Donald Trump debería ir tomando clases aceleradas de política internacional. Por ejemplo, aprender que en hebreo, Kidon significa “bayoneta”. Es, además, el nombre que reciben los comandos del Mossad -servicio secreto israelí- a los que se encarga las misiones más peligrosas; por lo general, capturar vivo o muerto a alguien. Un katsa es, en cambio, el agente de inteligencia infiltrado en un país extranjero y encargado de recabar información sensible. Ni que decir tiene que hay países donde este cometido resulta especialmente peligroso, sobre todo los musulmanes. En dos de ellos, Pakistán e Irán, hay katsas del Mossad. Y los informes que mandan a Tel Aviv son inquietantes.
Irán sigue enriqueciendo uranio con fines militares. O lo que es lo mismo, busca -si es que no la tiene ya- la bomba atómica. El discurso belicista de Ahmadineyad fue reemplazado hace tiempo por las formas suaves de Rohani. Gestos tales como plantearse suprimir el eslogan “Muerte a América”, que se vocifera en todas las mezquitas del país en la oración de los viernes, o las intentonas de establecer un nexo de comunicación con Estados Unidos han dado sus frutos. Obama sucumbió ante la tentación que suponía anotarse el tanto de lograr la distensión con Irán. Ahora, con Trump, habrá que ver qué directrices se marcan desde Washington, si bien la categoría intelectual del personaje no invita mucho al optimismo. Por cierto, la aniquilación del estado de Israel es uno de los objetivos fundacionales de la república islámica; objetivo que, a día de hoy, los ayatolás siguen sin replantearse.
El Islam político también recela. En especial Arabia Saudí -suní- , cuyas relaciones con Irán -chií- siempre han sido pésimas. Las circunstancias han hecho que saudíes e israelíes tengan ahora un enemigo común. Tel Aviv tiene una capacidad nuclear más que notable. La central de Dimona, en el desierto del Neguev, es depositaria de gran parte del arsenal israelí, siempre en alerta. Netanyahu se cansó de advertir a Obama para que no se creyese los cantos de sirena iraníes. Lejos de ser un ataque de cuernos, tenía -y tiene- motivos para ello. El premier israelí fue, además, uno de los miembros más destacados de la Sayeret Makal, la fuerza de élite antiterrorista del Tsahal -ejército hebreo-. Entre su experiencia y lo que le dicen los informes del Mossad, está convencido de que el actual buenismo iraní es sólo una treta para ganar tiempo y seguir avanzando en su programa nuclear.
¿Y los saudíes? Que se sepa, ellos no poseen capacidad nuclear propia…o quizá sí. India y Pakistán tienen ya la bomba. De hecho, en la ciudad pakistaní de Rawalpindi le han hecho hasta un monumento. Pero Pakistán guarda algo más. En una base aérea del Punjab, con medidas de seguridad similares a la célebre Area 51 estadounidense, cinco cazabombarderos F-15 Eagle esperan la orden de despegar. Su estado de alerta sería similar al DEFCON 2; entendiendo DEFCON 5 como alerta en tiempo de paz y DEFCON 1 al paso previo a una guerra inminente. Su armamento, nuclear. Y su objetivo, atacar Irán en caso de que éste lo haga primero. Arabia Saudí ha “subcontratado” con Pakistán su capacidad nuclear. Y no dudará en utilizarla. Más le vale a Trump pedir un mapamundi -que alguien le explique primero lo que es- y tener ubicados estos países, por lo que pueda pasar.