que presentan una serie de características y requisitos destinados a proteger al usuario que los lleve frente a uno o varios riesgos que amenacen su seguridad y salud.
En este sentido, el presidente de ASEPAL, Luis del Corral, ha explicado a EL IMPARCIAL que “la empresa que ha suministrado los trajes al Hospital Carlos III –que está dentro de esta entidad–es una empresa muy seria, lleva muchos años trabajando en este sector, cumple y da absolutas garantías”.
Sobre si son los adecuados contra el virus del ébola, el presidente de esta asociación que agrupa a los fabricantes y distribuidores de estos equipos de protección individual apunta que “los equipos de protección que tienen que cubrir ese riesgo son seguros, todos cumplen la normativa”.
Por otra parte, recuerda, también “está el problema de las administraciones que compran un producto del que no tienen experiencia porque no es habitual”. Señala que “hay un gran desconocimiento sobre determinados productos porque no estamos acostumbrados”.
¿Cuánto cuesta un traje especial para ébola?
Ante la asociación que hace de que los recortes en Sanidad redunda en la calidad de los trajes, el máximo responsable de ASEPAL no cree que vayan por ahí los problemas, porque “dependiendo del nivel de protección que vaya a dar el equipo de protección individual, los hay desde 35-40 euros hasta 150 euros”.
¿Cómo tiene que ser un traje para trabajar en un entorno con ébola?
Del Corral destaca que los epi, sean del sector sanitario, del industrial o de otros servicios, desde que se instauró el mercado único europeo tienen que cumplir una serie de requisitos que impone una directiva europea. Los equipos, según el uso y la finalidad están categorizados.
Explica que “los trajes para trabajar con ébola son los de categoría III, que son los destinados a riesgos mortales” o que dañen grave e irreversiblemente la salud del usuario”. En este caso, recuerda, “los equipos deben ser sometidos a rigurosos controles por parte de laboratorios independientes nombrados directamente por los Estados Miembro de la Unión Europea, los organismos notificados”.
Y, en cualquier caso, “hay protecciones distintas porque distintos son los trabajos”. “No es lo mismo entrar en una sala donde hay ébola y hay que pinchar al paciente, que tener que cambiar la ropa o limpiar heces, pero todos los trajes cumplen la normativa”, afirma.
“Otra cosa –señala– es que para un determinado riesgo se compre un traje que no cubre ese riesgo. Eso es responsabilidad del técnico sanitario que ha pedido el traje, no porque el fabricante que ha suministrado ese equipamiento dé fallo”.
Desde ASEPAL se insiste en que “en la selección del equipo se deberá analizar cuidadosamente la naturaleza y magnitud de los riesgos, las características de la tarea a realizar y de los trabajadores que la llevarán a cabo”. Igualmente, “se observarán escrupulosamente las indicaciones que el fabricante del equipo proporciona, ya que una utilización que se aleje de estas instrucciones podría comprometer el nivel de protección previsto por el fabricante en su diseño”.
Qué equipo es obligatorio para prevenir el contagio de ébola
Las autoridades sanitarias competentes han diseñado las medidas necesarias para el control y prevención del contagio de la Enfermedad por el Virus Ébola (EVE). En este procedimiento se definen los epi que deberán ser usados por los que vayan a entrar en contacto con el paciente o sus fluidos corporales.
Su uso debe realizarse siempre con la formación necesaria sobre su correcta utilización. Así, según el documento Guía de la OMS, el personal deberá ir equipado con los siguientes epi:
Guantes: deberán usarse guantes de examen no estériles de un solo uso, debiendo usarse dos guantes cuando se entre en contacto con los fluidos del paciente. Se deberán cambiar los guantes cuando éstos estén severamente contaminados con sangre o fluidos corporales. Además se llevará a cabo una limpieza exhaustiva de manos tras su retirada.
Ropa de protección: deberá ser impermeable y desechable, cubriendo cualquier parte del cuerpo expuesta al posible contacto con fluidos corporales del paciente infectado.
Los trajes deben superar una serie de ensayos específicos y comunes para todos los fabricantes que tienen como fin evaluar la resistencia del epi a la vez que determinan el nivel de protección del traje.
Protección respiratoria: La OMS define como necesario para el personal que entre en contacto con el paciente o sus fluidos mascarillas filtrantes FF P2 según la norma EN 149:2001+A1:2009.
El uso de piezas faciales como medias máscaras o máscaras completas, certificadas según las normas EN 140:1998 y EN 136:1998 respectivamente, implican su correcta descontaminación después de su uso. Las piezas faciales se utilizarán conjuntamente con filtros de partículas P2 (o P3, según el nivel de riesgo que determine la correspondiente evaluación) certificados según la norma EN 143:2000 y su enmienda EN 143:2000/A1:2006. Las máscaras completas ofrecerán adicionalmente protección ocular al usuario.
Protección ocular: El personal deberá llevar pantalla facial o gafas de montura integral junto con una máscara de forma que se prevengan las salpicaduras de líquidos contaminados. Ambos tipos de protectores deben llevar marcado el campo de uso 3 en sus monturas.
Calzado: se deberá usar calzado cerrado y resistente a la perforación y penetración de fluidos. Pese a que no existe ningún tipo de norma específica de calzado frente a agentes biológicos, el calzado según EN 13832-3:2006 debe superar una serie de ensayos destinados a evaluar su resistencia a la penetración y degradación por sustancias químicas líquidas.