El Reino de Marruecos ha declarado definitivamente la guerra al terrorismo islámico. Después de un periodo de 15 años de relaciones ambiguas con el extremismo religioso, Rabat ha decidido arremeter contra los grupos terroristas que han proliferado peligrosamente en el país.
La policía marroquí desmanteló esta semana una red terrorista compuesta por once individuos, en las ciudades de Fez, a doscientos kilómetros de la capital Rabat, y en Nador, al noreste del país y fronteriza con Melilla. Según fuentes oficiales, los presuntos terroristas, vinculados a la organización Al Qaeda del Magreb Islámico, planeaban cometer atentados en la región y en Europa. Según los servicios antiterroristas marroquíes, el grupo detenido planeaba también actos terroristas contra la sede de la Comisión Europea en Bruselas y otros objetivos comunitarios en Bélgica.

Los extremistas islámicos arrestados pretendían igualmente enviar armas y municiones a los grupos terroristas yihadistas que operan en Argelia. Es la segunda vez en pocos meses que la policía marroquí desarticula redes de contrabando de armas entre Marruecos y Argelia.
La prensa argelina se ha hecho eco de la operación antiterrorista marroquí, y pone de relieve el cambio operado en el país vecino en el tratamiento del yihadismo. “No es un secreto para nadie que durante la década de los años 90, Rabat creyó que podía alimentar el torbellino islamista argelino con el objetivo de debilitar al régimen de Argel y obligarle a abandonar su apoyo al pueblo saharaui a cambio de una cómoda neutralidad”, ha publicado el periódico Expression.
Los medios de comunicación de Argel ponen de relieve la decisión tomada, al parecer, en la cúpula dirigente de Marruecos de “desmantelar todas las redes alimentadas o creadas por los servicios secretos alauitas durante el reinado de Hassan II”. La razón, se afirma en Argel, es el convencimiento del régimen de Mohamed VI de que “el islamismo no es manipulable, como creían algunos oficiales militares o policías”.
Decidido a hacer frente a la amenaza islamista, Rabat ha anudado estrechas relaciones tanto con los servicios de inteligencia occidentales, europeos y norteamericanos, como con los gobiernos de la región del Magreb. Además, recientemente se han celebrado dos importantes encuentros entre responsables del norte de África y de los países europeos del Mediterráneo Occidental, en Argelia y en Mauritania, ambos con un punto principal en el orden del día: coordinar la lucha antiterrorista en la región. En la capital argelina, se han dado cita los jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra de los diez países ribereños, cinco de África del Norte, Mauritania, Marruecos, Argelia, Tunez y Libia, y cinco europeos, Portugal, España, Francia, Malta e Italia. En la capital mauritana, Nuackchott, se han reunido por su parte los ministros del Interior de los mismos países.