Desde hace unos meses sabíamos que la dictadura de Chávez-Maduro iba a gozar de buena salud gracias al apoyo internacional de personajes como Zapatero, el Papa Francisco, el presidente Putin y otros. Hace días José Luis Rodríguez Zapatero envió una carta a la oposición venezolana culpándola del fracaso de su negociación con el dictador. Que el mediador culpe a una de las partes es terrible, pero que culpe a una oposición oprimida por el gobierno omnipotente es de ser un canalla. Maduro negó la equidad en los medios de comunicación públicos, las inhabilitaciones políticas a los opositores, la liberación de presos políticos. Lo único que aceptaban es la creación de la Comisión de la Verdad y la observación de la ONU, lo que ya habla mucho del prestigio de las instituciones internacionales.
Otra relevante noticia es la visita a Venezuela de Anna Gabriel, imputada por el juez Llaneras por la proclamación de la independencia de Cataluña, sin prometer su regreso. Lo cierto es que esta dirigente de la extrema izquierda se empleará en defender la candidatura de Nicolás Maduro durante la campaña electoral. La noticia no está comprobada; sin embargo, el hecho per se merece toda nuestra atención, porque es una realidad los vínculos de los partidos políticos españoles con la dictadura venezolana. Algunos de ellos está unidos, como es el caso de Podemos, no solo a la tiranía de Maduro sino a la de Irán y a otras cuantas… No debe de sorprendernos que la antigua diputada citada por el Tribunal Supremo huya cobardemente de España, ya que lo mismo hizo Puigdemont. Todo esto debe ponernos en alerta y hacer recordar que la cúpula del tercer (ahora cuarto) partido, Podemos, recibía o sigue recibiendo la financiación del régimen chavista. Monedero, Iglesias, Errejón, Bescansa y otros muchos viajaron al país hispanoamericano. Asesoramientos y pagos ocultos sobran en la relación de Podemos y Maduro, quien ahora es la cabeza visible del iceberg del estado dictatorial basado en el crimen organizado. No olvidemos que estamos ante un Estado un Narco-Estado, en realidad, es el único Narco-Estado en el mundo.
A pesar de estos indicios preocupantes que revelan la existencia de poderes políticos contrarios a la democracia en España, la mayoría de los medios de comunicación y de la población en general no se ocupa ni se preocupa por la tragedia que vive Venezuela. Da igual que el barrio de Salamanca sea ya conocido como la “pequeña Venezuela”, da igual que más de cuatro millones de venezolanos vivan en el diáspora, etcétera. Políticos, como Zapatero o Iglesias, o periodistas, como Évole que entrevisto al criminal Maduro para la Sexta, son no sólo legitimadores del Narco-Estado de Maduro, sino un peligro real para la democracia española.