Diego Pablo Simeone nunca le había ganado al Barcelona en partido de Liga desde que asumió el banquillo colchonero. El culé era el único equipo al que el proyecto del Cholo no le pudo meter el colmillo en el campeonato doméstico español, ni siquiera cuando se proclamaron campeones en el Camp Nou. Por ello, el técnico argentino planteó un duelo similar al patrón seguido en las dos eliminaciones que los rojiblancos han efectuado a los catalanes en Liga de Campeones en el último lustro: salida fulgurante, presión asfixiante alternada con cierre intensivo y pericia a la contra. Y sobre ese guión se desarrollaría un primer tiempo exitoso para los del Wanda.
Los locales acumularon el talento y la velocidad de Griezmann, Carrasco y Correa en la línea ofensiva y situaron a Koke, Gabi y Saúl en una medular arquetípica. Savic regresaba al once para acompañar a Godín en la pugna con la dupla Messi-Suárez. Valverde, por su parte, introdujo a Iniesta para que su centro del campo alzara la calidad que portaban Busquets, Rakitic y Andre Gomes. La posesión iba a ser propiedad del líder, pero sólo a partir del primer tanto del envite. Porque los madrileños arrasaron en el primer cuarto del enfrentamiento, con valentía posicional y ardor en la ejecución. Su energético rendimiento se comió a un Barça menos metido en dinámica y Ter Stegen hubo de aplacar a la delantera del Metropolitano.
La idea del Txingurri era anestesiar a los colchoneros por medio de la posesión, pero en el primer cuarto de hora quedaron ahogados y su plan deshecho. Volaban los obreros rojiblancos y cada robo era una ruta fulgurante hacia el meta alemán. Sólo un chispazo de Messi, en el primer minuto, salió del compás pensado por Simeone. Iniesta chutaría a las manos de Oblak de inmediato, pero instantes después sería retrato de lo venidero: perdió la pelota y favoreció una transición que Girezmann tradujo en chut al poste vía Stegen -minuto 8-. El francés volvería a percutir en otra combinación vertiginosa que castigaba al equilibrio visitante.
Ya con el ritmo desaforado, perteneciendo al plan físico atlético, los azulgrana empezaron a imponer su monólogo con el cuero. Pero en lo que se asomaba como un punto de inflexión, cuando se jugaba en la cancha local, se atravesó la enésima asociación entre los mediapuntas Carrasco, Correa y Griezmann, a la espalda de Busquets. En esta ocasión, en el minuto 20, Saúl se incorporó para recibir en la frontal, fintar y cruzar su derechazo a la cepa del poste. El latigazo del mediocentro llegador inauguró el marcador y recogió el fruto anhelado por el depsliegue de los capitalinos.
A partir de esa circunstancia el sistema en ventaja achicó y cedió metros. Se abandonó al modelo integrista de cierre y salida, tratando de aguantar, primer, y desesperar, después, a un Barcelona que arrastra una prolongada falta de fluidez combinativa coral, a pesar de sus estadísticas impolutas en Liga. Sólo Iniesta se destaparía como el elemento desestabilizador en cuanto a verticalidad, con Messi y Suárez que sólo entraban en dinámica si bajaban a recibir y dejaban vacante la delantera. El manchego chutaría, con ddesatino, y trató de conectar en la frontal con sus compañeros. Pero no hubo coherencia.
Finalmente, el intermedio se decretó con comodidad de un Atlético satisfecho y la impresión de un acelerón por venir en la revoluciones y la velocidad del pase del Barcelona. Porque su circulación era inocua a la sobrepoblación de piezas madrileña. La horizontalidad era la frontera de la pelota azulgrana, con Alba y Semedo incorporados al ataque de forma permanente aunque intrascendente. Luis Suárez perdonó en una acción a balón parado el empate y eso fue todo antes de entrar en vestuarios. Valverde necesitaba subir la temperatura o mover fichas para que su dominio llegara a buen puerto. También la carta del cansancio tras dos fechas FIFA jugaba en favor blaugrana.
