Es menester atarse bien los machos para seguir y analizar con decencia a Podemos. Todo un acontecimiento político que es menester estudiar con seriedad. Este nuevo partido político es ya la tercera fuerza en intención de voto sin haber aprobado aún su Programa definitivo. Por eso, sigo con puntualidad las declaraciones de sus líderes y militantes; escucho despacio lo que dicen sus futuros votantes, que hallo en todos los estratos de la sociedad española; trato de leer todo lo que se escribe sobre ellos y, sobre todo, sigo de cerca la elaboración de su programa político. Y la cosa es más compleja de lo que dicen sus críticos. Al principio, creí tener un juicio formado sobre el fenómeno; pero, cuando contrasté la opinión de lo que se decía sobre sus líderes y los textos que ellos defendían, tuve que rectificar mi opinión. Hay una distancia enorme entre sus “críticos”, en realidad, sus descalificadores “morales” y lo que ellos mantienen realmente en sus discusiones y papeles.
Po lo tanto, es menester reconocer que sin respeto por lo real no hay posibilidad de análisis político. Muchos se empeñan en demonizar a Podemos sin valorar lo que dicen, o peor, reducen su discurso a tópicos y prejuicios que circulan por las redes sociales. Hacen mal y caen en lo que critican: reducen la política a moralina, a la misma moralina que utilizan los de Podemos para estigmatizar la democracia con su crítica a la corrupción. Pero, nos guste o no, hay que reconocer que este nuevo grupo político hace política. ¿Política populista? Quizá. Pero hay algo más… Y ese “plus” tiene más que ver con políticas socialistas, o mejor, con propuestas socialdemócratas que cantos utópicos de corte neopopulista. Yo diría que esta formación está aterrizando en la cruda realidad y está abandonando, por fortuna, el extraño mundo de la utopía. Enhorabuena. Cuando se les pregunta a sus dirigentes por medidas concretas, responden con cierto rigor. Empiezan a construir un discurso con más realismo que hace cuatro meses y, a medida que se acerquen las elecciones, creo que serán aún más realistas.
Basta leer algunas propuestas de su Programa colaborativo, que es el borrador de lo que será su Programa final, para reconocer que no estamos ante un grupo de frikis revolucionarios. Sus propuestas evolucionan y se adaptan a lo real más de lo que creen socialistas y peperos. Muchos son los ejemplos que pudiéramos poner sobre el giro realista de esta formación, pero he aquí dos que son para tomarse en serio o, al menos, para no descalificarlos alegremente como hacen cotidianamente los defensores “profesionales” del sistema democrático. De la iniciativa del salario básico universal, que asustó tanto a los mercados y clases medias, se ha pasado a una propuesta más realista para ayudar a los más necesitados a través de una propuesta de Renta Básica de Inserción. El coste total de esta medida es de 11. 000 millones, algo que podría ser asumido por el Estado. Esto ya no es nada descabellado. Es plausible, aunque la medida sea inédita en el ámbito europeo. Es una renta que no se le da a todo el mundo, sino a las familias que no alcancen un determinado umbral que aún no se ha fijado. La diferencia entre una renta básica universal, que fue su primera propuesta, y lo que ahora se debate en Podemos no sólo es más creíble sino que al ser cuantificada parece más realista; en cualquier caso, es algo muy serio y digno de ser estudiado. No es mero populismo. Tampoco es nada exagerado ni populista plantearse, como está haciendo Podemos, un sistema mixto de pensiones, sobre todo, cuando se respeta y no se cuestiona el modelo actual de la Seguridad Social, según ha reconocido Nacho Álvarez, uno de los economistas que trabaja en el programa de este partido. Y así podríamos ir discutiendo algunas otras de sus iniciativas… Dejémonos, pues, de demonizaciones y espumarajos de fundamentalismo democrático, y prestemos atención a un discurso que empieza a ser más socialdemócrata que revolucionario.