El presidente electo de los EEUU no deja de sembrar titulares por los periódicos del mundo entero. El revuelo de su elección es más duradero que la ola de melifluos panfletos sobre el sátrapa Fidel. Uno representa la política, sea esta mala o buena, y otro su total ausencia, es decir, la muerte en vida de todos los ciudadanos bajo su mando totalitario. La estrategia que adapta Trump para la política internacional es una de las cuestiones más destacadas en la prensa estadounidense y europea hoy. Sería curioso, si no fuera desolador, leer los análisis o las opiniones sobre los nombramientos que ha realizado Trump: la mayoría de los periodistas europeos sigue asustando al público agitando el atontado esperpento de un radical e inestable Trump. No van más allá. No quieren ni asomarse para ver qué hay detrás de las apariencias.
Esta actitud, en realidad, no corresponde solo a los periodistas y analistas políticos del viejo continente, sino que alcanza a sus elites políticas. El lamentable estado de política Europea ha quedado retratado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker quien denominó su campaña electoral “asquerosa” y pretendió enseñar a Trump lo que es Europa. ¿Acaso el millonario Trump con numerosos negocios en Europa no tiene ni una remota idea de qué es “la realidad europea”? Se me trasluce, que la situación es contraria: Trump sabe bien qué es la Unión Europea y la política que está llevando a cabo. Quizá precisamente por ello nombrara al general James Mattis su Secretario de Defensa. ¿Quién es este personaje que ha merecido el apodo de “Mad Dog” (un perro furioso)? Pues, según The New Yorker, es un hombre que puede dar la estabilidad a las estrategias del presidente electo, porque es un gran conocedor de Oriente Medio, equilibrado en sus juicios y en su comportamiento. Merece la pena leer el artículo de Steve Coll quien acompañó a Mattis durante ocho días de viaje de Tampa de Florida hasta Kabul pasando por Amman, Cairo, Doha, Abu Dabi e Islamabad. Ahí el militar, ahora retirado, está retratado como un experto leído e informado sobre lo que ocurre en la región, alguien instalado en la realidad y alejado del idealismo que promovía las democracias en países del Oriente.
No es casualidad que el anunciado cambio de rumbo de los EEUU en la arena internacional es respondido por otro país, Rusia. Hace días, el presidente Putin anunció ante el Parlamento que cuenta con la cooperación de los EEUU en la lucha contra la real amenaza del terrorismo mundial. Señala a los EEUU y Rusia, que no la Unión Europea, como principales responsables por mantener la seguridad internacional. ¿Se equivoca Putin al atribuir a sí mismo y al nuevo presidente Trump tales responsabilidades? Tanto a Putin como a Trump se les puede criticar por varias razones menos por ser idealistas. Saben bien que mientras los burócratas de Europa se regocijan en su mundo irreal e intentan darles lecciones de buen tono, el problema del terrorismo crece cada día y es imprescindible actuar aquí y ahora. Para bien o para mal, pero es necesario reconocer que Europa otra vez ha perdido el norte y los que retoman su papel del garante de seguridad son sus hermanos menores, algo brutos, pero fuertes. A ver en qué se desemboca esta vuelta a la realpolitik.