No obstante, y a pesar de sus recientes aterrizajes en sendos Gobiernos, Macron y Trump no son nuevos en esto de verse y calibrarse: ya han estado frente a frente al menos tres veces, siempre en cumbres internacionales, la última de ellas hace solo unos días, durante la reunión del G-20 en Hamburgo (Alemania). Antes, a finales de mayo, un encuentro de la OTAN en Bruselas fue testigo de un saludo que no pasó desapercibido, y con razón: un sostenido apretón de manos acompañado de la mirada que, el propio Macron reconoció después, “no fue inocente”: “Era una forma de mostrar que no vamos a hacer pequeñas concesiones, aunque sean simbólicas”, se sinceró el francés en Le Journal du Dimanche.
No era, pues, un pulso entre ambos, sino la demostración de que Francia no se va a achantar ante el huracán Trump, que ha criticado en varias ocasiones la capital gala. “Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, afirmó el día que rompió el pacto mundial contra el cambio climático. Antes, y a cuenta de la amenaza terrorista, el magnate dijo en febrero que “París ya no es París”. Un tono arisco e inamistoso que convence en Estados Unidos pero que choca con la manera actual de entender la política, de la que Macron, otro recién llegado a la primera línea, ya es un abanderado.
“Make our planet great again” (“Hagamos nuestro planeta grande otra vez”), escribió el francés en Twitter horas después de que el estadounidense anunciara la salida de su país del Acuerdo de París para la lucha contra el cambio climático. Así pues, Trump barre para casa mientras Macron se echa el planeta a su espalda. Pero ambos saben que deben tratarse, que hay una agenda común, que hay cuestiones en las que deben hacer un esfuerzo por entenderse. Oriente Medio, Rusia o Siria son algunos de esos asuntos, sin olvidar, cómo no, el comercio, el medio ambiente o el terrorismo.
Pero antes del encuentro vespertino entre ambos, Trump habrá pasado la mañana en la Embajada estadounidense, donde se ha reunido con responsables militares. Después, llegará la esperada reunión, que tendrá Los Inválidos como escenario. Más tarde, ambos líderes se trasladarán al Palacio del Elíseo, donde les esperan algunos de sus colaboradores. Una rueda de prensa conjunta pondrá fin a la mesa de trabajo.
Cena en la Torre Eiffel y desfile militar por el Día de la Bastilla
Cuando sean las nueve de la noche en la Ciudad de las Luces, los dos matrimonios presidenciales cenarán en la Torre Eiffel, en el restaurante Le Jules Verne, situado en la segunda planta del pilar sur del símbolo de Francia por excelencia. Con París a sus pies, y demostrando una gran mano izquierda con un interlocutor siempre imprevisible, Macron aún se guardará un as en la manga.
No obstante, la fecha del viaje tampoco es casual: este viernes, Francia celebra su Día Nacional. Este año, además, bajo una efeméride destacada: se cumple un siglo de la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Razón de peso para que el 45º presidente norteamericano y su mujer participen como invitados de honor en el desfile militar que recorrerá los Campos Elíseos con ocasión del 14 de julio. La Historia se pone del lado de Macron, que quiere que Trump sea testigo en primera persona de la grandeza de una Francia dispuesta a recuperar todo su brillo internacional.