Pilar Garrido Santamans tiene 34 años y es valenciana. Vive en México desde hace tres años junto a su marido y su hijo. Como muchas familias por estas fechas, Pilar y los suyos deciden pasar unos días en la playa. El Golfo está "padrísimo" en esta época del año. Las vacaciones son geniales, la familia lo pasa en grande, pero toca volver a la rutina habitual. Así que emprenden el regreso a casa, Ciudad Victoria.
Normalmente, esta historia tendría un final feliz. Pero en México todo puede cambiar en un instante. En su viaje de vuelta, a través del estado de Tamaulipas, una de las regiones más violentas del país, algo se tuerce. La carretera está en obras, por lo que se desvían de su rumbo. Pilar y los suyos notan que un coche los sigue. Cuando quieren darse cuenta, el coche se pone a su altura, los sobrepasa y los intercepta. Lo único que puede ver la aterrorizada familia son varias armas que les apuntan.
Durante segundos que parecen años, los asaltantes intercambian unas palabras con la familia de Pilar: quieren el "carro". El marido, que conduce, asiente rápidamente, pero su instinto paternal le advierte de que su hijo se encuentra en el asiento trasero, algo que inmediatamente comunica a los ladrones, para que le dejen cogerlo antes de que se lleven el vehículo. Los acontecimientos se precipitan. Mientras el marido comienza a desabrochar el cinturón de su hijo, los criminales se abalanzan el asiento del copiloto y agarran a Pilar. La sacan a rastras, la meten a empujones en su auto, y desaparecen...
Han pasado quince días desde lo narrado y nadie ha vuelto a saber nada de Pilar. Quienes se han llevado a la valenciana no se han puesto en contacto con su familia, aunque ésta no pierde la fe. Su mejor baza es el secuestro y su única esperanza, pagar un rescate: "No hemos enviado dinero porque mi cuñado tiene una cantidad por si alguien llama" afirma Raquel Garrido, hermana de Pilar. Dicen que la policía mexicana ha desplegado un dispositivo de búsqueda "espectacular", aunque la zona, selvática y profunda, dificulta su actividad.
Al marido, que colabora desde el minuto uno con las autoridades le han recomendado que adopte un perfil bajo y no salga en los medios "por lo que le pudiera suceder". Sólo existen dos posibles desenlaces para esta historia. En ninguno de ellos Pilar volverá a ser la misma.
Muchos comienzan a establecer paralelismos con otros casos, como el de María Villar, sobrina del presidente de la Real Federación Española de Fútbol, que fue secuestrada en septiembre del pasado año, después de coger un taxi. A los pocos días de comenzar la negociación los secuestradores se cansaron. Su cuerpo apareció más tarde a kilómetros de donde se la habían llevado. Otros hablan sobre la guerra entre el Cártel del Golfo y los Zetas que tiene a la región sumida en el miedo y la parálisis desde hace más de siete años. Los hay que apuntan a las dramáticas cifras sobre la creciente e imparable criminalidad que resquebraja al país en una brecha sin fin: 100.000 secuestros al año, seis secuestros al día, 20.000 asesinatos anuales...
La familia de Pilar, sin embargo, se agarrará a todo lo que tenga y jamás perderá la fe, como ejemplifican las palabras de Raquel: "Si la tienen secuestrada, podrá adaptarse y, si puede hacer alguna señal de socorro, la hará. Si los secuestradores fueran inteligentes, la soltarían para no fastidiar su negocio".