El despropósito político que vive Cataluña en todos los niveles tenía un nuevo episodio esta pasada semana, con la manifestación de agentes de la Guardia Urbana de Barcelona y de los Mossos d’Esquadra reclamando dignidad institucional y respeto. Se trataba de una protesta cargada de razones. Los episodios de violencia extrema que padece regularmente Barcelona suelen tener como protagonistas a miembros de la izquierda radical, cuya sintonía con la CUP y el equipo municipal de Ada Colau es más que patente.
De hecho, la CUP tiene intención de llevar a la Fiscalía y al Síndic de Greuges esta manifestación, con el peregrino argumento de que “abre la puerta al fascismo”. La impunidad con que se mueven okupas y antisistemas es algo sumamente preocupante. Hasta el propio portavoz de Esquerra en el ayuntamiento barcelonés, Alfred Bosch, sufría un intento de allanamiento en su propio domicilio.
No es nada nuevo que las simpatías de Ada Colau y la CUP están mucho más del lado de los que subvierten la ley que de los que la preservan y velan por la ciudadanía. Así las cosas, los electores catalanes deberían reconsiderar si les ha merecido un voto de castigo que ahora se les vuelve en su contra. Es lo que tiene dar el poder a radicales y antisistema.