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TRIBUNA

La tauromaquia y la libertad

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 28 de enero de 2018, 19:15h

La cuestión de la tauromaquia, en España, ya no trata sólo de los toros. El toreo a pie y a caballo aún goza de buena salud para los ataques que ha sufrido. A pesar de toda la propaganda antitaurina, son -somos- millones los aficionados que seguimos la actualidad de la Fiesta. Si, en lugar de demonizarla, se la promocionase como el bien cultural que es, tendría un futuro aún mejor que el que cabe augurarle. No se trata, pues, de un problema de los ganaderos, los toreros, los empresarios y los taurinos.

Se trata, más bien, de la libertad frente a la ideología.

En Madrid, la alcaldesa Manuela Carmena ha decidido cerrar la Venta de Batán, donde antaño funcionó la Escuela de Tauromaquia que hoy sigue viva en Las Ventas. De nada han servido los intentos de hacer viable este lugar de entrenamiento para jóvenes que desean entrenarse en el arte de Cúchares. Como denunciaba en una carta abierta Vitorino Martín, ganadero y presidente de la Fundación del Toro de Lidia, “es un error pensar que esto es una victoria de nadie. Esto es una derrota para todos los madrileños, una derrota de la libertad, una derrota de la cultura en todas sus diferentes expresiones, las compartas o no, te gusten o no”.

De esto se trata en el fondo. Los ataques a la tauromaquia -y esta privación de un lugar de entrenamiento diario lo es sin duda- no deberían preocupar sólo a los taurinos, sino a todos los ciudadanos. Quizá algunos crean que esto sólo afectará a los aficionados y los profesionales del mundo del toro, pero se equivocan. En España, se está implantando un modelo de políticas moralistas que, con los más diversos pretextos, pretenden asfixiar la libertad de quienes piensan distinto.

Admitámoslo. La tauromaquia es mucho más antigua que la modernidad. Sus valores -el coraje, el arte, el sacrificio, el riesgo de la propia vida, la inteligencia, el respeto, el honor- pueden resultar ajenos a muchos. Parecen de otro tiempo porque, en efecto, lo son. Bueno, en realidad, son de todos los tiempos, pero para este caso da lo mismo. Vivimos una época prometeica que cree haberlo descubierto todo ayer. Así, “eterno” y “antiguo” son hoy por hoy términos igualmente detestables. Uno y otro se oponen a lo “actual” y lo “moderno”, que son las mayores virtudes en un mundo de fugacidades.

De este modo, algunos creen que la tauromaquia debe desaparecer porque pertenece a otra época. Otros pensamos, por el contrario, que por eso mismo debe preservarse. Por otra parte, es falso que la Fiesta no haya cambiado, pero tampoco eso importa ahora. No se trata de los toros, sino de la falta de libertad que se está extendiendo a medida que avanzan los falsos moralistas y los prohibicionistas verdaderos.

Así, esta decisión de cerrar El Batán nos debe mover a las mayores preocupaciones. Sienta un precedente peligrosísimo para cualquier ciudadano: una actividad puede ser asfixiada hasta desaparecer, no porque sea ilegal -la tauromaquia es Patrimonio Histórico Cultural de España- sino porque a quien gobierna la ciudad de Madrid no le gustan los toros.

La ciudad de Madrid, pues, ha traicionado a los taurinos y a sí misma. Ha olvidado su tradición de libertad y diversidad para ser un poco más gris y mucho más triste. Ha dejado de ser el “corazón de España” que “late con pulsos de fiebre” cantado por Alberti -un gran taurino, por cierto- para ser un lugar donde la libertad ha sufrido un retroceso. Sabina, otro gran aficionado, ha escrito que esta ciudad es “donde se juntan los caminos”. Por desgracia, para los taurinos, el de la Venta del Batán ha quedado cerrado por ahora.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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