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PUBLICADO EN NATURE

Resuelto el misterio de las "extrañas" bestias descubiertas por Darwin en 1830

EL IMPARCIAL
miércoles 18 de marzo de 2015, 20:09h
Un equipo de investigadores ha resuelto el misterio en torno a los fósiles hallados en Sudamérica por Charles Darwin en la década de 1830 y descritos por el naturalista británico como "los animales más extraños jamás descubiertos", imposibles de clasificar en las tres grandes familias de mamíferos que contempla la teoría de la evolución. Ahora, gracias a una técnica que consiste en secuenciar las proteínas de colágeno -mucho más resistentes al paso del tiempo que el ADN-, se ha descubierto que los llamados "ungulados nativos" de América del Sur se relacionan con los caballos o los rinocerontes en lugar de elefantes y otras especies de origen africano, como se pensaba hasta ahora.
El naturalista Charles Darwin visitó América del Sur en la década de 1830 a bordo del barco británico HSM Beagle. Durante su viaje descubrió los fósiles de varios mamíferos que desafiaron su categorización de los seres vivos según su Teoría de la Evolución. El Macrauchenia, que parecía un camello sin joroba y con el hocico largo; o el Toxodon, con un cuerpo similar al del rinoceronte, la cabeza parecida a la de un hipopótamo y dientes como los de los roedores, fueron descritos por Darwin como "los animales más extraños jamás descubiertos". Desde entonces, nadie había sido capaz de encajar a estas extrañas bestias en una de las tres grandes familias de mamíferos de la clasificación darwiniana. Hasta ahora.

Según un artículo publicado este miércoles en la revista Nature, un equipo internacional de científicos ha resuelto el rompecabezas. Lo han hecho a través del análisis de una antigua proteína de colágeno a partir de fósiles de 12.000 años de antigüedad, una técnica que, según consideran, podría revelar los secretos de las especies extinguidas hace millones de años, cuyos fósiles no admiten estudios de ADN.

Los inclasificables fósiles hallados por Darwin forman parte de un grupo de más de 250 mamíferos conocidos como los ungulados sudamericanos, criaturas vivieron en el continente durante unos 60 millones de años antes de desaparecer hace unos 12.000 años. La confusión sobre su ascendencia tiene que ver, por un lado, con un registro fósil fragmentado y, por otra parte, con el hecho de que hasta la fecha los científicos no han podido aislar el ADN de fósiles de estos ungulados sudamericanos, dado que la molécula se degrada rápidamente en el clima cálido del continente sudamericano.

Por ello, Ian Barnes, biólogo especializado en evolución molecular en el Museo de Historia Natural de Londres, se asoció con el bioarqueólogo Mateo Collins, de la Universidad de York, Reino Unido, y un equipo internacional de investigadores para intentar una táctica diferente: la extracción de colágeno. La proteína sobrevive por un tiempo en torno a diez veces más prolongado que el ADN y es un importante componente estructural del hueso. El equipo construyó primero un árbol genealógico basado en el colágeno, que expuso las secuencias de colágeno de diferentes mamíferos según sus relaciones familiares. Los investigadores tuvieron que extraer y secuenciar el colágeno de tapires, hipopótamos y osos hormigueros para construir su imagen. Una vez realizado ese trabajo, se secuenció también el colágeno de cuatro muestras de ungulados de dos museos diferentes en Argentina: dos especímenes de Toxodon de alrededor de 12.000 años de antigüedad y dos Macrauchenia que no podrían ser fechados por carbono.

Aunque según el estudio de sus fósiles se sugirió recientemente que los ungulados sudamericanos formaban parte del grupo Afrotheria, junto a los elefantes y los manatíes, las secuencias de proteínas que publica la revista Nature revelan que estos especímenes están más estrechamente relacionados con los perisodáctilos, un grupo que incluye a los caballos, los tapires y los rinocerontes.

El estudio es "un gran paso adelante", según declara a Nature Rob Asher, un paleobiólogo de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, que no formó parte del equipo de investigación. Pero los investigadores que participaron en el estudio dicen que esto es sólo el comienzo. Este sistema de proteínas antiguas podría ser tan revolucionario como lo fue el ADN para estudiar la evolución de las especies, "pero con la posibilidad de llegar mucho más atrás en el tiempo", dicen.

El ADN más antiguo recuperado hasta el momento, a partir de un núcleo de hielo en Groenlandia, es de entre 450.000 y 800.000 años atrás. Las proteínas podrían llegar a millones de años. En 2007, investigadores de Estados Unidos afirmaron tener fragmentos de colágeno secuenciados de un fósil dinosaurio de 68 millones de años de antigüedad, pero el resultado ha sido objeto de controversia. Sin contar ese caso no aclarado, la secuencia de la proteína más antigua recuperado hasta la fecha es de un camello que vivió en el Ártico hace 3.200.000 años. "Ciertamente 4.000.000 años no será un problema", dice Collins. "En lugares fríos, quizás hasta 20 millones de años".

Las proteínas también podrían ser útiles para el estudio de especies extintas que vivieron más recientemente en ambientes calurosos donde los estudios de ADN son difíciles, como los elefantes enanos y los enormes roedores de la isla indonesia de Flores o lagartos y canguros gigantes de Australia. Aunque Asher no está tan convencido de que las proteínas antiguas serán tan revolucionarias como el ADN, sí encuentra un potencial "muy emocionante" en al nueva técnica.
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