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TRIBUNA

¡Regresión al pasado!

miércoles 06 de julio de 2016, 16:37h

Encarar el futuro con pesimismo e ironía puede ser un buen remedio personal para lo que se nos viene encima. Tampoco unas gotas de cinismo, que nada tienen que ver con la hipocresía, nos vendrían mal para conllevar la ideología, o sea la falta de realidad y de realismo, de nuestra casta política. Creo pues que es mejor tomárselo con distancia y humor que con impostura. Todo menos el “postureo" de los políticos. Aunque hay algo peor que esa actitud de desprecio por lo real, me refiero a esas quejas de periodistas y analistas que terminan llorando ante lo real, o peor, tratan de decirnos que todo estaba escrito en el pasado. Escriben sin el mayor pudor que no hay otra solución que la regresión al pasado. No soporto esta impostura. Es tan dañina como la política reducida a espectáculo.

El porvenir siempre suscita emociones encontradas. Ilusión y desencanto, alegría y miedo, en fin esperanza y temor son los componentes esenciales de lo que está “por-venir”. El porvenir, sí, es tan contradictorio como la vida que lo soporta. Más aún, creo que la vida y el porvenir van siempre cogidos de la mano. No hay, por lo tanto, vida en el pasado. La vida es lo contrario de un regreso al pasado. La vida está construida hacia el futuro. La vida como regresión a lo pasado no es vida. Es una simpleza. Impostura. Nada. El pasado es pasado. Eso no significa que no sea determinante de nuestra vida. Lo malo es, pues, la regresión, no el pasado. El genuino pasado vive en todo ser humano referido al futuro porque, como nos enseñó el periodista y filósofo más grande de España, la vida es una operación que se hace hacia adelante. El pasado es demasiado importante, pues, para la vida, como para dejarlo reducido a mero pasado. Vulgar regresión…

Volver al “origen” de una vida, ay, no es la vida, sino una regresión, en cierto sentido, una perversión de la existencia. ¡Tradicionalismo! Una manera beata de negar la tradición, la historia y el pasado como instrumentos valiosos para salir de los problemas del presente. Vivimos, en efecto, instalados en el futuro por mucho que lo nieguen los tradicionalistas y los impostores. La vida de cada hombre se construye cotidianamente mirando al futuro. Por eso, precisamente, nadie puede abandonar el pasado, porque está ya determinando nuestro presente y futuro. El problema, en realidad, la tragedia surge, cuando nos percatamos de que el pasado ya no tiene enseñanzas para el presente. ¿Qué enseñanzas del pasado podrían ayudar a Rajoy y compañía a conformar un Gobierno? Y caso de existir esas experiencias educativas, esas enseñanzas de la historia, aunque esto bien sé que es otro problema-, ¿tiene capacidad Rajoy para aprender de ellas?

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