"Hermanos de sangre" es el nombre de un grupo de chavales que unen sus fuerzas para sobrevivir y superar juntos las dificultades que conlleva la vida en el Berlín de los años treinta, una ciudad sumida en el desempleo y la precariedad más absoluta. La mayoría de los chicos que forman parte de esta pandilla se ha escapado de orfanatos, correccionales o de hogares completamente desestructurados. Estos muchachos se ven obligados a cometer pequeños hurtos o incluso a prostituirse para poder mantenserse en un momento histórico en el que salir adelante es difícil para todos, y estos chicos lo tienen aún mas complicado, pues carecen de papeles. Al tratarse de adolescentes “fugados” viven con la amenaza constante de que la Policía los descubra y los devuelva al lugar del que huyeron, un sitio al que no quieren volver bajo ningún concepto.
Con una línea narrativa dinámica, directa y veraz, en la que no hay diálogos, sino únicamente la voz de un narrador que impasible y sin estremecerse nos retrata la dura realidad de estos chicos, Hermanos de sangre se presenta como una novela de crítica social que invita a la rebelión ante unas instituciones que asfixian al ciudadano a pesar de proclamar que su misión es evitar la amenaza del desamparo. Las leyes no se preocupan de protegerlos, sino de que estén bajo control y de castigar sus infracciones con una desproporcionada severidad. La problemática de una burocracia excesiva, el conflicto de los sin-papeles, así como el paro y el descontento social quedan plasmados en esta obra que fue prohibida y quemada por los nazis. Tras más de ochenta años desaparecida, la novela volvió a la luz en 2013 y ahora llega a España en excelente traducción del escritor Fernando Aramburu. Hermanos de sangre retorna en un momento en el que, por desgracia, la realidad miserable y la implacable crisis que retrató el autor alemán vuelven a estar presente en muchos lugares de la vieja Europa. Los jóvenes miembros de la pandilla no conocen otra familia que la que han formado entre ellos como resultado de la camaradería fortalecida al abrigo de la pobreza.
El inhumano entorno en el que crecen estos chicos, en medio de sociedades claramente injustas donde se somete y humilla a los ciudadanos, es un caldo de cultivo del que solo sale odio y resentimiento. Muchos de los jovenes pandilleros terminaron por alistarse a las SS o a las juventudes hitlerianas. Con esta obra, Ernst Haffner nos quiere advertir: no hay democracia sin equidad, no es suficiente la caridad, hace falta justicia.
Gracias a la amistad y a los valores de la humildad y el trabajo bien hecho, Willi y Ludwig, dos miembros de la pandilla, conseguirán reunir las fuerzas suficientes para desempeñar un trabajo miserable, pero que les permitirá sobrevivir de forma muy humilde pero honrada. Lamentablemente, la mayoría de los chicos se deslizará por el camino de la marginalidad, cometiendo cada vez fechorías más graves.