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TRIBUNA

Política o barbarie

lunes 09 de enero de 2017, 20:20h

Un Estado necesita para su buen funcionamiento de algo más que un abogado. No hay Abogado del Estado o Registrador de la Propiedad capaz de tapar a un hombre de Estado. No ha sido necesario desenvainar la espada. Ha bastado con mostrar su empuñadura para que los Abogados del Estado, los periodistas al servicio del poder del Gobierno y los atrevidos e indocumentados, que opinan de cualquier cosa sin la más mínima idea sobre el Estado y la Nación, estigmaticen a Aznar y ridiculicen la sencilla posibilidad de que pudiera montar un partido político para disputarle el poder a quien él puso en la dirección del PP. Un partido, naturalmente, que tendría como misión clave atajar el principal problema de España: su desaparición ante la inacción de Rajoy.

Toda esa gente, en verdad, todo ese conglomerado de poderes fácticos, que conforman los dirigentes del PP con casi todos los medios de comunicación a su servicio, muestra su verdadera faz: la irresponsabilidad, o peor, “no hacer nada” es la única política para enfrentarse, por ejemplo, a que una Comunidad Autónoma de ocho millones de habitantes quiera romper la democracia en España. Quien no se tome en serio la posibilidad del regreso de Aznar a la política, sin duda alguna, carece de sensibilidad intelectual para captar la urdimbre de una sociedad viva y en continúa transformación. Se contradice el periódico que aparece abriendo su portada, y nada menos que a tres columnas, con un “Génova ve con indiferencia la reaparición política de Aznar”. Solo un ideólogo de Rajoy, o sea, a alguien que aplaude la “política del avestruz”, puede decir que no tiene importancia que Aznar reaparezca en la vida política, después de haber abandonado la Presidencia Honorífica del PP.

En fin, quien desde el Gobierno de España, o desde el interior de los órganos del PP, mantenga que es irrelevante que un antiguo Presidente del Gobierno pudiera formar un partido político, es un perfecto irresponsable. Está haciendo gala de lo que hemos tenido que soportar durante más de cinco años todos los españoles: primero, no hacer nada relevante en la política española, o sea, ir tirando con las grandes leyes que aprobó Zapatero; segundo, no enfrentarse al problema secesionista de Cataluña; tercero, esconder sus responsabilidades para estar sin Gobierno casi un año; y cuarto, se dice pronto pero quizá sea lo más duro, montar un sistema ideológico y de propaganda a su servicio con un eslogan bárbaro. “La mejor política es no hacer nada”.

Frente a esa barbarie ideológica, o sea, la antipolítica, la actitud de Aznar es todo un revulsivo de la vida política. La acción de Aznar de enseñar la empuñadura de su espada es tan importante que se convierte en una gran acción política. La sociedad española empieza ya a visualizar que es la responsabilidad política frente a la absoluta irresponsabilidad que cree que un Estado solo necesita abogados.

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