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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

Eutanasia política de hoz y martillo

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 30 de enero de 2015, 20:09h

¡Devotos de España! ¡Aceituneros altivos! ¡Troyanos de Jodemos! ¡A las barricadas! Ni el Sistema Solar es como nos lo contaron, ni el cielo se toma por consenso, ni mucho menos al asalto como la Bastilla. Ya puestos a elegir entre la revolution inane de los coleteros y el inmovilismo rancio de la casta irredenta, uno que es así de anarco se queda sin pensarlo con los versos sueltos de Miguel Hernández. Levántate España, en lugar de dejarte pisotear en la frente. ¿Acaso no te das cuenta de que los terratenientes de ayer son los falsos profetas de hoy? No hay mochuelos de Minerva para tantos illuminati de cartón piedra, que ahora van de politólogos divinos de la muerte.

Los socialistas se están dejando comer la mortadela por todos los pescadores furtivos que se cuelan en su caladero de votos; al paso que llevan, nadie sabe ya a ciencia cierta si es una rosa o un capullo lo que tiene el negro, digo el logo luminoso de la fachada de Ferraz. Y los comunistas de hoz y martillo, resignados a su mala muerte, han accedido a someterse voluntariamente a su propia eutanasia política. Izquierda Hundida, enfermo terminal. Suicidio asistido por ordenador. Los sucesores de Carrillo y de Anguita han caído en la trampa de las redes sociales. ‘iu’, descanse en paz. El funeral se oficiará este fin de semana de ciclogénesis explosiva en Sol, Cantando con Gene Kelly bajo la lluvia, frente al oso y el madroño. Melodías de Broadway. España: kilómetro cero. Begin the Beguine. Tócala otra vez, querido Garci.

Si por un casual Mariano llama al timbre de casa, ten claro, compadre, que no se me va a ocurrir abrirle los aposentos aunque me muestre una orden judicial por el ojo de pez de la mirilla, no fuera o fuese a ser que se presentara acompañado, a su siniestra, de Montoro, en calidad de mozo de espadas, disfrazado del lobo feroz de Caperucita, dispuesto a grabar el vídeo del descabello al contribuyente para proyectarlo en el mitin de Vistalegre y después colgarlo en la percha cibernética del YouTube. Más bien echaría el cerrojo, como la Penélope de la Odisea de Homero, y como mucho, me limitaría a tararearle, a través de la cerradura o por lo bajini de la puerta, por donde se cuela la luz en las películas de Hitchcock, el triki, triki, triki, mon amour del inolvidado Demis Roussos; o ya puestos, me arrancaría por Concha Piquer con esa copla que dice «No me quieras tanto, ni llores por mí; no vale la pena que por mi cariño te pongas así». Pero dudo mucho, cobarde y pecador de la pradera -¡No puedo! ¡No puedo!-, que incurriera en la chulería del tal Monedero, que ha desafiado a Cristóbal, asegurando a la muchachada púber que no le tiene ningún miedo y aprovechando para hacer un llamamiento a las trincheras. Estos chicos tan modernos pero tan censores, todavía no han echado los dientes y ya parecen tener problemas con la libertad de expresión. Y nos quejábamos de Torquemada, martillo de herejes. Hay entre la troupe de becarios más aprendices de inquisidor que en Los hermanos Karamázov de Dostoyevsky.

Amanecer Dorado, lluvia dorada, parafilia sexual. ¿Estamos locos, o qué? Más, mucho más debiera preocuparnos el neonazismo que las extremas izquierdas o derechas, por bolcheviques y fachas que pudieran parecer, que sin duda lo son.

La descripción bíblica de la Tierra Prometida se queda ridículamente corta comparada con los paraísos perdidos que nos están volviendo a prometer ya quienes nos quieren gobernar, y eso que todavía no ha comenzado oficialmente la verbena electoral aunque el carnaval esté a punto de echarse al rocódromo: manantiales inagotables de agua, vino, aceite y miel. La letra se presta a una chirigota gaditana en el Gran Teatro Falla, frente a la Casa de las Viudas, donde el abajo firmante no encontró este verano ninguna de funeral, por más que buscó y rebuscó, deseoso de verificar la veracidad de la leyenda, pues de entre todas las mozas con las que me encontré ninguna me pareció que estuviera guardando el luto, ni tuviese congoja, ni se dejara llevar por la melancolía de la memoria ausente del pobre finado, más allá del trikini y las lágrimas de alegría que cayeron en la arena de la playa, al son de una rumba de Peret, de Algeciras a Jerez, sin pasar por Estambul, sino por las salinas de San Fernando, donde un día que se hizo el silencio llegué a escuchar el quejío del embrujo de Camarón.

