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TRIBUNA

¿Reforma constitucional?

miércoles 12 de agosto de 2015, 20:02h

Hablan los líderes de los partidos políticos sobre la reforma de la Constitución con una desenvoltura digna de mejor causa. Todos son brochazos gordos para no enfrentarse, o mejor, dar de lado a los únicos que tienen claro lo que hay que hacer con la Constitución: abandonarla; sí, los separatistas catalanes nada dicen sobre la Constitución, porque ellos sólo quieren largarse de España. Nadie, empezando por el Gobierno, parece tomarse en serio el asunto. Unos, como el partido del señor Garzón, dicen que quieren un cambio radical de la Constitución, que incluya un reconocimiento amplio de "derechos sociales", por ejemplo, que se legalice una renta mínima salarial, pero no se refiere en absoluto sobre la demanda de los nacionalistas catalanes acerca de un concierto para Cataluña parecido al de Navarra; tampoco parece que la solución populista, casi de viejo régimen soviético, de sustituir la expresión "soberanía nacional" por "soberanía popular", propuesta por Garzón, sea la mejor manera de responder a los separatistas catalanes.

Otros, como el señor Sánchez, declara en términos retóricos, vacíos, que admitirá una reforma constitucional ampliamente consensuada por todos, o sea, nada. El señor Iceta, el líder del PSC, partido hermano del PSOE, se acerca peligrosamente a los nacionalistas y mantiene que son necesarios nuevos derechos políticos para los catalanes, derechos, sí, que reconozcan las diferencias políticas y económicas de los catalanes respecto de las otras comunidades autónomas; por este camino es obvio que se va al llamado "federalismo asimétrico", que es la negación del federalismo, o sea, que todos lo estados federados tienen los mismos derechos y deberes; el cuento del "federalismo asimétrico", en mi opinión, es una pesadilla terrorífica, más cruel y trágica que reconocer directamente la independencia de Cataluña, porque condenaría para siempre a la miseria a regiones enteras como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.

Los de Podemos, embocados entre las actitudes separatistas de la alcaldesa de Barcelona y la exigencia de los derechos sociales de los comunistas, quieren un cambio total de la Constitución, pero tampoco se definen sobre si apoyarán a los independentistas catalanes o, por el contrario, mantendrán la unidad de España. Este viejísimo cuento de apostar por un "derecho de autodeterminación" (decisión le llaman ahora) para lavarse las manos a la hora de romper la nación ya no se lo creen ni los más fanáticos de esa formación.

Y, en fin, ¿qué dice exactamente el gobierno de España ante los independentistas sobre la reforma constitucional? Creo que de modo claro nada, salvo que es necesario abordar la reforma para contentar no se sabe muy bien a quién o a qué; pero, si somos generosos y traspasamos el eslogán de la campaña electoral del PP, en Cataluña, para la reforma de la Constitución, diría que el PP pide el voto para su partido, porque "asegura la estabilidad económica de España" y con ella luchará por mantener la estabilidad territorial. Eso es todo. Quede claro que el PP lo apuesta todo a la estabilidad económica. Conseguida ésta, es decir, si el PP es votado por una acto de fe, confianza y previsibilidad en su gestión económica, entonces podrá ayudar a mantener la estabilidad territorial. Pero no se eche en saco roto que para el PP, primero, es economía y, segundo, defensa del territorio nacional. Si la economía no hubiera ido bien, no habría planteado el asunto de la reforma constitucional. Creo que es un error, pues, mezclar la reforma de la Constitución con la financiación de las Autonomías.

En fin, la pretensión de reformar la Constitución a través de una apología de la soberanía popular (IU), una demanda de federalismo asimétrico (PSOE), la apelación al derecho de autodeterminación (Podemos) a través de la fusión de propuestas populistas y nacionalistas, o tratar primero de administrar la riqueza y, después, asegurar la unidad territorial (PP), no son propuestas, en mi opinión, serias ni clara ante los que quieren, sencillamente, separarse de España. Los tingladillos sobre la reforma constitucional ante el desafío del separatismo tienen poca entidad. No son nada.

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