Un lanzamiento de Carrasco que detuvo Stegen alzó el telón del segundo acto, pero el esquema de Simeone ya no presionaba -como en el arranque del combate-, sino que se ordenaba en cancha propia. El desafío proseguía: balón, iniciativa e impaciencia para los culés. Y el contragolpe, de nuevo, para un Atlético que en el minuto 50 avisó del riesgo de no mantener la concdentración táctica al Barça. El centro de Koke desde el pico del área y la volea angulada que encañonó fuera Griezmann remarcó este último punto en el 53. Pero el avance de líneas en busca de la sentencia también amenazaba a los locales, y una transición con remate de Suárez -y despeje de Oblak- y otra que acabó en falta lanzada por Messi a la madera -minuto 58- subrayó el envés de la idea rojibanca.
Los dos preparadores efectuaron sus movimientos en este punto, antes del declive de la energía. Correa, de más a menos y muy cansado, dejó su lugar a Gaitán e Iniesta y Semedo hicieron lo propio por Deulofeu y Sergi Roberto. Sufría, a falta de media hora, el conjunto local para salir de la cueva y del esfuerzo sin exponerse. El fuelle daba síntomas de fallar. Pero Valverde eligió sacar al manchego, su único faro en la creación de juego para ahondar en su propuesta por la multiplicación del ritmo que le entregó, de forma definitiva, el mando. Y en el 65 Messi remató una circulación más puntiaguda barcelonesa a las manos de Oblak. Los huecos en el achique fundamentalista madrileño empezaban a desnudarse a 20 minutos para la conclusión.
Messi rozaría el empate en el 71, tras una combinación a la contra con Rakitic. Su zurdazo, desde la frontal y con dos zagueros en su sombra se escoró demasiado en la primera llegada clara del asedio final. El gobierno culé, que necesitaba a La Pulga para traducirse en peligro, había conducido a los colchoneros a la épica defensiva. Por ello, el Cholo sustituyó a un Carrasco fundido por los pulmones de Thomas -minuto 75-. El técnico que llegó a dos finales de Champions emprendió una tratativa por soldar el maltrecho estado anatómico de su apurado equipo. Las cartas quedaron boca arriba y en el minuto 80 Paulinho entró por Rakitic. La ausencia de talento en la medular obligó al técnico vasco a buscar centros al área, de ahí la entrada del llegador carioca.
En el 82 Deulofeu conectó con Suárez, que se coló en una grieta para controlar y lanzar a portería. Oblak detuvo la segunda pelota rematable que recibió el uruguayo pero nada pudo hacer con la tercera. En la siguiente jugada Sergi Roberto centró desde la derecha, Paulinho aglutinó a los defensas y el 9 de la celeste empató el partido desde el segundo poste -minuto 82-. El Barça salió a tiempo de la densidad con pelota que había sufrido gracias a una solución no tan reconocible -los centros al área- y, con 1-1, el Atlético recuperaría la pelota y el líder el contragolpe. Así, se bajaría el telón en una suerte de ida y vuelta en la que Luis Suárez tuvo otros dos remates propicios.
Messi tendría una falta en la frontal, en la última jugada, para decidir el duelo. Griezmann había cometido un error grosero en esa zona y derribó al argentino. Sin embargo, Oblak detendría el lanzamiento -minuto 93- y el Atlético llegó a la orilla. Le jugó una mala pasada el físico a los colchoneros pero alcanzaron a no perder. Llegaron a manejarse con placidez ante un nuevo capítulo del apagón de lucidez combinativa catalana pero durante la última media hora sollozaron por no desfallecer. Gran esfuerzo para la inauguración de esta rivalidad en el nuevo estadio colchonero.
- Ficha técnica:
1 - Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Savic, Godín, Filipe; Koke, Gabi (Fernando Torres, m. 81), Saúl, Carrasco (Thomas, m. 72); Griezmann y Correa (Gaitán, m. 58).
1 - Barcelona: Ter Stegen; Semedo (Sergi Roberto, m. 60), Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Andre Gomes, Busquets, Rakitic (Paulinho, m. 78), Iniesta (Deulofeu, m. 60); Messi y Luis Suárez.
Goles: 1-0, m. 20: Saúl, de tiro ajustado desde el borde del área. 1-1, m. 81: Luis Suárez cabecea un centro de Sergi Roberto.
Árbitro: Mateu Lahoz (C. Valenciano). Amonestó a los locales Gabi (m. 13), Saúl (m. 90) y Griezmann (m. 91) y a los visitantes Umtiti (m. 33) y Rakitic (m. 45).
Incidencias: partido correspondiente a la octava jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante unos 67.000 espectadores.