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TRIBUNA

Guinea Ecuatorial microcosmos de África (I)

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 28 de enero de 2017, 19:57h

Como me he comprometido a explicar un tema en un curso universitario sobre África, para elaborar una síntesis introductoria, me he servido de conocidas obras de investigación y divulgación. Puede ser útil mencionarlas.

En primer lugar, los estudios que Alicia Campos ha publicado sobre Guinea Ecuatorial, empezando por su conocido “De Colonia a Estado:Guinea Ecuatorial 1961-1968” (2002). Alicia Campos, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, donde fundó el Centro de estudios africanos, es un referente de calidad académica, con un claro compromiso con los Derechos Humanos de los africanos (Campos se encarga del curso en el que yo intervengo).

En segundo lugar, la “Historia del África Negra. De los orígenes a las independencias” (1979), de Joseph Ki Zerbo (1922-2006), un intelectual nacido en Burkina Faso (antiguo Alto Volta), que dirigió los volúmenes que la UNESCO dedicó a la Historia de África, y que por primera vez ese continente aparecía organizado en Estados, en vez del tópico (¡pretextos del colonialismo!) de un lugar “sin historia” (Hegel así lo definió), mera suma de tribus y de etnias incivilizadas. En tercer lugar, el libro de Ferran Iniesta: “Kuma. Historia del África negra” (1998), un profesor de la Universidad de Barcelona, con una importante permanencia en universidades africanas, cuya síntesis es a la vez científicamente rigurosa, y muy crítica con la mayoría de las ideologías que han propuesto soluciones contemporáneas a los grandes dilemas que África tenía que resolver.

Y finalmente, he leído un trabajo reciente del profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, José Luis Rodríguez Jiménez, titulado: “La independencia de Guinea Ecuatorial (octubre 1968) y el rápido deterioro de las relaciones entre España y la ex colonia (febrero-marzo 1969)”. José Luis Rodríguez es un historiador reconocido por sus estudios sobre actuaciones internacionales de la dictadura de Francisco Franco, como fueron la participación de la “División Azul” en la invasión de la URSS por los ejércitos hitlerianos, o el patético abandono del Sahara español, cuando el dictador no solo había perdido completamente el norte, sino el sentido común. El artículo del profesor Rodríguez posee la gran novedad de que aporta los testimonios de testigos de la independencia de Guinea Ecuatorial, como Rodolfo Martín Villa y Miguel Herrero de Miñón. Su investigación demuestra que Franco y el gobierno franquista tuvieron un cúmulo de desaciertos, debido a su incapacidad para dotarse de una estrategia acorde con la dinámica mundial de aquellos años. Debo constatar que el artículo del profesor Rodríguez Jiménez lo he conocido gracias a que un opositor guineano a Obiang me lo ha hecho saber.

Guinea Ecuatorial puede ser un microcosmos, un ejemplo esencial, de África. Se le puede aplicar lo que Ferran Iniesta define como “la sorpresa edafológica”: África es pobre en tierras cultivables. Excepto en áreas muy definidas -los suelos del Nilo, del Niger, los que van de la antigua Cartago a Libia, y recientemente los grandes cultivos en Sudáfrica-, las tierras africanas producen poco y se agotan productivamente pronto. Aunque no sea la única explicación, África se caracterizó, y se caracteriza en nuestros días, por su agricultura de pequeñas unidades productivas, familiares o comunitarias. Ha sido siempre difícil mecanizar y modernizar sus cultivos, aumentando así su rendimiento. En Guinea Ecuatorial es la norma, incluso en la isla de Bioko (la antigua Fernando Poo), en principio con mejores terrenos. El desastre que fue la dictadura sangrienta de Macías afectó negativamente a los cultivos del cacao, los más eficientes entonces. Nunca se recuperaron, y hoy en día son un vestigio de una modernidad pretérita. Y en cuanto a la agricultura familiar, el dinero fácil del petróleo de los últimos años (hoy se padece una recesión económica muy severa), incentivó las importaciones de todo tipo, con lo que los productos agrarios nacionales sucumbieron ante los foráneos, más baratos e incluso de mejor calidad. Lo que distingue a los países económicamente independientes, de los que no lo son, no ha sido la industrialización, sino disponer de una agricultura competitiva y capaz de comercializar sus excedentes. Australia no tiene mucha industria, pero es más próspera e igualitaria que muchos países africanos que planificaron una industrialización que sólo generó endeudamiento estatal. En Guinea Ecuatorial, como en gran parte de África, el proceso, según el cual el campesinado evolucionó históricamente en clase obrera urbana, no se produjo como en Europa, en América y en gran parte de Asia.

El problema del Estado en África sigue siendo objeto de intensas discusiones. Después de los estudios de Joseph Ki Zerbo y los de la UNESCO, sabemos que África tuvo Estados, con forma de monarquías e imperios, pero la mayoría de esos Estados, conocidos desde época homérica, y a través de fuentes históricas egipcias, griegas, púnicas y romanas, carecieron de escritura, y toda su comunicación y expresión fue oral o mediante signos artísticos.

Es como esas civilizaciones americanas que fueron capaces de prever fenómenos planetarios pero ignoraron la rueda. Los Estados africanos, al no poseer un idioma escrito, fue como si no hubiesen inventado la rueda. Veremos en otro artículo sus consecuencias. Ahora, para acabar éste, sólo plantearé el hecho de que los Estados que existieron en el África mediterránea y del Índico no fueron capaces de influenciar, mediante las técnicas de la escritura, a los pueblos al sur del Sahara y más allá de las fuentes del Nilo.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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