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TRIBUNA

La segunda derivada

viernes 28 de abril de 2017, 20:08h
“Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.” René Descartes

Hay dos modos muy distintos de moverse por la vida y los resultados, como pueden imaginar, también son diferentes, dependiendo de cuál de ellos nos domine. La manera más habitual de funcionar es la que derivan de pensamientos y reacciones de primer orden, una forma más básica y común de operar que es totalmente distinta a las acciones que derivan de pensamientos de segundo nivel, o de la segunda derivada, como dirían los matemáticos. Si, por ejemplo,alguien nos tratase con agresividad, el pensamiento -y la reacción- de primer orden sería responder con esa misma agresividad; si nos quitaran algo, el primer nivel de pensamiento nos empujaría a luchar por recuperar lo enajenado y si nos hicieran la vida imposible o nos dejaran de amar, lo más probable sería combatir, odiar o responder con cualquier otro tipo de acción cargada de la misma energía recibida.

Si les ofrecieran un ascenso importante, ¿cuál creen que sería el pensamiento o la reacción inicial? Y si les regalaran una gran fortuna, ¿la aceptarían sin más, o creen que podrían llegar a pensar en rechazarla? A veces, el primer nivel de pensamiento se disfraza de sensatez, de sentido común o incluso de justicia, como cuando pensamos que es justo que dos amigos paguen siempre a medias a pesar de que uno tenga mucho más dinero que el otro. Cuántas personas han sufrido por defender la justicia, o de verdad creen que gana alguno de los dos padres que luchan por la custodia de su hijo. Puede que ganen la custodia (primer nivel de pensamiento), pero, al final, suelen perder todos ellos, hijo incluido (consecuencia de primer orden).

En general, el pensamiento de segundo orden es poco corriente y para llegar a desarrollarlo se requieren importantes dosis de experiencia y pragmatismo, además de una voluntad férrea para mantenerse al margen de las buenas opiniones y consejos ajenos. Es decir, si decidieran aplicar la segunda derivada y le dieran a su pareja toda la libertad del mundo porque tienen la certeza de que 1- así resultan más atractivos y 2- que ustedes también ganan la misma dosis de libertad, ya estarían jugando en el segundo nivel. Sin embargo, si creen que ser posesivo, celoso o controlador resulta ‘adorable’, reduce las posibilidades de que su pareja se enamore de otra persona o es bueno para el futuro de su relación, estarían caminando en tierras de primer nivel, aunque parezca lo más natural y socialmente aceptado. Sobreproteger y facilitar demasiado la vida de sus hijos, ¿les hace más o menos fuertes? Ya sé que no pueden evitarlo, pero, de nuevo, son pensamientos y acciones de primer orden.

Me fascina encontrarme o conocer a una persona que, para cautivarnos, habla muy poco de sí misma y que nos pregunta y escucha de verdad (ni qué decir tiene si la persona en cuestión es famosa o rica, ya que, entonces, no saldría de mi asombro). En pocos minutos se podría ver que esta persona se está moviendo en el segundo nivel, a no ser que su interés –aparentemente genuino- se resuelva, punto y seguido, con una petición claramente interesada. Entonces, el desconocido baja de inmediato al primer nivel como cualquier otro que no para de contarnos batallas o de encerarse sus propios zapatos. Qué típico es pensar que los humanos no nos damos cuenta cuando, por ejemplo, nos sueltan dos o tres preguntas tontas (supuestamente para despistar) para, acto seguido, pedirnos un favor. Somos un poco básicos, pero no tanto. ¿No sería mejor estrategia sembrar durante un tiempo y dejar que la otra persona, de forma natural, nos pregunte o se interese por nosotros? No es lo mismo contar algo sin ser preguntado que satisfacer la curiosidad del que está dispuesto a escucharnos, ¿no les parece? Primer y segundo nivel, dos maneras de jugar muy diferentes y, muchas veces, casi opuestas.

Conceptos como “dar sin esperar nada a cambio”, “poner la otra mejilla’, “dar y servir, para recibir” o el “amor incondicional”, expresan pensamientos de segundo orden que, lejos de ser dogmas religiosos, son formas de pensar y de actuar que casi siempre acaban en mejores puertos. Lo contrario, “sembrar, sólo para recoger”, por un interés con perfume material, principalmente, el “ojo por ojo”, acción cargada de resentimiento (y presunta justicia) que casi todo el mundo reconoce como una respuesta natural, o “el amor interesado”, es decir, amar única y exclusivamente cuando se es correspondido, todos ellos son pensamientos de primer orden que surgen de la primera derivada. Si de ancianos pudiéramos mirar la estela que ha dejado toda nuestra vida: ¿de verdad creen que volveríamos a ser igual de codiciosos, de egoístas, de obstinados, de caprichosos, de selectivos, de agresivos, de insensibles, de egocéntricos, de ambiciosos, de esclavos, de materialistas, de ciegos y de insensatos?

Probablemente casi nada -ni casi nadie- podrá convencernos de que pensar y actuar de otra forma es más beneficioso, pero estoy seguro de que, más tarde o más temprano, todos seremos capaces de diferenciar la sutileza que se esconde detrás del primer y el segundo nivel de pensamiento.

“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.”
Ingmar Bergman

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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