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el chivato

La especulación inmobiliaria, pesadilla del Palacio de la Música

miércoles 04 de junio de 2008, 10:39h
La entrada costaba doce pesetas (un oficial administrativo ganaba trescientas al mes). La noche no pudo ofrecer mejor principio: además de la inusual salida nocturna con mis padres. La cena en la primera cafetería instalada en Madrid: la “Chocolatería Lara”, muy cerca del teatro del mismo nombre, en el que actuaba la olvidada Loreto Prado. La cena frugal y rápida; -el cine esperaba- consistió apenas en unos emparedados y un postre delicioso: “Banana spleet”, a base de plátano, bolas de helado, nata y caramelo.

El cine era el Palacio de la Música y la película: “El libro de la selva”. Un lujoso ante-vestíbulo, con toda su iluminación, invitaba a un gran espectáculo y prometía uno mayor con la proyección de la película recién estrenada. Entonces llegó el disgusto: “el niño no puede entrar a la sesión de noche” eran las palabras de un portero con uniforme de importante y gorra de plato. Mi padre rogó, discutió y al fin se allanó a la ordenanza. En otra ocasión volveríamos por la tarde.

Pasaron algunas semanas cuando volví, con mi abuelo músico, al Palacio de la Música, una mañana de domingo, al concierto de la Orquesta Nacional, dirigida por Ataulfo Argenta. Al fin conocí el gran Teatro Palacio de la Música. Resultaba ser que el cine era un soberbio teatro. Ahora lo sé, el enorme y suntuoso edificio fue construido entre los años 1924 y 1926 por el arquitecto Secundino Zuazo, para la S.A. General de Espectáculos. Zuazo quiso lucirse y diseñó, además del espacio para cine, teatro y conciertos, con capacidad para dos mil espectadores; un parque de atracciones en la planta sótano –que nadie recuerda- llamado “Luna Park” y un cine de verano en la azotea, culpable del hundimiento de la cubierta durante las obras, una madrugada de diciembre de 1925.

El cine estaba de moda durante la década de los 30; el teatro se veía amenazado por el sucedáneo y, la empresa propietaria eligió el negocio al decidir inaugurar la sala como “Cine Sage” y estrenar la película “La venus americana”. Menos mal que, el día anterior, el 13 de noviembre, ofrecieron un concierto dirigido por el maestro Lasalle.

Uno de los cines más grandes de Europa y el más lujoso, sufrió un incendio en 1932, pero su mayor herida se la perpetró el arquitecto Enrique López Izquierdo, cuando convirtió en multicines el mejor teatro de España, ahora amenazado por la especulación inmobiliaria.


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