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IMPLICACIONES DEL ÚLTIMO HALLAZGO DE LA NASA

La importancia del agua en Marte, más allá de hipotéticos marcianos

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
jueves 01 de octubre de 2015, 13:03h
Actualizado el: 01 de octubre de 2015, 13:17h
Según las últimas imágenes que ha obtenido la NASA de la superficie de Marte, el planeta rojo alberga corrientes de agua líquida. ¿A qué se debe la importancia de tal hallazgo? La más evidente y llamativa es que alimenta la esperanza de la comunidad científica y, sobre todo, del imaginario colectivo de encontrar vida extraterrestre, al menos, en el concepto actual de vida que podemos manejar. Sin embargo, la confirmación de que existe agua en la corteza marciana da pistas sobre el pasado de Marte y también sobre un futuro posible de la Tierra.
La importancia del agua en Marte, más allá de hipotéticos marcianos
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Ya está. Confirmado (o casi). Hay agua en Marte. La NASA da por buenos los últimos indicios de la presencia de agua líquida en la superficie del planeta rojo, unas marcadas estrías que se precipitan por una ladera de ese terreno abrupto y lejano y que las imágenes enviadas por la sonda MRO de la Agencia Espacial Estadounidense interpretan como corrientes de agua. Miles de millones de euros invertidos en investigación y hueco preferencial en las primeras de la prensa internacional. ¿Por qué debería importarme?

La implicación más apasionante –y lejana a día de hoy- es que la presencia de agua signifique la presencia de vida. El imaginario colectivo ha fantaseado con la existencia de vida extraterrestre desde que se tienen evidencias de ficción creada por el hombre, aunque la cosa sea probablemente mucho más complicada que encontrarse un buen día un marciano al estilo de las películas de ciencia ficción. Sobre todo, porque el agua es la base principal de la vida conocida, de todas las formas de vida que se han encontrado –incluso en condiciones extremas de habitabilidad que pudieran ser muy similares a las de Marte- en la Tierra, lo que no quiere decir que no haya otras posibilidades, imposibles incluso de imaginar con las referencias de las que disponemos hoy en día. El horizonte es apasionante y el futuro, prometedor, después de que el último hallazgo en Marte haya dotado de impulso a las misiones previstas al planeta rojo, en especial al Mars 2020 de la NASA, un nuevo rover, con mayores capacidades y tecnología más potente que el Curiosity, que se lanzará en un lustro.

Sin embargo, y hasta que un hipotético anuncio de vida extraterrestre se convierta la noticia del siglo –del siglo que sea-, la presencia de agua en Marte es indicativa de una teoría más inmediata, que cada vez se torna más en realidad contundente: que ese secarral que se mueve a entre 55 y 400 millones de kilómetros de nosotros fue hace un puñado de millones de años un planeta azul muy similar a la Tierra. Los geólogos, astrónomos y planetólogos estudian el comportamiento y evolución de nuestro planeta dentro del conjunto de lo que llaman los ‘planetas terrestres’: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Y es este último, a pesar de sus evidentes peculiaridades, el que presenta más similitudes con nuestro entorno, a saber, un ciclo hidrológico e hidrogeológico como los terrestres durante sus primeros mil millones de años. La cuestión es que cada nueva evidencia de que nuestro planeta vecino tuvo algún día las condiciones de habitabilidad que nos permiten vivir en la Tierra plantea inevitablemente una pregunta: ¿Qué pasó?; y, más allá, ¿podría ocurrir también en nuestro planeta?

Una de las teorías por las que más fuerte apuesta la comunidad científica es que la propia naturaleza de la atmósfera marciana provocara la fuga de la mayor parte del agua de su superficie hacia el espacio. Aunque en principio la Tierra parece haberse mostrado más robusta en este aspecto, la acción del hombre sobre el medio ambiente está provocando ingentes emisiones de CO2 a nuestra atmósfera, directa e indirectamente, lo que podría terminar generando en el futuro una situación parecida a la de Marte. Sin afán de alarmismo, parece confirmarse que tenemos un buen ejemplo en el que mirarse para empezar a cambiar la estrategia de sostenibilidad.

Más allá del evidente hito científico que supone analizar un territorio inexplorado y distante, el hallazgo de agua en Marte debería servir para replantearnos ese concepto de solidaridad con las generaciones futuras, de respeto al entorno o, al menos, de entender que el impacto medioambiental existe y tiene, a corto o a largo plazo, efectos importantes. Después, sólo queda analizarlos y empezar a actuar en consecuencia.
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