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El voto con los pies

lunes 29 de mayo de 2017, 08:17h
Actualizado el: 29/05/2017 12:00h

Durante la crisis económica, miles de españoles han suplido la falta de oportunidades en España y las han buscado, y encontrado, en otros países. Esta emigración tiene todos los aspectos negativos del desarraigo, pero tiene también otros, muy positivos. Por un lado permiten que miles de españoles hayan seguido trabajando, y contribuyendo por tanto a contribuir con sus proyectos personales. Dan apoyo a la presencia de las empresas españolas en el extranjero. Y adquieren conocimientos que podrán contribuir a mejorar la productividad de nuestra economía si los traen de vuelta al país. Se mira la emigración como un fracaso. El fracaso es nuestro por no hacer lo suficiente para crear aquí las oportunidades laborales, pero es también el éxito de quienes han ganado el mundo como ámbito para sus planes.

Pero los desplazamientos de los españoles no sólo se han producido hacia afuera. También ha habido movimientos dentro de España. Según los datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística, recabados por la prensa en Madrid, entre 2008 y 2016, la comunidad creada a partir de la capital ha recibido en este tiempo 67.233 habitantes en términos netos. Baleares y el País Vasco, con más de 22.000 y más de 17.000 respectivamente, son las regiones que más han ganado después de Madrid. En el lado opuesto están Andalucía, que ha perdido casi 30.000 habitantes durante la crisis, y Castilla y León, con casi 50.000.

Para interpretar estos datos se necesita contar con varios factores, como la edad de la población, la importancia de los distintos sectores económicos, el peso de la población rural o de las grandes ciudades… Pero hay más. Ninguno de esos elementos parece explicar que mientras que Madrid acrecienta la población, Cataluña ha perdido más de 8.000 personas. No se puede descartar que haya contribuido el desinterés por la inversión en aquélla región por parte de grandes empresas, cuando no el abandono y el acomodo en otras partes de España, como por ejemplo Madrid. O, en términos más generales, la incertidumbre que ha creado el desafío soberanista. El voto con los pies, como lo llaman los economistas, no acompaña a los secesionistas.

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