Los dos cabezas de lista españoles ganaron sin dificultades.
Garbiñe Muguruza abrió la jornada de este viernes en Roland Garros defendiendo el título con solvencia. Es la cuarta favorita y ha ejercido como tal al vencer a Yulia Putintseva, cabeza de serie 27, por 7-5 y 6-2. Algo más de una hora y media se ha dilatado el dominio de una española que analizó el brete del siguiente modo: "Ha sido una lucha dura, he tratado de no perder la concentración ante una adversaria que el año pasado alcanzó los cuartos de final, he intentado estar todo el tiempo en el partido para poder ganar".
La caraqueña no tardó en intentar imponer su ritmo y clase para "poner presión a la rival para tratar de dominar". Y lo haría, completando un despliegue más consistente que el tipo de partidos que viene jugando en 2017. Rompería el saque de su oponente a las primeras de cambio, pero sufrió un bajón en la intensidad que le costó varios breaks. Sin embargo, toda vez que entró en partido, acumuló 14 puntos consecutivos para fijar el marcador en 5-3. Sólo con 5-4 y con saque para ganar volvería a flaquear, hecho que Putintseva aprovecharía para arrebatarle el saque.
Reaccionaría Garbiñe para cerrar el set recuperando la ventaja a través de la ruptura y la ventaja de su saque y pasaría, entonces, a concatenar cinco juegos. Con 3-0 a favor, el set definitivo se dispararía en su favor. Su gestión del servicio le valdría un triunfo que afianza su candidatura en el torneo. Un saque directo dio carpetazo a otro de los peldaños que Muguruza aspira dejar atrás para revalidar el entorchado que más felicidad le ha aportado. Kristina Mladenovic será su rival en octavos.
A esa fase accedió también, por la vía rápida, Rafael Nadal. El balear, que recibió con sorpresa el anuncio que realizó el presidente de la Federación Francesa de Tenis de erigirle una estatua, saltó a la pista en esta jornada para reforzar su favoritismo. No flaquearía en ningún momento su ejecución hasta el punto de dibujar una exhibición ante Nikoloz Basilashvili. El georgiano nada pudo oponer ante el vendaval que le vino encima y que quedó reflejado en el marcador: 6-0, 6-1 y 6-0. Su victoria más amplia en el torneo (ante Mónaco, en 2012, ganó 6-2, 6-0 y 6-0).
El manacorí, superior en cada ámbito de juego y con un ritmo y convicción finos, gobernó la pista para avisar a navegantes: su renacimiento en este curso se ha pautado para triunfar en París y lograr su décimo entorchado. Quiere hacer historia y la aproximación a las fases definitivas está resultando de rendimiento industrial y quirúrgico. En octavos de final se medirá a un Roberto Bautista que vuelve a esa fase después de haberse estrenado en esta altura en 2016. El castellonense ganó con sobriedad a Jiri Vesey por 6-3, 6-4 y 6-3 (2 horas y 3 minutos). Nunca ha llegado el español a los cuartos de final y en esta edición le ha tocado medirse a un coloso hambriento.
Además, Pablo Carreño prosigue su explosión: por primera vez aterriza en los octavos de la Copa de los Mosqueteros y de un Grand Slam. El asturiano, que venía de caer en la tercera ronda de los tres grandes precedentes, superó este viernes a la duodécima mejor raqueta del mundo, Grigor Dimitrov. Lo hizo por 7-5, 6-3 y 6-4 en 2 horas y 18 minutos. El búlgaro llegaría a ponerse 4-0 en el primer set, pero la respuesta del jugador español fue severa y rotunda. A través de su saque recortó distancias y tras superar la primera manga su camino se allanó considerablemente. Ahora se habrá de enfrentar a Milos Raonic. El canadiense se benfició de la retirada de Guillermo García López. El nacional se lesionó y abandonó la cancha con 6-1 y 1-0 en contra.
El día fue clausurado por Albert Ramos, cuartofinalista de la pasada edición, que venció en un maratón de 3 horas y 42 minutos al francés Lucas Pouille, 6-2, 3-6, 5-7, 6-2 y 6-1. El jugador levantino se medirá en la siguiente fase a Novak Djokovic, que este vienres necesitó de cinco sets (5-7, 6-3, 3-6, 6-1 y 6-1) para ganar a Diego Schwartzman. Nunca le ha ganado un set el español al serbio, pero el titubeante circular del balcánico hace que Ramos albergue esperanzas: "Nunca le he ganado un set, pero cada partido es diferente. Físicamente me encuentro bien, así que vamos a luchar a muerte". "Nunca sabes cómo saldrá. Es verdad que no está arrollando como antes, pero puede que pague yo los platos", sentenció.