Como ganen las huestes delcamarada Iglesias, ese que parece un «dibujo animado» según Rita Barberá, los montes manarán licor y las colinas fluirán leche como las vacas de los Alpes suizos. Ya se puede poner el Chino de la coleta blanca a gritar socorro desde la terraza molona de su ático marbellí, o Esperanza flamenca como las aves zancudas del hemisferio norte, donde todo bicho viviente tiende a girar a la derecha por un capricho del efecto Coriolis. O mucho cambian las tornas, o Aguirre tiene menos futuro político que un agente de movilidad. Entre todos se lo están poniendo a huevo a Jodemos, que llevan camino de pasar del cero al infinito y más allá, como Buzz Lightyear. Va a ser verdad que los refrescos azucarados adelantan la pubertad.

Un grupo de investigadores de la Universidad de California ha conseguido descocer un huevo de uno de ellos. Y a la vista está que los hay dispuestos a emularles, revertiendo el proceso de cocción de la clara a su estado crudo.

Con todo lo que está aconteciendo en Uropa, le entran ganas a uno de salir en busca de las ballenas azules de la Antártida, aunque quede un huevo de lejos, todo recto hasta llegar al Polo Sur, donde Magallanes echó hasta la primera papilla que le dio de mamar su ama nodriza allá en Sabrosa, lindando con Orense.

La Troika, los griegos, las grecas, la quita, el pon y la santa madre que los parió a todos. Ni en la Sevilla de Rinconete y Cortadillo hubo tanto pícaro suelto, excepción hecha de los bandoleros de las tarjetas black, alguno de los cuales a punto estuvo de comprarse con la visa el McLaren de Fernando Alonso.

Se lamenta Juan Barranco, ex alcalde de Madrid, de que «la política está encanallada». Y no le falta razón.

Don Jordi tenía una hucha en el extranjero camusiano, pero resulta que no quería saber nada de ella. Mira, compadre, Hay una cosa que te quiero decir: si es verdad que el capo Pujolone sufre amnesia, que la jueza le dé a probar un trago de jalea real, a ver si canta como una gallina clueca. Y ya que nunca quiso saber nada del legado de su generoso progenitor, que expíe su culpa y atempere su remordimiento dejando la herencia al pueblo de Cataluña, al que tantos años engañó.

No es de extrañar que Catalonia padezca indigestión, como el ganador de la Calçotada de Valls, que se comió 115 calçots crudos (lo que viene siendo el equivalente a la cangreburguer gigante de Bob Esponja), y se ha pasado vomitando los higadillos toda la noche el muy animal.

Ya sé que en circunstancias normales debiéramos estar acojonados tras saber que la contaminación química está debilitando el pene de los osos polares y la amenaza se cierne sobre el Homo sapiens, que es el eslabón siguiente en la cadena evolutiva, como parece haber demostrado un estudio publicado en la revista Environmental Research. Pero no tiene el que suscribe la moral tan erecta a estas horas para detenerse a contemplar, impávido, el temporal de nieve de New York, cayendo la que está cayendo sobre el cortijo ibérico, alopécico de ideas y adicto al bálsamo labial.

Los griegos siempre han sido unos adelantados a su tiempo, capaz de lo mejor y de lo peor. Allí nació la Civilización y allí morirá, aunque para eso tengan que vender por piezas el Partenón de Pericles que los turcos, siempre tan pragmáticos, utilizaron como depósito de pólvora durante el sitio veneciano. Se huele el miedo, aunque ni unos ni otros lo quieran reconocer.

Está por ver que el surrealismo sea mágico, aunque no por ello deje de ser surrealista, como esta España nuestra que lo mismo nos da que nos quita la vida.

Sal a abrir que están llamando a la puerta, no vaya a ser que sea el lechero.

José Antonio Ruiz

Periodista

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