La convulsa España necesita líderes templados. Equilibrados. Albert Rivera sigue dando muestras de su liderazgo día a día. Independientemente de las simpatías y antipatías de este cronista por una determinada fuerza política, parece que Ciudadanos está haciendo mejor las cosas que Podemos, un partido político al que, sin duda alguna, algún día la historia le atribuirá el mérito de haber terminado con el sistema bipartidista. En efecto, la realidad de la crisis del PP de Madrid está determinando la política de pactos entre Ciudadanos y la ganadora de las elecciones a la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Por fortuna, la templanza del principal dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera, está marcando el tono y el fondo de una negociación política clave no sólo para el PP sino también para Ciudadanos. Creo que está ganando la cordura y, seguramente, Ciudadanos votará a la candidata del PP.
Pero, por favor, si la cosa no saliese bien, nadie se rasgue las vestiduras. Ciudadanos, aparte de su coherencia programática, está dando toda una lección política a sus posibles socios y, por supuesto, a sus votantes. Está dejando claro, por si alguien no se había enterado, primero que el bipartidismo ha desaparecido; en segundo lugar, Ciudadanos no es una marca blanca de nadie, puede pactar con el PSOE o con el PP, e incluso con otras fuerzas políticas, pero siempre que no atente contra la unidad de la nación; y, en tercer lugar, los dirigentes de Ciudadanos resisten con ejemplaridad a la presión mediática que los acusa de “moralistas” y no “querer comprometerse” con gobiernos donde ellos no son mayoría. Ni siquiera las encuestas maquilladas, contradictorias y falsas que les dan una caída en el voto, son capaces de detener el designio que Ciudadanos tiene que cumplir: darle estabilidad a la nación española desde Cataluña. Por lo tanto, después de la elecciones del 24-M y visto como negocia Ciudadanos, sigo manteniendo que este partido ilusiona a millones de españoles.
Contrasta esta actitud de Ciudadanos con la posición de algunos gobiernos municipales conformados por Podemos. El caso de Madrid es paradigmático. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ha tenido que salir a defender a un gobierno que ha nacido con muchas dificultades, e incluso ha llegado a retar al líder del PSOE, Carmona, que le permite gobernar a Manuela Carmena. Iglesias, sí, le ha reprochado al PSOE que si Carmona le retira el apoyo a Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, Podemos ganaría las elecciones generales por mayoría absoluta. Eso es toda una amenaza cargada de intención política. Quizá no le falte razón a Iglesias en su apreciación, entre otros motivos, porque en democracia es muy difícil derribar gobiernos y, sobre todo, mesogobiernos de carácter regional y local. Pero, cuidado, quizá el destino de Podemos sea, como el pasado de los Borbones, alentar revoluciones y morir en sus manos; digo esto, porque de la operación de Podemos montada en el Ayuntamiento de Madrid, podría salir ganando Ciudadanos. Pablo Iglesias ha conseguido sacar al PP del gobierno del Ayuntamiento de Madrid. Toda una hazaña, pero ahora viene lo difícil: la defensa de un equipo de gobierno que, lejos de estar compuesto por los mejores, puede hacerle mucho daño a su liderazgo. La exageración de comparar a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid con Mandela, o el apoyo que le está prestando a unos concejales que han dicho barbaridades, le restan no sólo credibilidad y fuerza a la posición de Iglesias, sino que se la darán a otro líder, a saber, Albert Rivera. La ruina de Pablo Iglesias puede venir, paradójicamente, de allí donde ha obtenido su mayor éxito: el Ayuntamiento de Madrid.