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TRIBUNA

¡Francia es envidiable!

lunes 08 de mayo de 2017, 19:20h

Macron ha ganado y yo he sentido envidia de Francia. ¿Dónde está en España nuestro Macron? Esta ingenua pregunta tiene una respuesta sencilla. Nunca tendremos aquí un personaje parecido a Macron. Es joven, alegre y, sobre todo, inteligente. Esas singularidades en España tienen difícil reconocimiento. Ni siquiera la juventud es considerada una cualidad. Aquí la gente gusta de jóvenes con colmillo retorcido. La alegría tampoco es celebrada si no es para hacer chistes groseros y zafíos. Y, ay, la inteligencia es para los españoles algo que convierten fácilmente en un vicio frívolo. Los tarugos triunfan y los investigadores emigran. Al tipo bestial se le ríe la gracia y al hombre razonador se le desprecia. Los modelos de la mayoría de los españoles son seres brutos, asilvestrados e ineducados. Basta ver los programas de televisión para saber qué valoran los españoles: triunfa lo zafío y rahez de los presentadores de la Sexta, la 5, la Cuarta, Antena 3 y las cadenas públicas.

No soportan nuestros paisanos al hombre razonable, preparado y culto. Envidiemos, pues, el amor de los franceses a la inteligencia. Intentemos elevarnos hasta el nivel de Francia. Imitemos la excelencia de una sociedad que reconoce los méritos de la inteligencia. ¿Cuándo dejarán los españoles de seguir odiando a los mejores? Me temo lo peor. Forma parte de nuestra tradición ensalzar al mediocre y cobarde, al que se esconde detrás del cargo, para no hacer nada. El problema es que ahora ese odio a los mejores se ha hecho más amplio y miserable. La democracia morbosa, o sea, someter la inteligencia, el razonamiento y las tareas de quienes más saben, a la decisión de la mayoría, es decir, la sacralización del número, aumenta el odio a los mejores.

Envidio a Francia, sí, porque ha votado mayoritariamente a Macron. Era el mejor. En España ese “mejor” no existe. Y sospecho que si existiera, lo matarían con displicencia. Las clases superiores españolas, especialmente la alta burguesía, despreció siempre la inteligencia. Creo que esa gente sigue igual o peor que a comienzos del siglo veinte. Ese grupo social siempre congenió muy bien con la morralla populachera para despreciar a los mejores. Ahora el viejo pueblo español, la gente sencilla, que respetaba al que más sabía, al más inteligente y virtuoso, se ha convertido en populacho por el poderío de la televisión y la mala “educación” que instrumentaliza el Gobierno de España en complicidad con todas las Autonomías.

En fin, no creo que surja fácilmente en España un Macron, entre otras razones, porque es falso que en España tengamos la juventud mejor preparada de nuestra historia. Esa mentira es propia de criminales de guante blanco. Aquí solo abundan falsos jóvenes y gente con una memoria senil, como la que refleja el tradicionalismo reaccionario de la ley de Memoria Histórica, para arruinar el presente y el futuro de un país que sigue despreciando la inteligencia, la alegría y la juventud.

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