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TRIBUNA

¿Recidiva de Pedro Sánchez?

sábado 25 de febrero de 2017, 19:54h

Dice el tópico que “nunca segundas partes fueron buenas”. Sin embargo, siempre hay una segunda oportunidad, otro intento, un “trata y trata; vuelve a empezar y no lo dejes” incesante, tozudo, de pétrea resistencia, como de opositor que no ceja buscando su seguridad.

Pedro Sánchez, señor de monosílabos tautológicos, que utiliza como barricada infranqueable, es, en y por sí mismo, toda una segunda parte de la segunda parte.

Cuando la izquierda republicana perdió el poder en noviembre de 1933, Francisco Largo Caballero había tenido tiempo para colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera como miembro del Consejo Nacional y de haber sido Ministro de Trabajo durante el primer bienio de la República. Efectivamente, tenía un largo curriculum, con sus contradicciones. Pero, el revolcón electoral derivó hacia una espiral revolucionaria del personaje. ¿Se parece?

Largo, dentro del PSOE, despreciaba a Besteiro y a Fernando de los Ríos, que ostentaban la intelectualidad, la mesura del cambio, o la ración de cambio aprobada por la razón; y los largó. Hoy, al lado de Sánchez, lo más granado de la intelectualidad que tiene lo constituye Gabilondo, catedrático de Metafísica y Robles, la magistrada colega de Garzón (don Baltasar), todos ellos independientes.

Cuando Largo fue ministro, impuso el contrato de trabajo abarcando al sector agrario, jornadas de ocho horas, un salario mínimo (tres pesetas en el campo), seguro de accidentes y el pago de siete días de vacaciones. Hoy nos resultan ridículas estas determinaciones; pero en 1932, eran inviables en aquella economía, máxime si recordamos que Hacienda (Indalecio Prieto, también del PSOE) subió la contribución, según es costumbre de la izquierda. Resultado: un incremento pasmoso del paro, de la frustración y del hambre. Cuando se marchó Alfonso XIII a sus devaneos, el paro en España no llegaba a cuatrocientas mil personas; al estallar la guerra civil, superaba los ochocientos mil. Para enmarcar la cifra, hemos de recordar que la población rondaba los 25 millones y las mujeres (52%) todavía estaban fuera del mercado laboral.

Ahora, Sánchez se propone derogar la Reforma Laboral de Rajoy, para atajar las consecuencias sociales y laborales del conservadurismo. En diciembre pasado, le parecía inaceptable pensar en jornadas laborales de 35 horas semanales, porque encarecería la aportación del trabajo y reduciría la competitividad. Dos meses después, plantea que la jornada no supere las treinta horas. ¿Hay quien dé más?, ¿se llama esto populismo descarado e impúdico?, ¿o no se acuerda el Sr. Candidato Bis de lo que dijo hace dos meses, cuando sólo era un candidato simple?

El señor Sánchez se declara enemigo del neoliberalismo y quiere inaugurar el postcapitalismo. Esto es tan moderno como la encíclica Quadragésimo anno, que dice lo mismo. Pío XI hacía algunas sugerencias sobre cómo domesticar al capitalismo y al socialismo montaraces, que no deben ser del agrado del Sr. Candidato Bis, porque él pretende navegar sobre un sistema asambleario, plenipotenciario, que lo aúpe a la Secretaría General del PSOE y lo acompañe en la Jefatura del Gobierno, si llega.

En esto coincide con “las otras fuerzas progresistas de izquierda” actuales y antiguas. Ambas manipuladoras y falsas. Por ejemplo, Largo Caballero creó los Jurados Mixtos para promover la participación ciudadana; después, les dio armas de fuego a sus correligionarios. Hoy dijéramos que los empoderó; debe ser porque el verbo `apoderar´ suena a poco. Los Jurados dejaron de ser mixtos y se quedaron solos los empoderados. Que aquello produjo anarquía, nadie lo duda. O no, tal vez no fuera anarquía; porque Largo constituyó el Comité Revolucionario Nacional, de donde partían consignas e instrucciones para la lucha callejera, la ocupación de edificios públicos y fincas privadas, y la elaboración de listas de contrarrevolucionarios, que serían rehenes o eliminados (sic). Es decir, los empoderados con pistolas tenían directrices y las obedecían. No eran anarquistas, sino una milicia organizada.

El Sr. Candidato Bis también pretende empoderar a sus bases, otorgándoles la posibilidad de nombrar los candidatos y remover a los cargos públicos, si no cumplen el programa. Dado el antecedente suyo con Tomás Gómez, hay que ser ingenuo para creerlo.

Las bases de Sánchez han de aprobar el plan de gobierno, podrán tener iniciativas legislativas y valorar la rendición de cuentas anual que habrán de hacer los cargos públicos. Estas pretensiones me han llevado a recordar a Miguel de Unamuno que dice: muerto cuerdo don Quijote, toda esperanza de redención ésta supeditada a la locura de Sancho Panza. Quiero decir, que no habrá plan de gobierno si no hay Ínsulas Baratarias para todos y los cargos públicos durarán mientras complazcan al respetable. Ni Largo, caballero en su Rocinante de socialismo utópico, se atrevió a tanto.

El carácter plurinacional de España, otra avanzada de Sánchez, tampoco es novedad en nuestra historia. El Frente Popular de 1936 fue apoyado por el Front de Ezquerra Catalá (coalición de seis partidos, ERC entre ellos), el Front Valençiá, el PNV y el Partido Galleguista. Todos pretendían más autogobierno, luchando contra la derecha. Nada nuevo bajo el sol. Pero, llegó UCD, esto es: Suárez y Abril Martorell, y, en el título VIII, dio café para todos, sin tener que luchar. En consecuencia, ahora tenemos diecisiete estadillos y dos medios. Entonces, lo más avanzado era el Estatuto Catalán, cuyas atribuciones políticas estaban a años luz del actual, aunque tuvieran escamots; hoy, ya hemos llegado al cantonalismo de campanario, con servicio diplomático.

La Historia, cuando se ignora, se repite de forma inmisericorde.

Aun siendo entusiasta de la capacidad de autonomía de la persona humana, comprendo que no está el horno para estas gollerías de Sánchez. Rajoy diría: “queda mucho por hacer”. Y por empezar, añadiría yo, humildemente. Porque una sociedad ayuna de valores e iletrada es invertebrada; y sus integrantes, una masa social con teléfono en la mano, difícilmente, podrán gobernarse a sí mismos, con un régimen de democracia directa, sin instituciones intermedias integradas por profesionales competentes. Conviene saber qué terreno pisamos, cuál es la distancia para llegar al ideal y qué hacer para no arruinar la utopía por el camino. A no ser que alguien piense que la manipulación es tanto más fácil, cuanto menos leído y más desprotegido de ideas esté el pueblo soberano y más se prescinda de instituciones de profesionales, que pueden incordiar a la hora de poner en práctica las últimas ocurrencias. Las casas no se construyen desde el tejado.

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