Se conocían ayer los datos del número de trasplante de órganos, y España vuelve a ser un año más -van ya 25 años consecutivos- líder mundial. Es de justicia, pues, el reconocimiento público hecho por Mariano Rajoy de la meritoria labor de la Organización Nacional de Trasplantes -ONT-, presidida por Rafael Matesanz. Sirva como ejemplo destacado el pasado febrero, cuando en un solo día se produjeron en España 45 trasplantes de órganos, todo un record. Estuvieron involucrados 22 hospitales y 11 comunidades autónomas, poniendo de relieve la excelencia operativa de la ONT.
España volvió a rebasar el pasado año en 2016 su propio récord, alcanzando los 43,4 donantes por millón de población, con un total de 2.018 donantes gracias a los que se han podido realizar 4.818 trasplantes. La ONT es el paradigma de lo que puede hacerse con una buena idea y sentido común. Ni está politizada ni se dedica a nada que no sea optimizar el rendimiento de un sistema que a día de hoy es el mejor del mundo. Eso es también “marca España” y, lejos de ser una excepción, debería convertirse en modelo a imitar internamente.
Una de las razones de su éxito -su modelo es tomado como referencia por la Organización Mundial de la Salud- radica en que es una, y no 17. Es más, 1 de cada 4 órganos donados procede de otra comunidad autónoma, por lo que un catalán podría seguir viviendo gracias al corazón donado por un madrileño, y viceversa. Es sólo uno de los múltiples ejemplos que certifican todo lo que se puede lograr unidos. Y si además fueran uno solo el sistema educativo o el sanitario, el resultado sería óptimo.