El eterno debate entre cine y literatura nunca llegará a su fin, ya que defensores de uno y otro género no van a encontrar un punto de acuerdo sobre la idoneidad de cada uno de estas artes. Cada vez que una novela es llevada a la gran pantalla surgen todo tipo de dudas respecto a la maestría con la que el Séptimo Arte podrá volcar en la gran pantalla todo lo que un lector espera después de haber disfrutado de una novela. Se supone que hay expertos en la compleja tarea de los guiones adaptados, es decir, en interpretar lo que el escritor ha plasmado en su libro de tal manera que pueda tener una traslación atractiva para un género visual como es el cine.
Dennis Lehane es uno de esos grandes expertos, seguro que su faceta como escritor le ayuda intensamente a la hora de realizar esta tarea de conversión cinematográfica. Ya lo hemos podido comprobar anteriormente con títulos como Shutter Island y Mystic River, grandes novelas y excelentes películas. Con La entrega volvemos a disfrutar de la maestría de este autor, que ha conseguido que unánimemente la crítica se haya rendido a sus pies.
La historia se desarrolla en los suburbios de Boston. Allí Bob lleva una vida tranquila olvidado del mundo, con las lógicas preocupaciones de la vida y pensando en lo cotidiano y monótono de su trabajo como camarero, deseoso de poder dar un vuelco a ese estado en algún momento. Nada le hace imaginar que pueda estar involucrado en un entramado delictivo de primer orden, a pesar de que su primo Marv siempre había estado vinculado con las mafias y grupos de delincuentes que operaban en esos barrios. Sin saberlo, Bob sirve tragos en un bar que realmente es la tapadera de de una red de apuestas, y es en ese local es donde realizan las entregas del dinero.
Pero siempre en esta vida se acaba descubriendo la verdad, en este caso Bob se da cuenta de que tipo de local es en el que trabaja cuando sufre un atraco. A partir de ese momento el punto de mira de un detective policial se centra en Bob, a lo que hay que añadir las presiones del mafioso cuyo dinero fue robado, se ha descubierto el pastel y tendrá consecuencias para todos. El Cousin’s Marv no es un simple garito de los bajos fondos de la ciudad, y serán precisamente esas vinculaciones delictivas las que pongan de manifiesto que Marv no ha abandonado nunca ese mundillo, al que sigue tan vinculado como antes de la llegada de los chechenos.
Al final, la noche del evento deportivo de mayor repercusión en todo Estados Unidos, será el momento en el que se ponga toda la carne en el asador, con resultado variado pero sin un vencedor claro. A los personajes principales hay que añadir un conjunto de secundarios que muestran un abanico de mentes y comportamientos perturbados que dan el trasfondo perfecto a la historia.