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TRIBUNA

¡Vivir en la duda!

lunes 24 de julio de 2017, 20:26h

Me escribe un amigo, desde la provincia de Gerona. Allí pasa sus vacaciones desde hace más de veinte años. Considera que este lugar es el epicentro del separatismo canal. “Jamás antes”, recalca con tono indignado, “he visto tanta gente hablar exclusivamente catalán, nada del castellano - este es el fruto de la cesión de las competencias educativas a las comunidades autónomas. Aquí, en la Costa Brava, aparte del catalán, se oye hablar más ruso que español. Y qué decirte sobre los anuncios y rótulos - ninguno en español. Yo me acuerdo, cuando por primera vez visité Finlandia, me había asombrado que allí todos los anuncios, rótulos, indicaciones, señales de tráfico etc., todos estaban escritos en dos idiomas: el finlandés y el sueco. Me explicaron mis amigos finlandeses que esto era una demostración del respeto de Finlandia a una minoría (no sobrepasaba 300.000 ciudadanos) de los suecos étnicos que vivían en el territorio finlandés. Y aquí, en España, querido amigo, hay una región entera donde se ignora por completo la legua oficial del país. Claro, ´España es diferente`, es un eslogan que con tanto orgullo proclaman muchos españolitos que no conocen y no quieren aprender las buenas experiencias de otros pueblos, que, a veces, saben comportarse más civilizadamente que el nuestro.”

Mi amigo siguen contándome sus primeras impresiones nada más instalarse en la zona. Por ejemplo, escribe con la naturalidad del sabio: “Las banderas catalanas están por todas las partes: en las rotondas, en las entradas a cualquier pueblecito, en los balcones de las viviendas privadas, por supuesto en los ayuntamientos y los lugares administrativos, en los mástiles a las entradas de los restaurantes... En los restaurantes difícilmente consigues una carta en castellano, todas están en catalán, inglés, francés, ruso e, incluso, en chino. Hasta aquí hemos llegado con nuestra tolerancia de las diferencias que existen entre los pueblos de España.” Mi amigo sigue lamentándose sobre el fracaso de nuestro sistema político para obligar a esta gente a respetar lo que es común para todos - España, la casa común de todas estas familias diferentes: “Ya es demasiado tarde, cuando hay dos generaciones nacidas y educadas en el odio y desprecio a la casa común, es prácticamente imposible hablar con quien te niega.”

Le respondo que comparto su desazón, pero que quizá las últimas medidas adoptadas por el Ejecutivo consigan parar el acto de rebelión de l de O. Y que ojalá los grandes partidos políticos aprovechen la ocasión propiciada por los nacionalistas para empezar una nueva etapa democrática… Pero, en verdad, no acabo de creerme ninguno de los deseos políticos que le expreso a mi amigo. Creo que el sistema político falla por todas partes. La realidad es que el mesogobierno de Cataluña está en rebelión contra la legalidad constitucional y el Gobierno no hace nada para que se aplique Código Penal y se castigue a los rebeldes, o peor, la inacción del Gobierno, de acuerdo con ese mismo código, podría interpretarse como colaboración a la rebelión. Quien tiene la responsabilidad de atajar la rebelión, según las leyes, y no lo hace, se convierte en un rebelde.

Pero no nos engañemos con el Derecho. Éste vale para unas cosas, pero no para resolver los problemas de fondo. La institución del Derecho o la Justicia es frágil y limitada. Siempre es susceptible de ser interpretada de modos diferentes en función de los intereses más dispares. La legitimidad del Derecho está siempre amenazada. De momento, el Gobierno está tomando algunas medidas de carácter jurídico para detener el acto de rebeldía, que tendría su consumación el 1 O; pero la pregunta que todos nos hacemos es si serán o no suficientes para que rectifiquen los golpistas. Todo puede pasar, aunque lo más normal, según la lógica del Estado de Partidos, es que la cosa acabe en un sainete trágico-cómico, mientras todos los partidos políticos se preparan para unas elecciones autonómicas en otoño. Ojalá sea así, porque la incertidumbre, la perplejidad y la duda, que son los principales castigos que nos infligen los separatistas a los ciudadanos normales, empiezan a resquebrajarse. Y , ojo, tenga cuidado los separatistas, porque nadie acepta de buen grado vivir en la duda, es decir, el aguante también tiene límites… La comedia puede acabar en tragedia.

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