El año que ahora empieza puede ser el último de Rajoy en la Moncloa. 2015 será un año electoral y el marco temporal de un nuevo escenario político, con el fin del bipartidismo al uso como horizonte más probable. En gran medida, PP y PSOE son responsables de ello. Tiene parte de razón Pablo Iglesias cuando tilda de “casta” a los actuales políticos -de la que, dicho sea de paso, él también forma parte; y más que lo hará-, referido al establishment de poder en que se han convertido sus aparatos. Todo parece indicar que eso empezará a cambiar en el año que ahora empieza. Y todos los ojos estarán puestos en el PP, partido que ahora goza de una holgada mayoría absoluta, pero que no parece comprender el grado de irritación que la corrupción política ha producido en la ciudadanía española.
Luego está Cataluña. CiU y Esquerra quieren convertir las próximas elecciones autonómicas catalanas en un plebiscito por la secesión, y sólo Ciutadans parece dar la talla en un asunto tan importante -el PSC sigue desnortado, y el PP catalán de Alicia Sánchez Camacho es más un problema que una solución-. Es aquí donde Rajoy debe echar el resto y hacer lo que no ha hecho en los tres últimos años –quizá por consejo de Arriola- durante los que ha dejado hacer a Mas y Junqueras sin querer enfangarse.
Pero 2015 será también un año intenso en lo judicial, con casos como Gürtel, Brugal, Púnica o Bárcenas continuando con la erosión al PP. En 2014 se implementaron medidas como la Ley de Transparencia que, aunque positivas, se antojan insuficientes. Es necesario que el Gobierno siga impulsando actuaciones de este tipo que impidan toda la mala praxis de un pasado aún muy presente. La recuperación económica puede seguir por buen camino, pero si no se atiende a lo anterior quedará diluida en un ambiente político enrarecido.